Hitler alcanza el poder gracias al VaticanoEl 23 de marzo de 1933 es una fecha poco conocida y, sin embargo, es una de las más decisivas y trágicas de la historia, pues Adolf Hitler consigue la aprobación de la “Ley Habilitante” que le concede plenos poderes en Alemania, y los obtiene gracias al que más tarde se convertiría en el Papa Pío XII.

Cómo alcanza Hitler el poder hasta convertirse en Presidente y Canciller de Alemania es una truculenta historia en la que participan como siempre otras muchas figuras con intereses políticos, económicos y religiosos. Los Dictadores nunca “surgen de la nada”.

Los países aliados vencedores de la I Guerra Mundial imponen a Alemania el leonino tratado de paz de Versalles (1919), que la obliga a aceptar la responsabilidad por la guerra, a limitar su ejército a 100.000 hombres y a transferir territorio a sus vecinos. También se acuerda que deberá efectuar enormes pagos, conocidos como compensaciones, que aunque increíble, pero cierto, Alemania terminaría de pagar en el año 2010.

A la hora de imponer estas duras sanciones, no se piensa en las graves consecuencias que tendrían para la vida de los ciudadanos alemanes, sobre todo de las clases baja y media.

El partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, comúnmente denominado Partido Nazi, se forma y desarrolla durante la posguerra de la Primera Guerra Mundial. Se define como un partido antimarxista y opuesto al Tratado de Versalles y al gobierno democrático de la República de Weimar, además de ser un defensor del ultranacionalismo y el pangermanismo, así como de un virulento antisemitismo.

Hitler intenta alcanzar el poder mediante un golpe de estado, pero es detenido y encarcelado en 1923, no obstante, el Tribunal Supremo bávaro dicta su indulto el 20 de diciembre de 1924, a pesar de las objeciones del fiscal del Estado. Durante su tiempo de prisión escribe su libro “Mein Kampf – Mi lucha” y decide que la mejor táctica para alcanzar el poder es valerse de los medios legales.

Ante la crisis del 29, conocida también como Gran Depresión, que se prolongará durante los años 30 e incluso 40 en algunos países, el fascismo que nace en Italia con el dictador Benito Mussolini (1922), admirado por Hitler, adquiere fuerza y se posiciona en la mayoría de los países como una tercera vía.

El fascismo se apoya en un férreo nacionalismo y se opone radicalmente tanto a la democracia liberal en crisis que representan los vencedores de la I Guerra Mundial, a los que considera decadentes, como a los movimientos obreros que se alimentan de las ideologías que en este momento están cobrando fuerza, el anarquismo y el marxismo en sus versiones de socialdemocracia y comunismo que tienen como referente a la Unión Soviética.

La Gran Depresión llega a todos los países, pero golpea especialmente a Alemania, la gran perdedora de la I Guerra Mundial.

Pronto Alemania arrastra millones de parados desesperados que no ven salida a su situación, y en medio de este caldo de cultivo, está Adolf Hitler, gran orador y con un discurso patriótico especialmente diseñado para cautivar a los más afectados por la crisis. Promete a los desencantados que más sufren, desempleados, jóvenes, pequeños comerciantes y granjeros, la vuelta de la gloriosa Alemania que les proporcionará una vida mejor.

Si bien antes de la gran crisis en las elecciones de 1924 el partido Nazi apenas llegó a ocupar el 3% del parlamento alemán, en las elecciones de julio de 1932 alcanza el 40%, y aunque en noviembre del 32 pierde votos y sigue sin alcanzar la mayoría suficiente, llega a tener el 33 por ciento de los votos. Sus votos siguen sin ser suficientes para formar gobierno, pues para ello es preciso obtener el apoyo de dos tercios del Reichstag (parlamento alemán).

El partido Nazi no es nada amable con las religiones, ellos “invocan la indispensable arma del espíritu de la sangre y de la tierra contra la peste hebrea y el cristianismo».

Esto hace que antes de 1933 los obispos católicos de Alemania se opongan a la filosofía Nazi, pues está marcada de un gran sentido pagano.

