Viñeta Nani – @magolapeluda

Artículo de Simone Renn – @SimoneRenn

 

En el día de hoy Reyes circula por las redes sociales parte un bello poema de Miguel de Unamuno “Agranda la puerta padre”. El Poema pertenece al Cancionero que escribió entre 1928 y 1936 y fue publicado en 1953.

Este hombre murió desolado el 31 de diciembre de 1936, en arresto domiciliario por orden de las hordas de Francisco Franco.

Os dejamos el poema completo, señalando en negrita la parte que se está divulgando.

Agranda la puerta, Padre

Agranda la puerta, padre, 

porque no puedo pasar;

la hiciste para los niños,

yo he crecido a mi pesar.

Si no me agrandas la puerta,

achícame, por piedad;

vuélveme a la edad bendita

en que vivir es soñar.

Gracias, padre, que ya siento

que se va mi pubertad;

vuelvo a los días rosados

en que hijo no más.

Hijo de mis hijos ahora

y sin masculinidad

siento nacer en mi seno

maternal virginidad.

El poema pertenece al Cancionero, conjunto de poemas que escribió entre 1928 y 1936 y fue publicado en 1953.

Unamuno

“Venceréis pero no convenceréis.”

Miguel de Unamuno y Jugo​ nació en Bilbao el 29 de septiembre de 1864 y falleció en Salamanca, el 31 de diciembre de 1936. Fue un escritor y filósofo español perteneciente a la generación del 98.

En su obra cultivó gran variedad de géneros literarios como novela, ensayo, teatro y poesía.

En 1921 Miguel de Unamuno fue nombrado vicerrector. Sus constantes ataques al rey y al dictador Primo de Rivera hacen que este lo destituya nuevamente y lo destierre a Fuerteventura en febrero de 1924.​ El 9 de julio es indultado, pero se destierra voluntariamente a Francia; primero a París y, al poco tiempo, a Hendaya. Se queda hasta el año 1930, año en el que cae el régimen de Primo de Rivera. A su vuelta a Salamanca, entra en la ciudad con un recibimiento apoteósic. Fue diputado en Cortes de 1931 a 1933 por Salamanca.​

Unamuno fue nombrado rector de la Universidad de Salamanca tres veces; la primera vez en 19002​ y la última, de 1931 hasta su destitución, el 22 de octubre de 1936, por orden delas tropas rebeldes franquistas, tras su famoso incidente en el acto celebrado en la Universidad de Salamanca ocurrido el 12 de octubre de 1936, al que asistió la esposa de Franco, Carmen Polo de Franco, el general africanista Millán-Astray, el obispo de la diócesis Enrique Plá y Deniel, José María Pemán, el gobernador militar de la plaza y el resto de fuerzas vivas de la ciudad, en el que Unamuno pronunció las siguientes palabras:

Ya sé que estáis esperando mis palabras, porque me conocéis bien y sabéis que no soy capaz de permanecer en silencio ante lo que se está diciendo. Callar, a veces, significa asentir, porque el silencio puede ser interpretado como aquiescencia. Había dicho que no quería hablar, porque me conozco. Pero se me ha tirado de la lengua y debo hacerlo. Se ha hablado aquí de una guerra internacional en defensa de la civilización cristiana. Yo mismo lo he hecho otras veces. Pero ésta, la nuestra, es sólo una guerra incivil. Nací arrullado por una guerra civil y sé lo que digo. Vencer es convencer, y hay que convencer sobre todo.

Pero no puede convencer el odio que no deja lugar a la compasión, ese odio a la inteligencia, que es crítica y diferenciadora, inquisitiva (mas no de inquisición). Se ha hablado de catalanes y vascos, llamándoles la antiespaña. Pues bien, por la misma razón ellos pueden decir otro tanto. Y aquí está el señor obispo [Plá y Deniel], catalán, para enseñaros la doctrina cristiana que no queréis conocer. Y yo, que soy vasco, llevo toda mi vida enseñándoos la lengua española que no sabéis. Ese sí es mi Imperio, el de la lengua española y no…

La algarabía cortó la alocución del orador. La mayor respuesta se atribuye al general Millán-Astray que, ubicado en un extremo de la presidencia, golpeó la mesa con su única mano y, levantándose, interrumpió al rector —«¿Puedo hablar?, ¿puedo hablar?»—​ Su escolta presentó armas y alguien del público gritó: «¡Viva la muerte!» La historiografía no consigue determinar si entonces el militar intervino y si fue ese el momento en que pronunció sus gritos de:

¡Mueran los intelectuales!​ ¡Viva la muerte!

Millán-Astray continuó con los gritos con que habitualmente se excitaba al pueblo: «¡España!»; «¡una!», respondieron los asistentes. «¡España!», volvió a exclamar Millán-Astray; «¡grande!», replicó el auditorio. «¡España!», finalizó el general; «¡libre!», concluyeron los congregados. Después, un grupo de falangistas ataviados con la camisa azul de la Falange hizo el saludo fascista al retrato de Francisco Franco que colgaba en la pared.12​ Tras las afirmaciones necrófilas del fundador de la Legión, Unamuno habría continuado con su discurso —tampoco hay unanimidad en las palabras pronunciadas—, esta vez cargando directamente contra la réplica de Millán-Astray.

Acabo de oír el grito de ¡viva la muerte! Esto suena lo mismo que ¡muera la vida! Y yo, que me he pasado toda mi vida creando paradojas que enojaban a los que no las comprendían, he de deciros como autoridad en la materia que esa paradoja me parece ridícula y repelente. De forma excesiva y tortuosa ha sido proclamada en homenaje al último orador, como testimonio de que él mismo es un símbolo de la muerte. El general Millán Astray es un inválido de guerra. No es preciso decirlo en un tono más bajo. También lo fue Cervantes. Pero los extremos no se tocan ni nos sirven de norma. Por desgracia hoy tenemos demasiados inválidos en España y pronto habrá más si Dios no nos ayuda. Me duele pensar que el general Millán Astray pueda dictar las normas de psicología a las masas. Un inválido que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes se sentirá aliviado al ver cómo aumentan los mutilados a su alrededor. El general Millán Astray no es un espíritu selecto: quiere crear una España nueva, a su propia imagen. Por ello lo que desea es ver una España mutilada, como ha dado a entender.

Este es el templo del intelecto y yo soy su supremo sacerdote. Vosotros estáis profanando su recinto sagrado. Diga lo que diga el proverbio, yo siempre he sido profeta en mi propio país.

Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta, pero no convenceréis porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta en esta lucha, razón y derecho. Me parece inútil pediros que penséis en España.

Los últimos días de vida, de octubre a diciembre de 1936, Unamuno los pasó bajo arresto domiciliario en su casa, en un estado, en palabras de Fernando García de Cortázar, de resignada desolación, desesperación y soledad.​

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Wikipedia Miguel de Unamuno

 

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¿Ha hecho el PP suyas las palabras de Millán Astray, fundador de la Legión, que pronunció en el paraninfo de la Universidad de Salamanca, «¡Muera la inteligencia!», y por eso están pervirtiendo el templo de la sabiduría?

 

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