Viñeta Eneko – @EnekoHumor

Artículo de Caracola – @carolacaracola5

 

Vivimos en una sociedad en la que con frecuencia, los irracionales prejuicios nos llevan a adoptar posturas hipócritas. En este momento vivimos en el cruce entre la solicitud de la legalización del cannabis y las demandas de control de las empresas de apuestas online y su sobre todo de su publicidad. Vamos por partes.

Es fácil que de manera automática una persona rechace la legalización de una sustancia históricamente proscrita y catalogada bajo el oscuro calificativo de una “droga”. Por esto hay que dejarse de “automatismos” y debemos hacer el ejercicio de pasar por el filtro de la razón nuestras opiniones. Primero, hay muchas drogas legalizadas entre nuestras medicaciones habituales que nos las prescriben porque, en una dosis adecuada y bajo control médico, nos generan un beneficio. Por otra parte, hay drogas legales e históricamente aceptadas por la sociedad que no nos aportan ningún beneficio como son el tabaco y el alcohol. En estos casos, no hay ninguna dosis que nos aporte un beneficio y un escaso control en la Administración.

Es evidente que el uso sin control del cannabis tiene efectos perjudiciales para nuestra salud (puede generar facilitar el desarrollo de enfermedades psiquiátricas, deterioro de la memoria, problemas respiratorios…) como también los producen el tabaco y el alcohol pero a diferencia de estas dos últimas sustancias, el uso controlado del cannabis sí aporta un beneficio al poder paliar síntomas de enfermedades o efectos secundarios de tratamientos.

El consumo del cannabis prescrito por un médico, con una fabricación controlada y dispensado en farmacia comercial u hospitalaria tiene una serie de beneficios que no deberíamos dejar de tener en cuenta, por ejemplo: ayudaría a muchas personas que viven con dolor crónico e inhabilitante; facilita la relajación en procesos de ansiedad, la actividad motora en enfermedades como la esclerosis; palía los efectos secundarios de la quimioterapia de los enfermos de cáncer…

Por otra parte, respecto al uso lúdico, que quedaría bajo la responsabilidad del consumidor como hoy es el uso del alcohol, su legalización eliminaría los beneficios de las mafias y facilitaría el control de la calidad del producto que se pone a la venta.

Paralelamente a esta cuestión, campan libremente en nuestra sociedad otros nocivos factores que invitan a peligrosas adicciones. Me estoy refiriendo a la publicidad de las casas de apuestas, “¡Entra! ¡Entra!, ¡Entra; ¡Apuesta!, ¡Apuesta!, ¡Apuesta!; ¡Juega!, ¡Juega!, ¡Juega!”; repite insistentemente un anuncio televisivo que promociona la cara de un famoso y que además se acompaña de ofertas al registrarse. Por suerte, el pasado 23 de octubre ,el Congreso aprobó una moción para que el Gobierno regule la publicidad de las apuestas y su protección sobre los menores. Es una cuestión urgente.

El fácil acceso online a las apuestas deportivas y la proliferación de locales de apuestas ha disparado la ludopatía especialmente entre los jóvenes. El actual perfil del ludópata es un veinteañero “enganchado” a las apuestas online y/o a los locales de apuestas que con frecuencia ha saltado de la consola a las apuestas deportivas.

Las casas de apuestas en nuestro país se extienden peligrosamente como una epidemia. El gasto en juego en España casi se ha duplicado en 5 años; si en 2012 se destinaban al juego 12.766 millones de euros, en 2017 ese gasto asciende a 23.321 millones y ya ocupa más de 3% del PIB; algo que viene facilitado por la fácil accesibilidad de las ciberapuestas que hace que para jugar con dinero ya no sea necesario desplazarse a un bingo, uno puede hacerse ludópata sin salir de casa.

Por esto, decía más arriba que el rechazo automatizado que puede generar la propuesta de legalización del cannabis es comprensible pero debemos sentar nuestra opinión en criterios objetivos y razonados entre los que debemos tener en cuenta el beneficio que su uso terapéutico puede generar en muchas personas que padecen, por ejemplo, dolor crónico.

Por otra parte, no podemos ser ajenos y actuar con pasividad al creciente riesgo social de la ludopatía ─sobre todo entre nuestros jóvenes─, que, a través de una cada vez más insistente publicidad que funciona como mensaje subliminal y la proliferación de locales de apuestas, se está extendiendo peligrosamente en nuestra sociedad como un virus que lleva camino de hacerse pandemia ante nuestras narices sin que estemos siendo muy conscientes.

 

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