La nueva política del Papa Francisco provoca la dimisión por primera vez en la historia de todos los obispos de un país, por la desastrosa gestión de los abusos sexuales a menores cometidos por ministros de la Iglesia en Chile y por el encubrimiento de la alta jerarquía eclesiástica.

Todo gracias a la perseverancia y valentía de tres de las víctimas: Juan Carlos Cruz, Hames Hamilton y José Andrés Murillo

La sociedad en general y la Iglesia católica en particular hasta ahora han tenido una política de ocultación de los delitos de pederastia.

El Papa Francisco parece que ha decidido romper con el secretismo del delito de abusos de menores que aun parece más grave en el seno de la Iglesia, ya que en su “labor cristiana” debería velar por los seres más débiles: las niñas y los niños.

Y es que los sacerdotes pederastas tienen a mano a sus víctimas en parroquias, colegios, orfanatos, seminarios, hospitales y organizaciones de trabajo social. Estos depredadores satisfacen su deseo sexual aprovechándose de su superioridad y de la confianza que los menores depositan en ellos, sabiendo además que son víctimas que no se pueden defender.

Las víctimas infantiles y adolescentes de los ministros de la Iglesia además de haber sufrido el infierno de ser agredidas por depredadores sexuales, sufren el sentimiento de la culpabilidad, al sentirse sucios, culpables y avergonzados durante toda su vida pensando que no tuvieron el suficiente valor para enfrentarse a sus agresores y no someterse.

El daño causado a muchas de las víctimas hacía que creciesen con su dignidad rota, llegando en múltiples ocasiones a causar el suicidio de jóvenes cuyas denuncias fueron ignoradas y ocultadas por los superiores y siempre cuestionadas. Todo esto ocurría bajo “la conspiración del silencio y la complicidad de la Manada“.

La maldad y perversión de estos lobos vestidos de negro y a veces de púrpura, verde u oro, realmente se cubría de pura hipocresía mostrándose en muchos casos ante la sociedad como grandes benefactores con vehemente discurso, condenando casi siempre aquello que le interesaba al poder establecido, y así conseguir el beneficio de la deuda del favor del infame de turno. Esto hacía casi imposible que la denuncia de sus víctimas resultase creíble y fueran ellas mismas las condenadas y rechazadas por la sociedad, llegando incluso a temer ser rechazados por sus propias familias acusándoles de calumnia.

Ya uno de los grandes humoristas gráficos de este país y cómico, Miguel Gila, nos contaba en sus autobiografía como fue testigo del abuso de uno de los frailes de su colegio a uno de sus compañeros, con el resultado, como casi siempre, del traslado del fraile y la expulsión del colegio de la víctima.

Ahora llegan buenas noticias sobre el tratamiento de la pederastia dentro del Iglesia, promovidas por el actual Papa Francisco, cuando este viernes 18 de mayo hemos sido testigos no solo de la dimisión de todos los obispos de un país como Chile por encubrimiento de delitos de abusos a menores, sino que también se ha pedido perdón a las víctimas de la infamia por los daños causados y el silencio del clero chileno ante los delitos de pedofilia.

La Iglesia hasta ahora se había preocupado en algunos casos de “castigar” con retiros o traslados a los causantes de tales delitos, sin preocuparse de lo que les sucedía a las víctimas de los abusos. El Papa Francisco parece haber dado con sus últimas decisiones un gran paso en el reconocimiento hacia las víctimas.

El calvario de las víctimas de la Iglesia

Los abusos a menores por parte de ministros de la Iglesia está extendido por todos los países, si bien se conocen con mayor detalle los causados en Estados Unidos e Irlanda, casi todos ellos en escuelas u orfanatos y también en los seminarios de formación del clero, pues fueron las víctimas de estos países en los años 90 los primeros en denunciarlo y organizarse, y también porque el Vaticano comenzó a dejar de mirar hacia otro lado para pasar a ayudar a desenmascarar a estos depredadores sexuales que entendieron muy mal el mensaje de Jesús: “Dejad que los niños se acerquen a mi”.

