Viñeta de Ferran Martín – @ferranmartin

Artículo de Caracola – @carolacaracola5

Mi hija me pintó dos líneas moradas en la cara y allá nos fuimos… ¡A la mani feminista!

Llegamos a la calle saliendo por la boca del aparcamiento subterráneo y… ¡Buf! ¡Cuánta gente! La manifestación ya en marcha. Nos incorporamos.

Como en todas las manifestaciones, la pregunta ¿Somos muchas? ¿Ha venido mucha gente? De puntillas, mirando hacia adelante, no veía la cabecera; mirando hacia atrás, no veía la cola… Me subí a un banco… ¡Y lo mismo! No veía los extremos. Qué satisfacción. Aquí hay mucha gente.

Empecé a fijarme en mi entorno… Mujeres de todas las edades. Mujeres mayores con sus amigas. Mujeres que se notaban de las luchadoras de toda la vida, curtidas en muchas manis. Grupos de universitarias. Familias con sus hijas pequeñas y adolescentes… ¡Bien! Aquí no ha faltado ninguna. Y hombres. Hombres acompañándonos.

Al sentir que esta convocatoria estaba siendo un rotundo éxito que había superado mis expectativas, empecé a repasar mentalmente a quienes habían despreciado este día de lucha. Con sonrisa socarrona, me acordé de quienes nos dijeron que teníamos el demonio en el cuerpo; de quienes politizaron la lucha viendo anticapitalismo, comunismo; de las de la huelga a la japonesa y de la concejala de Igualdad de mi ciudad que decía, entre otras cosas, que esta jornada solo servía para enfrentar a mujeres con hombres… A esa hora, todos ellos debían estar atragantados.

Me centré en por qué estaba yo allí y en los motivos para estar. Motivos hay muchos, una lista interminable. Pensé que solo uno de ellos era suficiente para estar: las 49 mujeres asesinadas por violencia machista el pasado año, asesinadas solo por ser mujeres, que según las organizaciones feministas llegan a 99. Ellas eran las que no podían estar hoy marchando con nosotras y solo su ausencia, ya era razón más que suficiente para estar.

Pensé que también estaba por mi hija, para que todo le vaya mejor que a mí. Recordé también que, siendo estudiante universitaria, por las noches, cuando estaba cansada de estudiar, me gustaba salir sola a una discoteca cercana a mi casa y relajarme un rato bailando… Tuve que dejar de hacerlo. Descubrí que, supuestamente, una mujer bailando sola “emite mensajes” que yo no tenía ni la más mínima intención de emitir y eso hizo que empezase a tener miedo a regresar sola a casa… Tuve que dejar de hacerlo. Y ¡Qué rabia me dio tener que tomar esa decisión!

Con cánticos y una enorme alegría acabó la manifestación. Regresamos a casa felices y muy satisfechas. En las redes sociales encontré muchas mujeres de distintas ciudades que expresaban lo mismo que yo, todas con las mismas palabras: la huelga, las manifestaciones habían superado nuestras expectativas ¡Qué satisfacción! Somos fuertes, somos mujeres, hemos llenado las calles, avenidas, las plazas y nos hemos hecho una en un solo grito: ¡Basta! Basta de desigualdad, de brecha salarial, de miedo, de acoso, de violaciones y basta de muerte.

Enseguida los titulares de prensa que ya habían avanzado el éxito de la convocatoria de la huelga, anunciaban la asistencia masiva a las manifestaciones en multitud de ciudades. El éxito había sido rotundo, incuestionable e indiscutible.

Según los datos que reflejan los medios de comunicación, la huelga ha sido secundada por entre 5 y 6 millones de mujeres de todos los sectores. La repercusión ha sido masiva en el ámbito público: Enseñanza, Sanidad, también en los medios de comunicación, y se ha dejado notar de forma variable en las empresas privadas donde se realizaron paros totales o parciales.

Por otra parte, son también significativas las concentraciones por la mañana frente a ayuntamientos, organismos públicos y empresas privadas.

De una manera u otra: huelga total, parcial, concentraciones, manifestaciones… nadie puede negar que la convocatoria feminista por la igualdad, contra la violencia de género ha sido un éxito indiscutible que ha desbordado las previsiones de la convocatoria.

Así lo ha reflejado la prensa internacional que ha destacado el espectacular seguimiento de la huelga y las manifestaciones en España; medios como el New York Times, la CNN, la BBC, o The Guardian han mostrado al mundo en sus titulares la rotundidad de la respuesta feminista de las mujeres españolas.

Estoy segura de que esta respuesta tan rotunda de las mujeres españolas marcará un antes y un después; estoy segura de que a partir de ahora muchos de nuestros dirigentes políticos se lo pensarán antes de decir “no entremos en eso”, porque saben que las mujeres sí entramos en todo en lo que tengamos que entrar, que nos sabemos defender, que nos sabemos unir y que juntas, hermanadas, sabemos llevar nuestra voz a todos los rincones de este país.

Y los que se atreven a decir que “ellos podrían liderar una lucha feminista transversal” deberían saber que las mujeres españolas no necesitamos líderes, que nos lideramos muy bien nosotras solas.

¡Adelante, hermanas!!!

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