La Iglesia Católica a través de su semanario católico de mayor circulación en Alemania, el 11 de septiembre de 1931, llega a decir que:

“Nacionalsocialismo significa enemistad con las naciones vecinas, despotismo en los asuntos internos, guerra civil, guerra internacional. Nacionalsocialismo significa mentiras, odio, fraticidio y miseria desencadenada. Adolf Hitler predica la ley de las mentiras. Habéis caído víctima de los engaños de alguien obsesionado con el despotismo. Despertad.”

Incluso emite las siguientes prohibiciones a sus feligreses:

  • Los católicos no pueden pertenecer al Partido Nacionalsocialista ni asistir a sus concentraciones.
  • Los miembros del partido no pueden recibir los sacramentos ni ser enterrados como cristianos.
  • Los nazis no pueden asistir en formación a ningún acto católico, incluidos los funerales.

Curiosamente por estas declaraciones el partido católico Zentrum es apoyado y votado en masa por los judíos.

Pacelli, Nuncio en Alemania. 1925

Foto de Pacelli, Nuncio en Alemania. 1925. Pacelli es nombrado Nuncio apostólico en Baviera el 23 de abril de 1917. El 7 de febrero de 1930 es nombrado secretario de Estado del Vaticano. Se convierte en el Papa Pío XII el 2 de marzo de 1939. Fuente foto Wikipedia (De Bundesarchiv, Bild 102-01056 / CC-BY-SA 3.0, CC BY-SA 3.0 de, )

Pero todo esto cambia cuando el arzobispo Eugenio Pacelli, antiguo nuncio de Su Santidad en Alemania, y futuro Pío XII, es nombrado secretario de Estado del Vaticano.

Una de las principales misiones de Pacelli en Alemania es:

La imposición, a través del código de derecho canónico de 1917, de la suprema autoridad papal sobre los obispos católicos, clérigos y fieles.

Para lograrlo tiene que renegociar los concordatos existentes con los estados regionales alemanes, y propiciar una alianza entre todas las fuerzas de la derecha alemana, con la esperanza de poder negociar un concordato con la propia nación alemana que sirva para solidificar definitivamente la autoridad del Vaticano.

A pesar de los principios del partido Nazi, Hitler sabe perfectamente que, le guste o no, el éxito del Tercer Reich pasa necesariamente por mantener unas buenas relaciones con el Vaticano. En su obra Mein Kampf (Mi lucha) recuerda a sus lectores cómo el partido católico venció al mismísimo Bismarck cuando éste intentó hacer una política denominada Kulturkampf (Lucha cultural) contra el poder de la Iglesia Católica.

Hitler tiene muy claro que el nacionalsocialismo no puede permitirse el lujo de incurrir en los mismos errores que la Kulturkampf, así que decide incorporar el cristianismo al texto de sus discursos, presentando a los judíos no sólo como los enemigos de la raza aria, sino también de toda la cristiandad.

Pacelli está interesado en tener buenas relaciones con Hitler, pues piensa que representa la garantía de que el comunismo no fructificará en Alemania, ya que en aquel momento la Iglesia opina que:

“El comunismo es intrínsecamente perverso porque socava los fundamentos de la concepción humana, divina, racional y natural de la vida misma y porque para prevalecer necesita afirmarse en el despotismo, la brutalidad, el látigo y la cárcel”.

Por otro lado, contar con los favores de Hitler le puede conducir a la firma de un concordato tan ventajoso como el establecido en su día con Mussolini .

Pacelli no cuenta con experiencia pastoral directa, ni en parroquias ni en diócesis, sin embargo cuenta con la ventaja de que toda su carrera se ha desarrollado en la administración vaticana y especialmente el período en el que estuvo como nuncio en Alemania, lo que hace que esté sumamente familiarizado con los entresijos políticos del país.

El cardenal tiene múltiples contactos en el partido católico Zentrum, sobre todo cuenta con su gran amigo Ludvig Kaas, un sacerdote que llegó a presidente de esta formación política. A través de Kaas, Pacelli presiona al partido para que negocie una alianza con Hitler.

