Ilustración de Ben– @BenBrutalplanet 

Artículo de Simone Renn – @SimoneRenn

Israel proyecta un mundo de modernidad y democracia frente al Mundo Árabe, cuando en realidad no es así, y no puede ser así cuando a efectos prácticos la mujer es considerada una propiedad del hombre.

El extremo del machismo lo representan los judíos ultraortodoxos, conocidos también como jaredíes, que mientras ellos lucen sus tirabuzones, sus esposas se ven obligadas a raparse la cabeza para no atraer a los hombres, o a ocultar su cabello cubriéndolo con pañuelos, sombreros o pelucas que deben ser aprobadas por los rabinos.

La entrada de los ultraortodoxos en la coalición que gobierna Israel ha multiplicado su influencia en la sociedad y en la vida cotidiana de los israelíes.

Hoy en día la inmensa mayoría de los hombres jaredíes no trabajan y se dedican en exclusiva a estudiar los libros de su religión, la Torá y el Talmud.

En el Mundo occidental se ve con buenos ojos como las mujeres del Mundo Árabe luchan contra el sometimiento de la sociedad machista en la que están obligadas a vivir.

Cada vez son más las mujeres que desafían al régimen de los ayatolás, por ejemplo quitándose el hiyab y agitándolo con un palo en lugares públicos, imitando a una joven anónima que inició el movimiento y que ahora se conoce como Miércoles Blancos”.

Mientras tanto nada se dice de cómo avanza de forma silenciosa, y con el beneplácito de la derecha judía, el machismo de los ultraortodoxos impregnando la sociedad israelí.

Incluso las empresas europeas sucumben al machismo ultraortodoxo. Su influencia es tal, que ha hecho por ejemplo que en el catálogo de IKEA de 2017 de Israel, dirigido a los ultraortodoxos, hayan desaparecido las mujeres y niñas de sus páginas, lo que supone una auténtica denigración. En el catálogo no aparece ni una sola imagen en la que se vean mujeres o niñas y sin embargo está plagado de escenas en las que los protagonistas son siempre varones: Padres e hijos en ambientes idílicos en los que las madres y las hermanas son invisibles.

La mujer ha sido considerada como una perpetua menor de edad y no es de extrañar que en las plegarias más antiguas de los hebreos el hombre diera gracias a Dios por no haber nacido infiel, mujer, esclavo o ignorante, mientras tanto las mujeres hebreas se limitaban a agradecer al Señor por haber sido creadas “según su voluntad”.

¿Quiénes son los ultraortodoxos, qué pretenden y por qué tienen tanto poder?

En la actualidad la comunidad ultraortodoxa supone un 11% de la población de Israel que les está sirviendo para imponer sus creencias en los modos de la vida cotidiana.

La comunidad Jaredí es la que aumenta con mayor rapidez en el país. Su tasa de crecimiento poblacional es del 6%, frente al 1,8% del resto de los israelíes.

Algunos ejemplos de cómo están imponiendo sus costumbres, son que mujeres y hombres vayan separados en un autobús, o que en ciertos lugares que ellos controlan ellas tengan que caminar por una acera y los hombres por la otra, y teniendo en cuenta que cada familia ultraortodoxa tiene una media de  8 a 10 hijos, esto supone que pronto alcanzarán porcentajes mucho mayores, y su poder crecerá aun más.

La visión fundamental de los jaredíes es que el mundo que les rodea es una fuente permanente de perversión.

Tienen una obsesión con la perversión del sexo y para ellos la televisión o la publicidad son una fuente de imágenes sexuales, además en ellas aparecen elogios a valores como la independencia del individuo, el relativismo ideológico, la igualdad de sexos o de religiones.

Según los jaredies resulta ilusorio creer, como hacen los judíos ortodoxos, que se puede vivir en ese mundo a la vez que se respetan estrictamente los 613 preceptos de la Torá. Para ellos la amenaza es permanente y para no sucumbir a ella es necesario vivir en grupo, en barrios separados y bajo la estricta dirección de los rabinos.