Mapa de casos de pedofilia de la Iglesia Católica

Fuente Cadena SER

Un informe de la BBC de 2004, declara que en los Estados Unidos el 4 % del clero católico de ese país había estado implicado en prácticas sexuales con menores, en número aproximado de 4000 sacerdotes durante los últimos 50 años, aunque solo entre el 5 y el 10 % de las víctimas denunciaba el caso, según Barbara Blaine, presidenta de la Red de sobrevivientes de abusados por sacerdotes (SNAP) de los EE.UU

El modus operandi en todos los países era similar. Los casos se mantenían en silencio entre las autoridades eclesiásticas, pues solían terminar con acuerdos extrajudiciales en los que se indemnizaba a las víctimas, haciéndoles siempre firmar una claúsula de confidencialidad, silenciando sus relatos para siempre, hasta que todo explotó cuando un juez decidió hacer públicos los sumarios de Geoghan, a petición del diario The Boston Globe. Entonces el escándalo se extendió como la pólvora por numerosas diócesis del país, que tuvieron que afrontar cientos de acusaciones similares.

Entre los casos más destados está el del del sacerdote John Geoghan, que abusó de 130 niños y desató la ola de denuncias. Los abusos se practicaban hasta con niños de cuatro años.

Los casos más sonados afectaron a la archidiócesis de Boston, cuyo cardenal Bernard Law, tuvo que renunciar a su puesto por encubrir a 250 curas pederastas, y a la de Los Angeles. Las denuncias provocaron compensaciones millonarias y enormes pérdidas económicas. La archidiócesis de Boston, por ejemplo, se vio obligada a cerrar decenas de parroquias.

Y es que estos monstruos saben muy bien elegir a su víctima y el momento más oportuno para atacar, que suele ser precisamente cuando son más vulnerables, cuando más ayuda necesita el niño o adolescente, la muerte de un padre, un mal momento económico de la familia, el rechazo de sus compañeros. Así sucedió con una de las víctimas de John Geoghan:

El padre de Patrick McSorley se acababa de suicidar y su madre, esquizofrénica, apenas podía sacar a la familia adelante. Por eso, cuando el padre John Geo-ghan, párroco de Weston (suburbio de Boston), se ofreció a ayudarla con el niño, fue un gran alivio. Corría la primavera de 1986. El mismo día que el sacerdote fue a dar el pésame sacó a Patrick, de 12 años, a tomar un helado para consolarle. Al volver en coche a casa le empezó a tocar los genitales y a masturbarse. ‘Me quedé paralizado y asustado, sin saber qué hacer’. El sacerdote le dijo que ambos debían guardar el secreto y Patrick lo cumplió por un tiempo, cayendo en depresiones y finalmente en el alcoholismo.

Otro de los casos que llamaron la atención fue el abuso llevado a cabo a siete niños de una misma familia en Forrest Hills. Maryetta Dussourd, madre soltera y pobre, agradecía la ayuda del párroco, que no faltaba ni un día a su cita con los pequeños. Los llevaba de paseo, los cuidaba cuando ella tenía que salir y los acostaba de noche. Era en ese último momento cuando les tocaba en los genitales y les forzaba a que le tocaran a él, frecuentemente mientras rezaban.

En Irlanda el escándalo alcanzó a congregaciones como la Legión de Cristo que​ ocasionó la renuncia de los obispos irlandeses de Cloyne, John Magee,​ y de la diócesis de Kildare y Leighlin, en James Moriarty (bishop),​ quienes reconocieron haber sido negligentes ante las denuncias de pedofilia por sacerdotes en sus diócesis y llevó a la cárcel a varios sacerdotes católicos.

En Irlanda, varios informes revelaron que el abuso de menores en centros católicos eran una práctica común y constante.

En México el caso más famoso fue el del fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel, de abuso contra menores y seminaristas, que fue negado en principio por la Legión de Cristo que acabó admitiendo los casos de abusos sexuales de su fundador y reconoció la existencia de varios hijos nacidos de relaciones secretas de Marcial Maciel en el pasado.

