Viñeta de El Koko – @Elkokoparrilla

Artículo de Caracola – @carolacaracola5

El pasado sábado 23 de junio un grupo de denunciantes de corrupción realizaron una concentración ante el Congreso de los Diputados para exigir —una vez más—, la aprobación de una ley integral que proteja a las personas que tienen la valentía de denunciar prácticas corruptas en su entorno.

Francamente, me avergüenza que los valientes denunciantes de corrupción tengan que reclamar reiteradamente al Gobierno que se les proteja, me parece un síntoma de una débil salud democrática y una muestra clarísima de que este país no tiene la más mínima voluntad de acabar con la corrupción.

Un denunciante de corrupción es una persona que realiza un acto de dignidad y de generosidad al señalar un fraude del sistema ─el sistema somos todas y todos─ y con esto contribuye a la honradez de la sociedad. Un gesto digno, por una sociedad más digna que todos debemos agradecer, por lo que es fácil darse cuenta de que el Estado debería no solo protegerlos sino hasta de alguna manera, gratificarlos.

En nuestro país, la realidad viene siendo muy distinta. El Estado deja a su suerte al denunciante de corrupción que con extremada frecuencia pasará a ser acosado y denunciado por los corrutos que él ha señalado; pierde su trabajo (la denuncia que realiza suele estar originada en su entorno laboral), por lo que al poco tiempo de señalarnos un fraude a toda la sociedad se encuentra acosado, denunciado, sin trabajo y con escasas posibilidades de encontrar otro empleo por ser una persona significada.

Dejémonos de teoría y vamos a ver casos concretos. Denunciantes de corrupción hay muchos y todos y cada uno tienen mi apoyo pero voy a citar brevemente a dos por ser las dos personas más conocidas de este colectivo: Ana Garrido Ramos y Luis Gonzalo Segura.

Ana Garrido Ramos era funcionaria en el Ayuntamiento de Boadilla del Monte. Se negó a formar parte de la corrupción y denunció las prácticas ilegales en la gestión del ayuntamiento. Su denuncia fue uno de los primeros indicios de lo que hoy conocemos como el ‘caso Gürtel’.

Ana fue acosada, denunciada, difamada… tuvo que recurrir sentencias en su contra y tras 10 años sigue pleiteando en los tribunales. Perdió su trabajo, con lo que esto implica y hoy vende una preciosa bisutería que ella misma diseña bajo la marca “Gotas de Alma”, tanto en venta on line como en mercadillos.

Bien conocido es también el caso del exteniente Luis Gonzalo Segura. Luis denunció ante la justicia militar prácticas corruptas y despilfarro en el Ejército. Sus denuncias nunca fueron atendidas, se cerraban sin hacer ninguna investigación pero mientras, el acoso crecía sobre él y las advertencias de que no siguiese con sus denuncias.

Como fruto de la impotencia al no ver atendidas sus denuncias, escribe un libro, Un paso al frente (2014), en el que novela la corrupción, el abuso, el acoso y el fraude en los cuarteles. La consecuencia fue un total de cinco meses de arresto de los que cumplió los últimos días en un hospital militar debido a las consecuencias de una huelga de hambre de 22 días.

Su segundo libro. Código Rojo (2015), supone su inmediata expulsión del Ejército que ha recurrido ante la justicia española sin ningún éxito. Actualmente, está a la espera de la resolución de un recurso ante la justicia europea. En 2017 ha publicado su último libro: El libro negro del Ejército español. Sus libros son hoy su principal fuente de ingresos.

Las denuncias de Ana, de Luis y de otros denunciantes de corrupción son una manera de señalar el fraude para atajarlo; son un paso decidido y valiente en aras de una sociedad más digna, más justa y más decente; es en definitiva, una lucha por la decencia.

Y la consecuencia que han recibido por este gesto de dignidad ha sido, por un lado, el desamparo del sistema que tratan de dignificar con su denuncia; por otro, el acoso, la difamación, las denuncias de sus denunciados, la pérdida de su trabajo y la casi imposibilidad de encontrar otro empleo, con todo lo que esto conlleva. Es decir, haber denunciado la corrupción les ha complicado muchísimo su vida, les ha salido muy caro y se ha vuelto contra ellos. Y esto es lo que una sociedad digna no puede consentir.

Ellos demandan desde hace tiempo al Gobierno el amparo del Estado mediante una ley de protección del denunciante de corrupción, una petición elemental que ya debería estar atendida hace tiempo, pero claro, esta ley habría animado a muchas personas dignas en ayuntamientos, diputaciones y demás organismos a denunciar las prácticas corruptas que se producen a diario ante sus ojos y… claro, es que esto… ¿Nos entendemos, no? Si la corrupción pesa sobre quien debe proteger al denunciante, mal vamos y así estamos.

Por eso, una ley de protección del denunciante debe formar parte de la legislación de un Estado que esté decidido a luchar contra la corrupción y a defender la transparencia de todo el aparato del Estado y ya está llegando tarde. Hay una ley en el Congreso que lleva dos años aparcada. Claro, “entiendo” que no haya habido mucho interés pero ahora ya no se puede esperar más, el Parlamento tiene que ponerse a trabajar para aprobarla y hacerla vigente cuanto antes.

Y naturalmente, nada sería más justo que devolverles sus puestos de trabajo a quienes lo han perdido como represalia por denunciar la corrupción. Por la dignidad y la decencia de este país, espero algún día celebrar esa noticia.

Tuits

 

 

Firmas

Change.org: Margarita Robles readmisión del Exteniente Luis Gonzalo Segura

Ver más

Ctxt.es: El desamparo de los denunciantes de la corrupción

Público: Denunciantes de casos de corrupción exigen hoy ante el Congreso una ley que los proteja

ElDiario.es: Los denunciantes de corrupción piden protección contra el “acoso brutal” que sufren

Tienda on line de los libros de Luis Gonzalo Segura: http://luisgonzalosegura.com/tienda/

Tienda on line de “Gotas de Alma” de Ana Garrido Ramos: https://www.chicayeye.com/