Cuando Heinrich Brüning, que encabeza en 1930 un gabinete de centro derecha es elegido canciller, Pacelli le sugiere que le ofrezca a Hitler un puesto en el gabinete, pero no lo hace y tanto el Vaticano como el presidente de su propio partido acaban retirándole su apoyo, dejando al gobierno a merced de sus enemigos.

Brüning es finalmente sustituido por Franz von Papen, que a instancias de Kaas, convence al presidente Hindenburg, que miraba con recelo y desdén a los nazis, para que llamase a Hitler para formar gobierno.

Adolf Hitler es nombrado canciller alemán el 30 de enero de 1933.

Tiene lugar “la marcha de las antorchas” en la que los entusiasmados seguidores de Hitler y de su política se lanzan a las calles para festejar lo que acababa de ocurrir y que apenas pueden creerse. Como dijo Goebbels: “Hitler es canciller del Reich”.

Esa noche, multitud de judíos, comunistas, simpatizantes con la izquierda, homosexuales, científicos y artistas comprometidos, vanguardistas, enfermos crónicos, etnias y minorías, desplazados, inadaptados, asociales, retrasados mentales… temblaron, pavorosos e indefensos en los rincones más ocultos de sus casas; se sabían desamparados.

Viñeta de David Low – 1933A pesar de que el partido nacionalsocialista, está en minoría, Hitler tarda sólo tres días en convocar nuevas elecciones.

El 27 de febrero de 1933 tiene lugar el Incendio del Reichstagel parlamento alemán es destruido por un fuego, lo que a Hitler le favorece enormemente para llevar a cabo sus planes. Se acusa a un comunista holandés mentalmente inestable llamado Marinus van der Lubbe, quien fue ejecutado por el crimen, pero está claro que él no reúne las condiciones físicas y mentales para ser el autor intelectual o material del delito. Abundan las pruebas, entre ellas declaraciones que hizo el presidente del Reichstag y posterior jefe de la Gestapo Hermann Göring, que indican que el incendio se llevó a cabo por órdenes del Gobierno de Hitler.

Hitler acusa a los comunistas y utiliza este hecho para arrogarse poderes extraordinarios en Alemania, convence al presidente alemán para declarar el estado de emergencia. De esta manera, las libertades personales protegidas por la constitución quedan suspendidas.

Viñeta de David Low - 1933

Con los poderes dictatoriales que le concede el estado de emergencia, Hitler encarcela a más de 4.000 funcionarios comunistas, así como a gran número de dirigentes socialdemócratas y liberales, en la última semana de la contienda electoral. Se le imponen más restricciones a los medios de difusión que no eran nazis o nacionalistas. Hasta encarcela a miembros del Reichstag, que supuestamente gozan de inmunidad parlamentaria.

En las elecciones del 5 de marzo los nazis logran un 45 por 100, lo que hace que Hitler siga sin alcanzar en el Reichstag los dos tercios necesarios para hacer su revolución y establecer la dictadura con el consentimiento del Parlamento.

Entonces decide recurrir a un procedimiento extraordinario recogido en la Constitución alemana y pedir al Reichstag la aprobación de una ley de plenos poderes, que se conocerá como la “Ley Habilitante“. Si lo consigue sabe que le conferiría a su gabinete facultades legislativas durante los siguientes cuatro años.

Para aprobar la ley, sigue necesitando los dos tercios de la Cámara y los nazis precisan el apoyo del Zentrum, que posee un 14 por ciento de los votos.

El cardenal Pacelli condiciona el apoyo a la firma de un concordato con el Vaticano.

El proyecto de ley se aprueba, en parte debido al arresto de varios oponentes comunistas y socialistas antes de la votación para el proyecto y porque finalmente:

Hitler consigue la mayoría absoluta gracias a las gestiones secretas de la Santa Sede, por escaso margen, y así los nazis consiguen que se apruebe la ley de plenos poderes: “La Ley Habilitante“.