El cabello de las mujeres parece que supone una de las mayores perversiones para los ultraortodoxos, y la mayoría de los rabinos, desde la época de compilación del Talmud, consideran que el pelo de una mujer es parte de su belleza única que debe estar reservado únicamente para el disfrute de su marido. Este es el motivo por el que según el grupo ortodoxo al que pertenezcan, o rabino que le corresponda, la mujer casada debe raparse el pelo, llevarlo corto o como mínimo siempre debe cubrirlo con un pañuelo, sombrero o peluca aprobada por el rabino.

El colectivo ultraortodoxo aunque supone solo un 11% de la sociedad de Israel juega un papel determinante en el actual gobierno de su país, ya que se convirtieron en la llave para que el partido del conservador Bejamín Netanyahu permanezca en el poder, lo que hace que los ultraortodoxos ocupen papeles predominantes en la sociedad Israelita.

Los hombres ultraortodoxos hasta ahora tan solo han tenido una ocupación, estudiar la Torá y el Talmud, no han estado obligados a realizar el servicio militar, no trabajan y son mantenidos por el Estado.

Mientras tanto:

Aunque las esposas de los ultraortodoxos son el motor de la familia, están condenadas a no tener vida propia, dirigida sólo a obedecer, trabajar y procrear. Se encuentran relegadas a ocupar lugares especiales incluso en los autobuses y por supuesto en eventos y lugares de estudio permanecen separadas, y sin capacidad de decisión y opinión en la sociedad, que queda reservada para los hombres.

Las mujeres visten de forma austera, de oscuro, falda larga y con todo el cuerpo tapado. Las que están casadas se ven obligadas a raparse la cabeza para no atraer a los hombres y se cubren su calva con pelucas, pañuelos (el tichel que pueden tener diversos colores) o sombreros.

Sus maridos suelen ser elegidos por los padres y siempre con el visto bueno de los rabinos. Un matrimonio se puede concertar con haberse visto tan solo un par de veces.

Una vez casadas las mujeres han de tener relaciones sexuales siempre sin preservativo. La semana que tienen la menstruación y la siguiente no pueden ser rozadas por sus maridos.

Cuando ha finalizado el período de la menstruación la mujer debe sumergirse en un baño o mikvah antes de reanudar relaciones con su esposo. El mikvah se utiliza tradicionalmente para limpiar a una persona de las impurezas, es un ritual de purificación.

Si esta es la vida de una mujer casada, peor puede que lo tenga una mujer que se queda soltera, pues según los ultraortodoxos es lo peor que le puede suceder a una mujer, ya que en ese caso está condenada al ostracismo.

Las familias jaredíes se mantienen con los subsidios proporcionados por el Estado. Un elevado porcentaje de jaredíes, que algunos cuantifican hasta en un 88%, vive bajo el denomminado umbral de la pobreza.

Las mujeres que trabajan fuera de casa se contentan con recibir salarios bajos, a cambio de poder trabajar cerca de casa o de tener menos horas de jornada laboral, para poder atender a su marido e hijos.

El matrimonio y el divorcio en Israel

A efectos prácticos la mujer es considerada una propiedad del hombre.

En Israel no existe el matrimonio civil, tan solo el religioso. Se han llevado a cabo varios intentos para que esto cambie, pero desde 1953 solo las cortes rabínicas pueden conceder el matrimonio o el divorcio.

En el judaísmo, para que una pareja se divorcie la mujer debe pedirle al marido un gett, un documento para el trámite. Pero algunos esposos se niegan.

Existen miles de mujeres en Israel que no consiguen el divorcio de sus maridos, se conocen como “mujeres encadenadas“, pues su situación es la de estar encadenadas a sus maridos, aunque ya no vivan con ellos.

Una mujer cuyo esposo se niega a darle el divorcio es realmente rehén de su matrimonio, es la forma más extrema de abuso emocional, porque su marido la está confinando a la soledad.

Como judía devota, se le prohíbe salir con alguien, volver a casarse o tener ninguna clase de relación con otro hombre hasta que se divorcie.

A todo ello hay que añadir que los hijos nacidos de parejas judías que no están casadas se consideran bastardos y solamente se pueden emparejar con otros bastardos.

