Viñeta Eneko – @EnekoHumor

Artículo de Caracola – @carolacaracola5

 

Vaya por delante que entiendo que no ir a votar es una de las muchas opciones que tenemos en una democracia y por lo tanto es respetable, pero como todas las decisiones desencadenan una serie de consecuencias que no podemos obviar.

Nuestra democracia siempre se ha caracterizado por recurrir poco a la participación ciudadana. En 43 años apenas se ha utilizado el procedimiento del referéndum y hubo miles de ocasiones en las que se pudo haber usado. El ejemplo más claro y antidemocrático es el referéndum que el Estado nos debe al pueblo, el del modelo de Estado, la elección entre República y Monarquía. Tan demandado como negado cobardemente por un Estado que aún no se atreve a alterar la voluntad de un dictador que debería estar más que olvidado pero que si está aún tan presente es porque el Estado se resiste a dejar atrás su voluntad y su legado.

Entiendo que alguien pueda sentir desafección por un Estado que a través de sus distintos gobiernos deshumanizados nos haya hecho sentir olvidados, maltratados y utilizados y por una clase política gobernante cuya constante corrupción nos ha decepcionado una y otra vez. De ahí mayoritariamente surge la desafección al sistema, de la decepción y la insatisfacción. De ahí que surja la idea de darle la espalda al sistema y no acudir a sus escasas convocatorias.

Humanamente lo puedo entender pero no lo comparto. Podemos darle la espalda al sistema pero el sistema no dejará de formar parte de nuestra vida. Ese mismo sistema, ese Estado a través de sus gobiernos seguirá ahí para regir buena parte de nuestra vida cotidiana: las condiciones de nuestra hipoteca o alquiler, nuestros sueldos, nuestras condiciones laborales, nuestros derechos, nuestros servicios públicos e incluso para actuar en nuestro nombre en cuestiones que aunque no seamos nosotros los directamente afectados, sí forman parte de nuestra sociedad, como el acogimiento de refugiados o emigrantes…

Y ya que de eso no nos podemos desentender, mejor será que participemos en la elección de quien preferimos que nos gobierne que es al mismo tiempo una manera de elegir quien no queremos que nos gobierne. Tal vez esto último sea más importante de lo que parece. Puede que otro de los motivos por los que decidamos no ir a votar es porque no nos sentimos representados ni identificados por ninguna de las candidaturas que se presentan. En este caso, estoy segura de que unos nos desagradarán más que otros. Esta situación es la que yo suelo denominar como “votación por selección y no por elección”.

Seguro que en el espectro político, aunque no nos sintamos plenamente identificados con ninguna candidatura, sí podemos graduar nuestro grado de rechazo hacia las distintas opciones. Por ejemplo, si un potencial votante se sitúa ideológicamente en la izquierda, aunque ninguna candidatura de izquierda el satisfaga plenamente, está claro que le causarán más rechazo los candidatos de derecha. Si no vamos a votar estamos dando la oportunidad de que esos candidatos del espectro de la derecha se hagan con el triunfo. Entonces es cuando podemos elegir a nuestro candidato como un “mal menor”. Este no, aquel menos, este otro mucho menos… pues me quedo con el “no” para que no gobierne el “mucho menos”· Es una manera de votar contra quien tienes claro que no quieres que gobierne.

Es posible que el sentimiento del valor cívico de votar, como compromiso con el sistema no sea un argumento muy estimulante para quien quiere darle la espalda al sistema. Pero puede que sí nos sintamos más estimulados por el compromiso con nuestros conciudadanos que serán los que con nosotros pueden sufrir un gobierno cruel e inhumano. Es decir que sí puede ser un argumento válido el ir a votar por compromiso social e incluso histórico. Recuerdo una vez que decidí no ir a votar y alguien me dijo: mira, en este país mucha gente murió por defender el derecho al voto que tú ahora desprecias. Reconozco que me impactó, me hizo reflexionar y nunca más dejé de ir a votar, aunque fuese un voto por “selección y no por elección”, un voto contra quien no quiero que me gobierne ni me represente.

Estas elecciones, tal y como se presentan y con los posibles resultados que pueden acarrear van a requerir de una gran movilización de la izquierda. El auge de la ultraderecha así lo está demandando. Por eso, votante potencial de la izquierda haz tu elección o tu selección y no le des facilidades a la ultraderecha para que desde un gobierno elegido a través de un proceso “democrático”, rebaje aún más tus derechos y nos metamos en un túnel de regresión democrática. Sí, no tenemos un panorama democráticamente satisfactorio pero aún puede ser peor. Mejor será seguir luchando por avanzar a dar ocasión a la involución.

Tras los triunfos de Trump y Bolsonaro, o tras los resultados de las elecciones andaluzas muchas personas salieron a la calle al día siguiente a mostrar su rabia y su decepción. No esperes al día siguiente de los resultados electorales. Coge tu rabia, tu decepción y el 28 de abril, sal y vota.

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Público.es: Andalucía: Mayoría absoluta de quienes no votaron a nadie  03-12-2018

Esquire.com: La ley electoral española, ¿cómo funciona y por qué hay quien quiere cambiarla? Guía básica (fácil y rápida) para entenderlo todo de una vez 15-02-2019

Diario.es: Manifestaciones antifascistas con miles de personas en varias capitales andaluzas tras los resultados de los comicios 03-12- 2018

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