El Vaticano, que tiene la condición de estado soberano, es el primer estado en reconocer formalmente la legitimidad del gobierno de Adolf Hitler.

A partir de ese momento, la Iglesia alemana se ve forzada a reconsiderar su actitud anterior hacia los nazis.

Los cristianos católicos, para los que la voz de la Iglesia es sagrada, se convierten en leales al gobierno “legalmente establecido” y se ven forzados a cumplir con los deberes de la ciudadanía, rechazando por principio todo comportamiento ilegal o subversivo.

De esta manera, el potencial de oposición al nazismo de veintitrés millones de católicos alemanes queda anulado. Como muestra del cambio de clima entre la Iglesia y el nazismo, se permitió que los católicos se afiliaran al partido y se volvió a administrar los sacramentos a los nazis.

Entre tanto los nazis, aunque dejan tranquilos a los católicos, siguen llevando a cabo todo tipo de atropellos. Merece especial atención el que tiene lugar el 10 de mayo de 1933 con la “la quema de libros de Berlín“. El ministro de Esclarecimiento Popular y Propaganda Goebbels sabe que alinear el arte y la cultura alemana con los objetivos nazis es de suma importancia, y condena las obras escritas por judíos, liberales, izquierdistas, pacifistas, extranjeros y otros como “no alemanas”. Los estudiantes nazis marchan con antorchas en “contra del espíritu no alemán” y comienzan la quema de libros en la mayoría de las universidades alemanas.

Suceden actos como éste, y persecuciones a todos los contrarios al régimen, llevadas a cabo por las temidas Schutzstaffel (SA-SS) y aun así el Vaticano decide firmar el concordato.

Hitler cumple su parte del trato y el concordato se termina de redactar el 1 de julio de 1933. Como en el caso italiano, los términos del acuerdo son sumamente favorables para la Iglesia.

El acto de la firma tiene lugar el 20 de julio de 1933. Los firmantes son Von Papen, en representación del estado alemán, y Pacelli, en el del Vaticano.

Firma del concordato entre el gobierno nazi y el Vaticano

Firma del concordato entre el gobierno nazi y el Vaticano. Pacelli en el centro y Von Papen a su derecha.

La firma se cubre de boato:

El nuncio Orsenigo celebra una misa solemne de acción de gracias en la catedral de Berlín, finalizándola con la entonación del Horst Wessel Lied, el himno del partido nazi.

Desde la firma del concordato los católicos alemanes quedan sujetos al código de derecho canónico, las obras sociales de la Iglesia reciben apoyo popular y no se toleran críticas públicas a la doctrina católica.

El concordato cuenta con un sustancioso apartado económico que toma forma con el establecimiento del Kirchensteuer, un impuesto aplicable a todos los católicos alemanes.

El impuesto firmado en el concordato supone un enorme caudal de recursos económicos para la Iglesia, ya que se deduce directamente de la nómina de los trabajadores y supone un 9 por 100 del total del salario bruto.

Millones de marcos fluirán gracias a este concepto. Llama poderosamente la atención que este impuesto, negociado y establecido por Hitler se sigue manteniendo hoy en día en Alemania.

A cambio de tanta generosidad, Hitler sólo pide un “pequeño favor” añadido: la disolución del partido católico Zentrum, petición que Pacelli, nublado quizá por la ambición del “suculento concordato” que había conseguido, le concedió.

Hitler sabía muy bien lo que estaba haciendo, y no solo se deshace del único partido que le podía molestar en su camino, sino que además, se reserva como garantía el artículo 16 del concordato, según el cual todos los obispos alemanes están obligados a realizar un juramento de lealtad al Tercer Reich.

“Juro ante Dios y sobre los Santos Evangelios y prometo, al convertirme en obispo, ser leal al Reich alemán y al Estado. Juro y prometo respetar al gobierno constitucional y hacerlo respetar por mis clérigos”.

Los poderes de Hitler, ya sin límites hacen que a mediados de julio de 1933, el partido Nazi sea el único partido político permitido en Alemania.

