El sentido del humor es la capacidad para poner distancia ante los hechos, tiene que ver con la flexibilidad mental y la esperanza.

Reír es cortar el drama, conciliar con la realidad y la temporalidad. Darse cuenta de que todo es provisional y nada dura para siempre.

La risa es una tregua aun en los momentos más difíciles.

Nos reímos del absurdo, de aquello que no creemos posible, o del pasado como prueba de haberlo resuelto.

Reímos de la propia risa, contagiosa, invencible e irreverente.

El humor es una catarsis del sufrimiento y la frustración, pero a diferencia de las lágrimas que identifican y compadecen, reír nos aleja de lo serio; aunque para poder percibir una situación cómica es necesario haberla comprendido en su trascendencia.

El sentido del humor es una poderosa arma frente a la invasión de los acontecimientos, sobre todo cuando éstos rebasan el ámbito racional.

La risa revoluciona positivamente la profunda bioquímica del cerebro, permitiendo que se liberen sustancias que hacen que nos sintamos bien y, por tanto, nos ayudan a relativizar la propia vida.

Es posible cambiar la visión de la realidad, ampliarla desdramatizándola, cuando se introducen en ella sesgos humorísticos más cercanos al sentido común de lo que podría parecer.

La sorpresa, lo inesperado, son factores esenciales para que encontremos una situación o una expresión cómica.

Cuando nos reímos, emerge nuestro niño interno y nos reconciliamos con el mundo en un guiño cómplice que nos transporta a la infancia más cándida.

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