Viñeta Eneko – @EnekoHumor

Artículo de Caracola – @carolacaracola5

 

Cuando un demócrata siente en su nuca el aliento de la ultraderecha tiene que pararse a hacer una reflexión y tomar medidas para salvaguardar la democracia. Hay que ponerse serios y ser muy consciente de que la ultraderecha es una ideología incompatible con un estado de derecho en el que derechos y libertades tienen que ser las reglas del juego que no se pueden mover del tablero.

Sí, hay que ponerse serios y preguntarse cómo hemos llegado hasta aquí, para corregir errores, si no queremos encontrarnos en pocos meses con otra noche electoral tras unas elecciones generales que tengan consecuencias mucho más serias. Como ciudadanas y ciudadanos demócratas, ¿qué hemos hecho mal? No solo la clase política tiene que revisar su actuación.

Sin duda, el error más grave ha sido la pasividad y la tolerancia. Hemos aguantado muy callados situaciones que claramente amenazaban e eran incompatibles con un estado de derecho. Les hemos dejado hacer. Les hemos dejado que tomasen ventaja: corrupción, ataques a la división de poderes, a la libertad de expresión… en general, degradación de la calidad democrática desde el propio Estado. Esto no es un problema de un determinado partido ultra que acaba de aparecer.

Hemos visto impasibles como se sucedían elementales ataques a derechos fundamentales dejando que se dieran por buenas situaciones inaceptables e incompatibles con un estado democrático. No ─y lo vuelvo a decir por enésima vez a riesgo de ser muy pesada─, no es normal la tolerancia con el fascismo que hemos tenido y más cuando vivíamos paralelamente una sucesión de recortes a la libertad de expresión. Hace mucho tiempo que el fascismo convive con nosotros, la novedad ahora es que ha entrado en una institución y amenaza con seguir extenderse a otras.

Me explico: no hay equilibrio democrático cuando se toleran actitudes fascistas, un 20N por ejemplo, pero paralelamente se imputan raperos, actores, cómicos por supuestos y delirantes delitos que atentan elementales derechos fundamentales. Unos paseando la bandera del pollo brazo en alto pero otros no se pueden cagar en dios en un estado aconfesional… ¿Me explico, no? Hemos visto con normalidad lo que no es normal.

La democracia y con ella nuestros derechos y libertades son nuestros y es a nosotras y a nosotros a quienes nos toca defenderlos. No podemos dejar que sea el gobierno de turno quien defienda el estado de derecho ─que es lo que estamos haciendo─, porque en muchos casos es dejar al lobo cuidando de las gallinas, de nuestras gallinas.

Vamos a tener que ser nosotras y nosotros los que de una manera u otra, nos arremanguemos. En este país hubo un hermoso 8M en el que un sector de la población, las mujeres, hablamos. Hubo y está habiendo luchas de pensionistas, de distintas mareas como las sanitarias o las de enseñanza. Ahora, sería necesario vincular las luchas, crear vasos comunicantes que nos uniesen en defensa de la democracia y de los Derechos Humanos frente a quienes pueden llegar para menoscabar el estado de derecho y me da igual si se llaman Vox, Cs o PP, porque en muchos aspectos, por ejemplo en políticas migratorias o de género, no se diferencian mucho.

El papel de los medios de comunicación

Hay otro aspecto que juega un papel importante para responder a cómo hemos llegado hasta aquí: los medios de comunicación… No tenemos medios de comunicación, tenemos medios de manipulación al servicio de intereses conservadores que con insistencia inoculan sin pudor la idea de que cualquier opción de izquierdas es mala.

Un ejemplo. En la comunidad autónoma en la que vivo, cualquier intento de lanzar un medio de comunicación independiente ha fracasado porque se veía privado de subvenciones públicas. Es decir, a través de la distribución de subvenciones, el gobierno autonómico decide qué medio subsiste y cuál no, lo que irremediablemente nos lleva a la conclusión de que es el poder político el que dirige qué información conviene que le llegue a la ciudadanía que en algún momento será un votante elector. Esto no puede ser. Ni los medios de comunicación deben depender de las subvenciones públicas ni ningún gobierno debe usar el dinero público para controlar la información. Un círculo vicioso tóxico.

Los analistas señalan a la manipulación informativa como uno de los factores que llevaron a Jair Bolsonaro a la Presidencia de Brasil. Sin duda los medios juegan un papel muy determinante en estos procesos y tengo la sensación de que no somos conscientes de esta importancia.

En un país en el que “las reinas y los reyes de la mañana”, en vez de ejercer tareas informativas, vierten desde sus televisiones el argumentario de los poderes fácticos conservadores que tanto dirigen la “información” como las sentencias del Supremo, hay que ser muy conscientes de la toxicidad para activar “contramedidas” y no sé yo hasta qué punto este país es lo suficientemente consciente de esa toxicidad.

En los últimos meses, hemos padecido la insistente presencia de personajes franquistas en programas de televisión de cualquier franja horaria en los que han gozado de total libertad para lanzar su mensaje ultra. Un mensaje del que el menor de los problemas es la falta de rigor histórico. ¿Cuántas veces hemos oído que “Franco no mató a nadie” en un país que tiene aun las cunetas llenas de cadáveres? ¿Acaso no conocemos los paseos, los fusilamientos y las matanzas que sufrió este país? Quienes desde las televisiones están contribuyendo a blanquear el franquismo están incurriendo en la grave indignidad de abrirle la puerta de las instituciones democráticas al fascismo.

