Viñeta Eneko – @EnekoHumor

Artículo de Caracola – @carolacaracola5

Me gusta la expresión “Porque fueron, somos. Porque somos, serán”. Me gusta porque indica una dirección de avance, de agradecer las luchas y los logros anteriores y tomar el relevo en beneficio de las próximas generaciones; porque es luchar para nosotras pero también para ellas.

Me gusta porque indica una sucesión encadenada de avances, de logros sobre las desigualdades de género, de discriminaciones superadas.  Así debería ser pero no nos engañemos, esa línea de progresión de avances en igualdad ni ha sido históricamente una línea continua, ni el contexto ha impedido las vueltas atrás con consiguiente pérdida de logros de las generaciones anteriores de mujeres.

El franquismo supuso una grave regresión de derechos y libertades respecto al anterior estado republicano que Franco derrocó con un golpe de Estado de corte fascista. Una regresión generalizada en la que hasta se perdió el derecho a la vida a través de la instauración de la pena de muerte. Toda la población sufrió esa represión y esa regresión, pero puesto que la II República supuso una época de grandes y rápidos avances en materia de igualdad, las mujeres sufrieron especialmente la regresión que el franquismo supuso con la pérdida de los derechos que por primera vez habían logrado en la historia de este país.

El derecho al voto, la igualdad de derechos de ambos cónyuges dentro del matrimonio, la primera ley del divorcio y la primera ley del aborto; la igualdad de derechos laborales para trabajadoras y trabajadores; la igualdad de derechos para hijos habidos dentro o fuera de un matrimonio (madres solteras) son algunos de los derechos que el desarrollo del valor republicano de la igualdad para todos, concedió a las mujeres de su tiempo.

Luego llegó el franquismo y con él la vuelta atrás, la pérdida de los derechos, de los logros conseguidos en materia de igualdad y, aplicando el supremacismo masculino y patriarcal que caracteriza al fascismo, la reducción de la mujer a un ser dependiente, tutelado por el hombre y carente de derecho individuales.

También me gusta mucho la frase “El pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla”, porque nos obliga a revisar la historia, a aprender de la experiencia de las generaciones anteriores.  Nos sirve como una advertencia que nos llega del pasado. En este caso concreto, podríamos interpretarla como las voces de aquellas luchadoras feministas de la II República que nos están recordando qué pasó en nuestro pasado para que tratemos de evitar que se repita y sufrir las consecuencias de esa repetición.

Las mujeres de este país tenemos mucho por lo que luchar. La igualdad es la meta de un largo camino de lucha que tenemos que recorrer juntas. Sin duda, el problema más grave es la violencia de género, la violencia machista dentro y fuera de la pareja o expareja porque para luchar y disfrutar de nuestros derechos es evidente que lo primero es estar vivas.

Quienes a la violencia machista le llaman “violencia doméstica”, están reduciendo al ámbito privado de la persona un problema que es social, que es estructural de la sociedad en la que nos relacionamos hombres y mujeres. Porque además, muchas de las manifestaciones de la violencia machista no se producen necesariamente en el domicilio y otras nunca: las violaciones, los tocamientos, la violencia verbal, la discriminación laboral y salarial… no están asociadas necesariamente al domicilio ni al ámbito de la pareja.  La violencia machista es un problema social y transversal a todos los ámbitos.

Quienes quieren reducir o eliminar las ayudas a las víctimas de la violencia machista, y hablan despectivamente de “chiringuitos de género”, están frivolizando con algo tan serio como la vida de las mujeres que sufren violencia por ser mujeres.

Quienes reiterada e intencionadamente califican de “feminazis” a las feministas que luchan por la igualdad, están cometiendo la aberración de equiparar la igualdad de género con el nazismo. El feminismo no impone nada, quiere la igualdad para todos los miembros de una sociedad, independientemente del sexo de sus miembros y su única lucha es contra los factores de desigualdad y discriminación.

El feminismo no es lo contrario al machismo. No es la oposición entre hombres y mujeres. No es enfrentamiento. Al contrario, el feminismo busca la armonía en donde hay desequilibrio. Es tan sencillo como que el machismo es desigualdad y discriminación y el feminismo es igualdad y equidad.

La vanalización de la violencia machista, la eliminación de ayudas a las víctimas, la desacreditación del movimiento feminista son tres básicos indicios que nos pueden servir como aviso, como punta del iceberg del concepto de sociedad patriarcal y del supremacismo machista de la ultraderecha. Hasta ahora solo “han asomado la patita”.

Por esto, las mujeres de este país, además de participar este 8 de Marzo de 2019 en la que estoy segura que va a ser una rotunda reivindicación por la igualdad, tenemos un doble reto ante las elecciones del próximo 28 de abril; por un lado, ser parte de la necesaria movilización de la izquierda y por otro, la lucha no solo por evitar la regresión en materia de género sino por darnos el derecho en seguir avanzando en el camino de la reivindicación de la plena igualdad.

Hermanas, nos vemos en las calles.

 

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