Al igual que el hombre debe conceder un divorcio, una mujer debe aceptarlo, pero hoy en día en Israel, sólo hay uno o dos hombres considerados “encadenados”.

Las organizaciones defensoras de los derechos de las mujeres Yad La’isha y Mavoi Satum señalan una cifra global de varios miles de mujeres que se encuentran “rehenes de su matrimonio” y sostienen que muchas mujeres judías sufren de extorsión financiera y de custodia de sus maridos para obtener un divorcio.

El futuro de Israel estará en manos de los “ignorantes” estudiosos de la Torá

El prestigioso economista israelí Daniel Ben David ha resumido el problema perfectamente: “Si casi la mitad de los niños de Israel están recibiendo una educación del tercer mundo, pronto tendrás una economía del tercer mundo”.

Los niños y adolescentes varones jaredí apenas conocen las que en Israel se clasifican como “materias seculares”, pues su formación se basa en asignaturas estrictamente religiosas, en largas jornadas de memorización de la Torá y eternas discusiones sobre aspectos del Talmud.

La educación primaria jaredí apenas incluye una hora semanal de matemáticas y ciencias.

Una vez ya están en el instituto (Yeshiva ketana), los alumnos se meten de lleno en el estudio de los libros sagrados y nunca más vuelven a instruirse en las materias, como ellos dicen, “propias del mundo terrenal”.

En el mundo masculino Jaredí no existe vocación, existe obligación de solo estudiar los libros sagrados.

Hoy en día el sistema de eudación Jaredí instruye al 20% de los menores de 18 años. Es decir, medio millón de menores desconoce por ejemplo los niveles más básicos de matemáticas. “Todo se basa en charlas con el rabino”.

Se prevé que el año 2030 los ultraortodoxos pasarán a ser casi dos millones y medio, lo que supondrá que un cuarto de los colegiales de Israel serán “niños de Yeshiva”, formados con una educación cuyo nivel en materias seculares es casi nulo.

La educación de las niñas jaredíes en materias seculares es mayor, de hecho serán estas niñas, hechas mujeres las que podrán traer algún ingreso a la familia, siempre que su condición de madre se lo permita y pueda atender a sus 8 0 10 hijos.

El poder político de los jaredíes

Una sociedad sin alta formación caerá en actitudes autoritarias y hoy es un peligro real en Israel.

El jaredí fue en su inicio un movimiento europeo que surgió en contraposición a las corrientes reformistas que nacieron en el seno del judaísmo tras la emancipación que comenzó el siglo XVIII.

Se consideran los guardianes del auténtico judaísmo.

Han construido un modo de vida centrado en el cumplimiento a rajatabla de todas las leyes y preceptos contenidos en el Talmud, lo que les hace estar adscritos a una yeshivá, estár sometidos al consejo y dirección, casi siempre vinculante, de uno o varios rabinos, y a vivir concentrados en pequeños ecosistemas creados para estar, lo máximo posible, al margen de la sociedad, que según ellos “todo lo pervierte”.

Además de en Israel existen grandes comunidades jaredíes en Nueva York, Londres o California.

El barrio donde se concentran más ultraortodoxos en Israel es el de Mea Shearim, en Jerusalén, en donde se corta el tráfico en Shabbat y en el que, mediante carteles callejeros, se ruega vestir ropa recatada a las mujeres.

La religión ha sido para los judíos el escudo en donde guarecerse y protegerse de expulsiones, persecuciones y matanzas hasta el nacimiento del Israel moderno.

El padre fundador del Estado de Israel, David Ben Gurión, buscó el apoyo y el consenso con la comunidad jaredí, para crear el actual estado de Israel. Llegó a pronunciar las palabras:

“Cuidamos al Libro y el Libro nos cuidó a nosotros”

Para garantizar la cohesión con los sectores religiosos, respetados por sectores laicos como guardianes del pueblo, y mantener la idiosincrasia judía del nuevo Estado, Ben Gurión aceptó otorgar a los ultraortodoxos ciertas competencias y privilegios, y aprobar determinadas leyes que desde luego chocan con la esencia de la democracia.