En España también ha habido casos como el de “Clan de los Romanones” en abril de 2017, la mayor trama de pederastia eclesial de nuestro país, en el que estuvo implicado al 7% del clero de Granada y en el que solo se juzgó al sacerdote Roman porque el resto de los casos habrían prescrito. En este caso el Papa Francisco pidió perdón a la víctima y le animó a denunciar. Después de esta caso más víctimas se animaron a denunciar. Sin embargo, finalmente y para indignación de gran parte de la sociedad española el sacerdote quedó absuelto y la víctima condenada a pagar las costas del juicio. Tras el recurso presentado el pasado mes de abril lo único que consiguió la víctima Daniel fue no pagar las costas del juicio ya que según el Tribunal Supremo: “La absolución de Román no supone que “la imputación sea falsa”.

La jerarquía católica en todos los países ha obstaculizado las investigaciones, además de no reportar y de hecho encubrir a los sacerdotes pederastas, trasladándolos de las parroquias para evitar su detención y juicio y en muchos casos buscando la prescripción del delito.

Organizaciones de víctimas de pedofilia han señalado que los papas Juan Pablo II y Benedicto XVI tienen algún grado de responsabilidad al haber encubierto abusos, o bien omitido las denuncias.

¿Por que cambió todo en Chile?

Si bien ya hay precedentes de renuncias de obispos como consecuencia de delitos de pedofilia, la diferencia con el caso de Chile es que nunca antes se había producido la dimisión unánime de todos los de un país y que además se pidiera perdón también de forma unánime.

El Vaticano en su momento no llegó al fondo del asunto de las denuncias de la jerarquía eclesiástica de Chile sobre los abusos del padre Karadima que durante décadas, empleó su puesto como párroco de la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús de El Bosque para abusar de menores, laicos y seminaristas, que fue ocultado por la jerarquía eclesiástica chilena. La Santa Sede no tomó cartas en el asunto hasta 2011, cuando fue declarado culpable de abusos sexuales y suspendido de por vida.

Una de sus víctimas, Juan Cruz, en su larga lucha siempre ha mostrado su deseo de que sus denuncias sirvieran para evitar que nuevas víctimas caigan en manos de depredadores como Karadima.

“El abuso fue masivo. Este hombre, el padre Karadima, estuvo abusando de niños y jóvenes de 1958 hasta 2010 o 2011.”

“He sufrido mucho, pero tengo amigos que se suicidaron. Tengo que asegurarme de que nuestro caso no sea tratado como algo aislado.

Las víctimas de karadima criticaron desde el principio el nombramiento de Juan Barros, defensor de Karadima, en 2015 al frente de la diócesis de Osorno. El Papa Francisco defendió su nombramiento y apoyó a Barros hasta hace bien poco.

Durante su gira por Chile en enero el Papa ignoró las sucesivas peticiones de esas víctimas para que cesara a Barros, al que acusan de encubrir los abusos de Karadima. “El día que me traigan una prueba contra el obispo Barros, ahí voy a hablar. No hay una sola prueba en contra. Todo es calumnia. ¿Está claro?”, llegó a decir un enojado pontífice ante la insistencia de la prensa antes de retornar a Roma.

Pero Francisco al regresar de Chile decidió realizar una profunda investigación sobre las denuncias de encubrimiento y destrucción de pruebas contra Juan Barros, para lo cual puso al frente de ella al arzobispo maltés Charles Scicluna y el sacerdote español Jordi Bertomeu, miembro de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

El Papa también invitó a acudir al Vaticano a tres de las víctimas que han llevado a cabo una larga y dura lucha para conseguir justicia: Juan Carlos Cruz, Hames Hamilton y José Andrés Murillo.

Tras leer el informe y hablar con las víctimas, el Papa rectificó, admitió que su percepción del escándalo era errónea y llamó a capítulo a la jerarquía católica chilena.

La dimisión de los obispos chilenos tuvo lugar después de tres días de la reunión la pasada semana de los obispos con el Papa Francisco.

