Viñeta Eneko – @EnekoHumor

Artículo de Caracola – @carolacaracola5

El opresor no sería tan fuerte

si no tuviese cómplices

entre los propios oprimidos

Simone de Beauvoir (1908-1986)

 

Todo lo ocurrido con el máster de Cifuentes puede llevarnos a muchas reflexiones sobre la moralidad de la clase política que nos gobierna.

La mentira y la corrupción aparecen como bandera de una profesión que debería estar ejercida por individuos ejemplares por su papel representativo de la sociedad a la que sirven.

Porque sí, perdemos pie de la realidad pero un político es un representante del pueblo que lo ha elegido. Un político es una persona que se propone a sí mismo, para servir a la sociedad si es que los electores deciden elegirlo entre otros candidatos. Obvio, pero es necesario recordarlo.

La palabra «ministro» viene del latín minister y significa ‘servidor’, ‘sirviente’. Eso es lo que es un ministro, un servidor público a nuestro servicio; una persona que gestiona, con el dinero que generan nuestro impuestos, nuestros servicios públicos y a quienes debemos exigir un trabajo correcto y un comportamiento ejemplar o, de no ser así, deberemos pedir responsabilidades.

¡Qué lejos parece todo esto de la realidad! Políticos endiosados que viven amparados bajo la aureola del poder, que crean tramas corruptas para robar, para llenarse los bolsillos y convertir un digno ejercicio de servicio a la comunidad en un negocio corrupto en el que se violan continuamente las reglas del juego, es decir la legislación que aceptamos todos como normas generales de convivencia.

Volviendo al caso Cifuentes, en esta ocasión no se trata de robar fondos públicos, se trata de, por una parte, un abuso de su posición para obtener, saltándose todas las normas, una titulación universitaria que a cualquier otro estudiante le cuesta un trabajo y, habitualmente, un esfuerzo económico a sus familias. Una burla a esos estudiantes y a esas familias. Es beneficiarse y corromper el sistema que por su cargo debería proteger y mejorar.

Por otra parte, una vez pillada en el embuste, entramos en la respuesta ética de la presidenta de los madrileños y las madrileñas y ─no los perdamos de vista─, de sus compañeros de partido que aplauden la mentira y la inmoralidad y ovacionan a quien defrauda a la ciudadanía.

La señora Cifuentes, ante la evidencia de las pruebas, elige mantener reiteradamente la mentira, hacer pasar por bueno un ignominioso amaño.  Se atreve a enviar a través de las redes sociales un vídeo en el que con soniquete burlón anuncia “No me voy. Me quedo. Sigo siendo vuestra presidenta”.  Insultante.

En el Parlamento madrileño, ante las preguntas de la oposición que le pedía explicaciones, la estrategia es seguir el burdo sistema de repetir una mentira muchas veces hasta que parezca una verdad “Yo he hecho mi trabajo fin de máster, yo no he tenido trato de favor, no hay nada falso ni falsificado”.  No tiene problema en admitir que no asistió a clase, que no hizo exámenes pero afirma una y otra vez que sí tiene misteriosamente una titulación que, para muchos estudiantes, se obtiene con trabajo y con la constancia de asistir a las aulas.

Es inmoral e indignante que la presidenta de la Comunidad de Madrid mantenga su mentira a pesar de la crisis que está generando en una universidad pública en la que profesores y alumnos ven como cada día que pasa, queda en entredicho el prestigio de su esfuerzo. Investigadores, profesores, doctorandos, alumnos de grado o de máster… ven como se siembra la duda sobre la veracidad de sus trabajos y de su esfuerzo.

Finalmente, en un “gesto magnánimo” pretende dar carpetazo a este asunto renunciando al máster que nunca fue suyo, echando balones fuera y cargando más sobre la universidad. Pero no dimite de su cargo porque, según ella, las irregularidades son de la universidad y ella es casta y pura. Es insoportable tanta indecencia.

Por otra parte, ha sido sintomático que a raíz de este escándalo, los currículums de muchos de los miembros de la clase política han reducido considerablemente el número de titulaciones “difíciles de acreditar” o se ha descubierto que algunos le denominaban ostentosamente “máster” a un cursillo de cuatro días.  Es decir, se ha visto que lo de mentir y pasar por quien uno no es, no es exclusividad de la Sra. Cifuentes, es más generalizado de lo deseable.

Tristemente, en este país parece que lo toleramos todo. Sabemos que en otros países, que un representante del pueblo tenga una actitud deshonesta se considera un fallo tan inaceptable socialmente que lleva a una dimisión en cuestión de horas.

En España, el sistema está tan podrido que el honesto aparece casi como un ingenuo. Pero el país sigue, el pueblo tolera, mira para otro lado y deja pasar. Es para hacérselo mirar. Francamente, creo que todo el pueblo de Madrid debería de sentirse ofendido de tener una presidenta deshonesta que miente, mantiene su mentira y es ovacionada por los miembros de su partido.

Si se diese la situación de que el presidente de nuestra comunidad de vecinos, en vez de mejorar las condiciones del edificio, se hubiese ido de cena con las cuotas del vecindario ¿Volveríamos a votarlo en las siguientes elecciones? ¿Le concederíamos el beneficio de la duda o la presunción de inocencia ante una prueba documental que demostrase su fraude? Seguro que no, pero lo curioso es que ese es el proceder de muchos electores cuando siguen votando a partidos corruptos y a personas inmorales. Quien así actúa está refrendando el fraude y la corrupción; la mentira y la burla.

Parece que no va con nosotros, parece que lo que roban no es nuestro dinero, nuestros servicios públicos, nuestras pensiones, nuestras universidades, nuestro esfuerzo…

Recuerdo cuando el nombre del primer ministro de Islandia apareció entre los papeles de Panamá… El pueblo en masa salió a la calle y forzó su dimisión. Todo en cuestión de horas. Un pueblo digno que quiere representantes dignos.

Cifuentes pretende mantenerse en el cargo a toda costa y que olvidemos rápido, no solo es su empeño sino el de su partido que la respalda, apoya y ovaciona. No lo olvidemos. Hace cerca de un mes que se descubrió su mentira y ahí sigue, participando en actos oficiales, estrechando manos y repartiendo sonrisas como presidenta y representante de la ciudadanía de Madrid.

Sin duda, nos esperan más capítulos del “caso Cifuentes”.  Hay una moción de censura en marcha en el Parlamento madrileño presentada por el PSOE, apoyada por Podemos y en la que está por ver qué hará Ciudadanos. Será interesante ver el nivel real de tolerancia a la corrupción de cada uno. Quedamos a la espera.

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