Se les permitió regir sus conflictos y disputas mediante tribunales religiosos (prerrogativa que parece no incluir los delitos y las faltas y todo lo concerniente al derecho penal) y se les concedió el privilegio más polémico de todos en Israel que es obligación para hombres y mujeres en Israel del servicio miliatar obligatorio, si acreditaban estar inscritos en una yeshivá. Una exención que a finales del año ha pasado en principio se les ha terminado lo que ha causado graves revueltas.

A todo este “peculiar mundo jaredí” hay que añadir que existen sectores jaredíes que, aunque sean minoritarios, rechazan totalmente Israel como Estado nación -según ellos, solo el Mesías debe crear un reino para los judíos- pero sin embargo muchos no dudan en aceptar las ayudas sociales del Gobierno cuando las necesitan.

Cuando la izquierda en Israel dejó de ser mayoritaria los jaredíes se convirtiron en bisagra y los partidos mayoritarios han evitado enfurecerles, de manera que su papel bisagra ha ido creciendo.

Apoyados por el poder de la Rabanut (el ministerio público religioso encargado de las competencias antes mencionadas) y de los escaños en el Parlamento, han conseguido una influencia que no está acorde con el porcentaje de población que representan, y han hecho que la religión sea un debate central en las inquietudes políticas de los israelíes.

Hasta 1977 el porcentaje de hombres jaredíes que trabajaban era de un 80%, pero cuando comenzaron a formar parte del Gobierno de Menahem Beguin, empezaron a obtener subvenciones y hoy en día la inmensa mayoría no trabaja y se dedican en exclusiva a estudiar los libros de su religión, la Torá y el Talmud.

Los ciudadanos laicos y no ultraortodoxos cuentan este chiste:

En Israel, un tercio de la población va al ejército, un tercio de la población trabaja y un tercio paga impuestos. Y siempre es el mismo tercio

Aquellos ultraortodoxos que intentan salir de su forma de vida, no lo tienen nada fácil, y menos las mujeres. No están preparados para trabajar en el mundo real y además son rechazados por sus familiares y amigos jaredíes.

Muchas mujeres que quieren salir del mundo ultraortodoxo tienen incluso que renunciar a sus hijos, cuya custodia queda en manos de sus padres ultraortodoxos.

Existen asociaciones que ayudan a los ultraortodoxos a incorporarse a la vida que existe más allá de los barrios jaredíes.

Salir del mundo jaredí es realmente “un milagro”.

Gett: El divorcio de Viviane Amsalem

El divorcio de Vivane Amsalem es una película de 2014 franco-israelí que muestra como en un país bélico, como lo ha sido y es Israel, parece que solo en el ejército las mujeres se igualan a los hombres: por necesidad militar, en la práctica, el hombre es dueño de la mujer.

Sinópsis

Viviane Amsalem se separó hace años de Elisha, su marido, y ahora quiere un divorcio legal para no convertirse en una marginada social. En Israel, el divorcio sólo es posible si el marido da su consentimiento. Sin embargo, Elisha, no está dispuesto a aceptarlo. Viviane tendrá que luchar ante el Tribunal Rabínico para lograr lo que ella considera un derecho. Así se verá inmersa en un proceso de varios años en el que la tragedia competirá con lo absurdo y absolutamente todo se pondrá en tela de juicio.

 Reflexión

Hitler entró en el gobierno de Alemania porque los conservadores cedieron parte de sus ministerios a los nazis, para conseguir el número de votos precisos para formar gobierno.

Los nazis eran una minoría, y sin embargo terminaron acaparando el gobierno, consiguiendo aprobar nuevas leyes ante un partido conservador desgastado, de forma que acabaron echando incluso a los conservadores del gobierno y recluyendo a socialistas y comunistas en campos de concentración.

Recordemos que Hitler alcanzó el poder gracias al Vaticano.

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Tuits de interés

Fuentes y enlaces de interés

Wikipedia. Jaredí o ultraortodoxo

Wikipedia. Sionismo

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BBC. Las mujeres judías atrapadas en matrimonios fracasados 18-03-2014

El MundoMachismo ortodoxo 9-04-2012

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