Así el pasado viernes 18 de mayo el secretario de la conferencia episcopal chilena, Fernando Ramos, y el obispo de San Bernardo, Juan Ignacio González, miembro del Comité Permanente, comparecieron ante los periodistas en Roma para leer un comunicado que por primera vez es coherente con lo sucedido:

“Agradecemos al Papa Francisco por su escucha de padre y su corrección fraterna. Pero especialmente, queremos pedir perdón por el dolor causado a las víctimas, al Papa, y al Pueblo de Dios y al país por nuestros graves errores y omisiones.”

“Gracias a las víctimas, por su perseverancia y su valentía, a pesar de las enormes dificultades personales, espirituales, sociales y familiares que han debido afrontar, tantas veces en medio de la incomprensión y los ataques de la propia comunidad eclesial.”

Por primera vez también dieron las gracias a la prensa:

“…especialmente a la prensa, a cada uno de ustedes. Que el Señor les retribuya el servicio a la verdad.”

Los 34 obispos continúan desempeñando sus tareas como dimisionarios hasta que el Papa le diga a cada uno, a lo largo de las próximas semanas, si acepta la renuncia, o les pide que continúen en el cargo.

En medios eclesiásticos chilenos se espera el relevo de una docena de prelados en los próximos meses, empezando por lo cuatro más asociados al encubrimiento de los abusos cometidos por el sacerdote Fernando Karadima.

Todo esto nunca hubiera llegado a suceder sin la gran valentía de las víctimas que denunciaron los abusos, en especial de Juan Carlos Cruz, Hames Hamilton y José Andrés Murillo a quienes felicitamos desde La Política y ¡damos la enhorabuena!

 

 

¿Por qué?

Ningún experto ha podido explicar aún las causas del alto porcentaje de pederastia contra varones menores que se registra en la Iglesia católica. Una teoría radical es la de Philip Saviano, que fue víctima hace años y es actualmente coordinador de la Red de Sobrevivientes de Víctimas de Abusos por el Clero de Massachusetts:

“Hacerse sacerdote es un buen escondite para los pederastas.”

Practicantes y no practicantes católicos se congratulan del cambio de parecer del Papa Francisco, y esperamos que este punto de inflexión en la búsqueda de la verdad y de la transparencia continúe en el seno de la Iglesia católica.

Quizá también les vendría bien revisar la necesidad del celibato en los miembros de la Iglesia católica, que según estudiosos no aparece como necesario para ser mensajero de las palabras de Jesús en la Tierra.

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Fuentes y enlaces de interés

The New York Times. ‘Todos sabían lo que sucedía’: Un sobreviviente de abuso eclesiástico encara al papa 24-01-2018

Clarin. Chile: quién es Juan Barros, el obispo acusado de encubrir los abusos sexuales en la Iglesia 18-05-2018

El Periódico. Abusos en la Iglesia Chile: todo comenzó con el ‘caso Karadima’ 18-05-2018

Wikipedia. Juan Barros Madrid

Wikipedia. Fernando Karadima

T13. Juan Barros, el obispo que divide a la iglesia chilena

The New York Times. Juan Barros

Wikipedia. Casos de abuso sexual infantil cometidos por miembros de la Iglesia católica

CIPER “Karadima decía: quiero que El Bosque haga arder la Iglesia chilena por los cuatro costados” 2-01-2012

NEXOS. El caso Karadima

SER. El mapa de la pederastia en la Iglesia. 22-11-2014

ElDiario.es La pederastia y la ‘memoria histórica’ de la Iglesia española: “Corrompieron de la manera más sucia nuestra infancia” 9-12-2017

ElDiario.es La Iglesia católica, incapaz de librarse del estigma de los casos de abusos sexuales. 10-05-2018

El Mundo. Los obispos chilenos presentan su renuncia ante el Papa Francisco por los casos de abusos sexuales. 18-05-2018

ABC. Todos los obispos chilenos presentan su renuncia ante el Papa Francisco tras el escándalo de los abusos sexuales 18-05-2018

El País. El cura que abusó de 130 niños. 21-03-2002

ElDiario.es Las claves del ‘caso Romanones’, el mayor juicio contra la pederastia eclesial en España. 5-03-2017

Periodista Digital. El Supremo exime a ‘Daniel’ del pago de las costas por el ‘caso Romanones’. 26-04-2018

 

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