Es 24 de diciembre, Doña Caridad se pone sus mejores galas.
Cierra la puerta y en el rellano se encuentra con la señora Amor.
He visto que ayer has hecho una gran colada, le dijo Amor, tras saludarla.
Sí, ya sabes llegan estas fechas y la conciencia hay que lavarla.
Ayer tocaba repartir juguetes a niños pobres, llegué a tiempo, pensé que no llegaba, tuve que pasar por la joyería a recoger mi nuevo collar de diamantes que luciré en la cena de esta noche, y el dependiente era lento, no sé qué le pasaba.
Y tú a dónde te diriges, le dijo Doña Caridad por cortesía después de repasar de arriba a abajo su extraña pero linda indumentaria.
Voy como de costumbre a la casa de mis sobrinos en la montaña.
Qué incómodo verdad cargar con los regalos, qué lata.
Y tú, qué raro, no vas cargada.
Es que a mí me gusta repartir siempre regalos, no espero fechas determinadas, y para mí nunca son una carga.
Qué rara eres Amor, nunca entiendo tus frases complicadas.
La Señora Amor se despide con un abrazo deseándole que pase una buena noche, y Doña Caridad tras mirar si el abrazo inesperado ha causado a su abrigo alguna arruga indeseada, hace un gesto con la mano al que añade un “Chao Amor, Feliz Navidad y Felices Pascuas”.

¡¡Felices Fiestas!!
¡¡Feliz 2018!!

Que el amor y la justicia nos guíe a tod@s, los tengamos por vecino y vecina y llenen siempre nuestras vidas 😉

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