Pero además, la libertad con la que hablan estos personajes franquistas convive y contrasta con recortes de libertad de expresión que asombran. Los recurrentes ataques al equipo que realiza El Intermedio es un ejemplo, solo uno. Mordaza para unos, prime time para otros. Este desequilibrio deja consecuencias y evidencia que algo no huele bien en esta precaria democracia desde hace tiempo.

Andalucía como aviso

Tras una jornada electoral en Andalucía nos encontramos con el resultado de un recuento que nos ha dejado sacudidos a muchos. Desagradable sorpresa. Lo primero que me sorprende es precisamente la sorpresa… Los sondeos dejaban entrever que Vox “podía entrar” en el Parlamento andaluz. Entre poder entrar y obtener 12 diputados hay un enorme abismo por el que se despeñó el rigor estadístico de los sondeos de opinión. ¿Casualidad o causalidad? Ahí lo dejo.

Los resultados del recuento electoral de las autonómicas andaluzas me traen nuevamente a la memoria una entrevista del periodista Juan Miguel Baquero al catedrático de Historia de la Universidad de Sevilla Leandro Álvarez Rey que se publicó en ElDiario.es en febrero de 2018. De ella destaco este párrafo.

“¿Cuántos desaparecidos provocó la dictadura de Pinochet? ¿Y la de Videla? “Mira que ha dado ríos de tinta”, apura el catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Sevilla, Leandro Álvarez Rey, que cita: “pues fueron unos 3.000 en Chile y unos 30.000 en Argentina”. Y en Andalucía, enlaza, “en los primeros meses de la guerra civil, el número de asesinatos políticos fue el doble que en 17 años de una dictadura como la argentina y de 20 veces más que en los casi 20 años de la chilena”.”

Ojalá el granaíno Lorca o el malagueño Picasso pudiesen expresar lo hiriente que es enfrentar estas cifras de asesinatos políticos con los cerca de 400.000 votos que los fascistas han recibido en Andalucía, esos que nos quieren devolver a lo que el poeta gallego, Celso Emilio Ferreiro denominó “a longa noite de pedra”.

En las elecciones andaluzas hay un factor determinante que, por lo menos a mí me ha pillado por sorpresa: la abstención. Y es para pararse a pensar y sobre todo, tomar nota. La abstención es la cara visible del desencanto, como que un pueblo empobrecido vote a la ultraderecha también lo es. Demasiados problemas enquistados que desgastan porque no se les ponen remedio. Demasiados frentes abiertos que agotan y desencantan. Y ese agotamiento y ese desgaste de la población que no ve soluciones a problemas que ya son viejos (problemas que tanto pueden ser el atroz desempleo que desde hace años cercena a Andalucía, como el conflicto catalán que de una manera u otra, a todos nos afecta) hablan de gobiernos incapaces de crear soluciones, de gobiernos que van dejando que las cosas sucedan para no mojarse.

Andalucía tiene un problema cronificado: un paro atroz de los más altos de Europa que genera pobreza y desigualdad. Una situación que afecta seriamente al día a día de la gente de la calle y que ve como pasan los años y las legislaturas y nadie es capaz de poner soluciones. Un país no se puede mantener del trabajo estacional del sector servicios que generan el turismo y la agricultura. Es evidente que la ultraderecha no va a ser la solución, no ir a votar tampoco pero no podemos culpar a los andaluces y a las andaluzas de estar desencantados porque es para estarlo.

Estamos en puertas de más procesos electorales. En estos momentos somos como el estudiante que ha suspendido los primeros exámenes parciales y que en unos meses tendrá que enfrentarse a los finales. Estamos a tiempo de salvar el curso si somos capaces de reaccionar porque los resultados actuales no son prometedores… y lo peor que nos puede pasar es que nos pillen por sorpresa. La primera corrección es tener presente que la abstención no es una opción. Hay que ir a votar y no hacerlo es una grave irresponsabilidad.

No quiero terminar sin recordar el ejemplar compromiso feminista de las mujeres de este país. Tenemos que refrendarlo y estar muy alerta. Los rancios herederos de aquel franquismo que convirtió a las mujeres en seres tutelados por un marido; los discípulos del asesino Queipo de Llano que en sus alocuciones radiofónicas animaba a sus hombres a violar a “las rojas para que sepan lo que es un hombre”, pueden llegar a sentarse en los escaños del poder legislativo y amenazan con eliminar las “leyes de género”, igual que el franquismo acabó con los logros en igualdad que las mujeres consiguieron en la II República. Ojo con esto.

Ahí lo dejo.

 

Ver más

Consejería de Justicia e Interior de la Junta de Andalucía: Elecciones al Parlamento de Andalucía 2918. Resultados provisionales. 

El Español: Las seis condiciones de Abascal para que Vox apoye al PP en Andalucía 03-12-2018

Público.es: Telemadrid pide a sus periodistas no usar el término ‘ultraderecha’ para referirse a Vox  04-12-2018

Eldiario.es: Leandro Álvarez Rey: “La represión fue de tal magnitud en Andalucía que el peso de la Memoria está muy arraigado”  02/04/2018

Público.es: Los votantes de Vox explican su voto… sin éxito: “Mi perro tiene más argumentos” –   04-12-2018

El País: La abstención fue la más alta desde 1990 con un 41,3% y en Sevilla registró su mayor alza  04-12-2018

 

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