Viñeta Eneko – @EnekoHumor

Artículo de Caracola – @carolacaracola5

Otra vez Cataluña vuelve a la primera línea de la actualidad a raíz de la prisión decretada por el juez Llarena de los líderes del Procés.

Vaya por delante que no soy independendista, que lamentaría que Catalunya se separase pero lo que sí soy es profundamente demócrata.

Desde el principio he pensado que si un pueblo tiene una demanda hay que escucharlo, hay que sentarse y hay que dialogar para buscar soluciones; la respuesta no puede ser simplemente el portazo y la represión. De haber escuchado y dialogado desde el principio, se hubiesen podido acercar posturas y posiblemente ni hubiese hecho falta llegar a una demanda de independencia, pero esto ahora ya es política ficción.

Si a la demanda de independencia se hubiese respondido con la organización de un referéndum pactado, esta consulta habría generado además un dato muy valioso: ¿Qué porcentaje exactamente del pueblo catalán quiere la independencia? Un dato imprescindible que nadie tiene y que ahora solo podemos deducir del voto a las elecciones autonómicas que no es lo mismo que la pregunta directa de un referéndum.

Pero claro, diálogo y un referéndum pactado es la respuesta natural de un Gobierno democrático. La respuesta del Gobierno de Rajoy se ha limitado a distintas formas de represión: retirada de urnas, porras, suspensión del gobierno autonómico y cárcel.

Con demasiada facilidad se usa la Constitución del 78 como escudo para el inmovilismo. Toda Constitución, y esta no es la excepción, contiene un mecanismo de reforma para adaptarse a los tiempos y a las demandas del pueblo, ¿Por qué no se puede reformar la Constitución? ¿Por qué se opta por el inmovilismo, el portazo y la represión?

Desde Madrid la única respuesta es “hay que respetar la ley”, pero esa respuesta queda desacreditada y vacía de contenido cuanto quienes la emiten son los miembros del Gobierno de la amnistía fiscal anticonstitucional, del partido acusado de financiación ilegal, de los sobres en B, de los martillazos a los discos duros…

La imagen que el Gobierno español ofreció al mundo el 1O es lamentable: policía requisando urnas, entrando en colegios electorales a martillazos, porras, porrazos, heridos… Dos días más tarde, Felipe VI en su comunicado televisado en prime time, redundó en esta lamentable imagen, un rey que toma partido, que se posiciona a favor de unos y contra otros es un monarca que está haciendo política y ese no es su papel; no solo no pronunció la palabra “diálogo” sino que ni siquiera citó las cargas policiales que retransmitieron las televisiones del mundo entero y no tuvo una palabra solidaria con los heridos; ni siquiera el detalle simbólico de pronunciar una palabra en catalán.

El rey, ya se lo dijo a Ada Colau en Barcelona, y se lo he oído repetir en varias ocasiones, está “para defender la Constitución”. Yo me pregunto si conoce toda la Constitución o solo ha leído el capítulo referido a la Corona y el párrafo que cita la unidad indisoluble de la Nación Española. Nuestra ley fundamental también habla de pensiones dignas, de derecho al trabajo, a la vivienda; de libertad de expresión… Nunca he visto a don Felipe defender todas estas cuestiones tan necesarias para el pueblo en el que él reina. Este y otros muchos motivos me hacen sentirme republicana.

Poco más tarde, en aplicación de la socorrida Constitución, el Gobierno de Rajoy, apoyado por CS y PSOE, aplicó su artículo 155. Lamentable. Una humillación innecesaria a un pueblo que está demandando lo contrario. Otra medida represiva de un régimen incapaz de dar respuestas democráticas a las demandas de un pueblo.

Y junto a las porras y a la aplicación del 155, el gobierno de Rajoy, con una Justicia amaestrada como principal aliada, ha usado la vía penal para encarcelar a los líderes del procés. En las últimas horas, cuando por fin parecía que podríamos llegar a la elección de un president de la Generalitat, llegan nuevas órdenes de entrada en prisión. Más cárcel, más represión, más indignación, más gente en la calle, más altercados, más porras… menos solución, menos democracia.

Uno de los rasgos que definen a las dictaduras es la represión sobre los disidentes, es tratar de acallar a la disidencia mediante la fuerza y la represión. Lamentablemente, es la imagen que el Estado español está ofreciendo de sí mismo.

La imagen general que tenemos en este momento es la de unos líderes en la cárcel, otros en “el exilio” y la indignación de un pueblo que ya ha demostrado en las calles que no se va a callar hasta que se le escuche. El Gobierno de Rajoy ha demostrado que no sabe de democracia y cuanta más represión aplica, cuanto más se niega a aceptar que la solución solo llegará por la vía del diálogo, más indignación genera en un pueblo que no está dispuesto a claudicar y me temo que más deseos de independentismo produce ante un Estado que solo sabe de aplicar la fuerza.

Visto lo visto y ante un Gobierno que menosprecia la democracia de todos ─no solo la de los catalanes y catalanas─, posiblemente el problema no está en Catalunya. Creo que todo el Estado está sufriendo un déficit democrático y que todos ganaríamos con un cambio de Estado que nos llevase hacia una mucho más democrática República Federal que reconociese y respetase la plurinacionalidad del Estado y en la que no solo Catalunya se sentiría más cómoda, también de paso, nos sacudiríamos el legado del Franquismo.

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