El 2 de agosto de 1934 muere el presidente Von Hindenburg, tan sólo una hora después se anuncia que se unifican los puestos de presidente y canciller en la persona de Adolf Hitler.

Se convoca un plebiscito para ratificar la medida y, gracias a la poderosa maquinaria de propaganda nazi en manos de Goebbels:

El 19 de agosto de 1933 el pueblo alemán vota afirmativamente por abrumadora mayoría, convirtiéndose Adolf Hitler en amo absoluto de Alemania.

Viñeta de David Low - 1933

Viñeta de David Low – 1933

Es a partir de este momento cuando comienza un sistemático acoso a los católicos alemanes. Los nazis vuelven a perseguir a los sacerdotes, las escuelas y las organizaciones religiosas y culturales católicas. De hecho, se puede decir que:

Los únicos términos del concordato que respeta Hitler, curiosamente son los económicos.

Hitler obliga al ejército a hacer un juramento de lealtad personal específicamente a su persona, algo novedoso, pues anteriormente el ejército realizaba ese juramento hacía la patria, a Alemania.

Adolf Hitler ahora ya es Presidente del Reich (jefe de estado), Canciller del Reich (jefe de gobierno) y Führer (líder del partido nazi). El título oficial de Hitler se convierte en “Führer y Canciller del Reich“.

Así es como Hitler impone la dictadura en Alemania habiéndose servido de la democracia, manejando estratégicamente los intereses de los conservadores y de la Iglesia Católica.

Nos hacemos dos preguntas:

El Papa de Hitler. La historia secreta del Pío XII. John Cornwell.

1- ¿Por qué conociendo Pacelli todo lo que sabía de Hitler fue capaz de elevarlo hasta el poder supremo, pues su colaboradora cercana, sor Pasqualina, cuyos testimonios han sido confirmados por otros testigos, dijo que Pacelli comentaba de Hitler lindezas como:

“Este hombre está completamente exaltado; todo lo que dice y escribe lleva la marca de su egocentrismo; es capaz de pisotear cadáveres y eliminar todo lo que le suponga un obstáculo. No llego a comprender como hay tantas personas en Alemania que no lo entienden y no saben sacar conclusiones de lo que dice o escribe. ¿Quién de éstos al menos se ha leído su espeluznante Mein Kampf?”.

2- ¿Cómo es posible que los católicos no recuerden que el Vaticano los dejó indefensos, al consentir en deshacer su partido político y los traicionó y entregó al loco y desalmado Hitler, por la firma de un Concordato de pingües beneficios económicos, que se mantiene hasta el día de hoy?

Autores

Texto: Simone Renn

Viñeta: Ben

Tuits destacados

Fuentes y enlaces de interés

AgatonLa iglesia ayudó Hitler a ganar el poder absoluto en 1933

John Cornwell. El Papa de Hitler.

El DiarioEmigrar a Alemania si estás bautizado se paga caro: un 9% en impuestos

Investigative Journal.  Hitler and Pope Pius XII good buddies

Una utopia, una esperança. La història de Josep Alomà.  Hitler-Vaticà: les amistats perilloses

EIR. Steve Douglas. Capitular a fascistas puede resultar fatal. El caso de Alemania de 1933 a 1934

WikipediaAscenso al poder de Adolf Hitler

BBCMundo. Nazismo

United States Holocaust Memorial Museum. Hitler llega al poder.

United States Holocaust Memorial Museum. El Régimen Nazi.

Wikipedia. Ley Habilitante de 1933

Wikipedia.  Reichskonkordat Concordato aún vigente, firmado el 20 de julio de 1933 entre Alemania y la Santa Sede

Wikipedia. Pío XII

Público.  Alemania paga sus últimas deudas de la Primera Guerra Mundial

Wikipedia. Benito Mussolini

(3) Cornweil, John, op. cit.

Wikipedia. Heinrich Brüning

El OdradekEl Reich de fuego (1) 20-03-2012

WikipediaQuema de libros por los nazis

ABC. La quema de libros por los nazis. 21-04-2015

British Cartoon Archive