Viñeta Eneko – @EnekoHumor

Artículo de Caracola – @carolacaracola5

En estos días en los que se vuelve a reclamar la protección del lobo ibérico y en los que nos hemos acordado de Félix Rodríguez de la Fuente, he querido acercarme al protagonista de una historia sorprendente y singular; una vida que tras conocerla, podemos concluir con decepción que un lobo puede ser mucho más noble y sensible que el ser humano o que la inteligencia del ser humano no siempre garantiza que vaya a ser mejor que los animales.

Sentada al lado de Marcos me siento intimidada. No me intimida Marcos, sino su historia, su vida. No tengo muy claro si me siento al lado de un lobo o de un hombre. Su aspecto es humano, muy humano, su cordialidad, su constante sonrisa.., pero yo sé que, a pesar de sus 72 años, no se acaba de encontrar aun cómodo entre personas.

Sin duda, la vida de Marcos Rodríguez Pantoja (Añora, Córdoba. 1946) no solo se aparta totalmente de lo habitual, sino que puedo afirmar sin “pillarme los dedos” que es única, al menos en este país. Estoy sentada junto a un ser humano que constituye uno de los pocos casos documentados de niño salvaje criado por lobos, con los que vivió perfectamente integrado en una manada durante cerca de 12 años (1954-1965) en Sierra Morena.

Tras una primera infancia de maltratos, su padre lo vendió con 6 años a un “señorito” que se lo cedió a un anciano cabrero para que le fuese enseñando el oficio. A los pocos meses, los suficientes para haber iniciado a Marcos en “las artes” de vivir en la sierra, el cabrero murió. Marcos, que en ese momento tenía 6 o 7 años, pudo haber regresado a la sociedad que solo lo había molido a palos pero, muy conscientemente, eligió quedarse solo en la sierra donde se sentía más seguro que entre el ser humano.

─Marcos, ¿Qué te resultó más difícil? ¿Integrarte en una manada de lobos o reintegrarte en la sociedad?─
No duda la respuesta. ─Sin duda, fue mucho más difícil reintegrarme en la sociedad del ser humano.─
A poco de morir el cabrero, un día ─y es esta la escena más importante de la vida entre lobos de Marcos R. Pantoja─, Marcos jugaba como uno más con dos lobeznos; una vez cansados, siguió a los cachorros hasta la lobera y se quedaron dormidos. A Marcos lo despertó la pata de una loba que lo zarandeaba como preguntándole ─¿Tú que haces aquí?─ El instinto de supervivencia le hizo querer salir corriendo de aquella lobera pero vio que era imposible: la salida estaba cerrada por el macho.

Muerto de miedo, sintiendo que en cualquier momento iba a ser devorado por aquella loba molesta con el intruso, se apartó hacia el fondo de la cueva y se quedó agachado, callado, llorando aterrado, esperando…

Para su sorpresa, una vez que que la loba le dio de comer a sus lobeznos, le lanzó un trozo de carne.., temió cogerlo. Ya había sufrido un zarpazo por coger lo que no era suyo, pero la loba insistió. Al terminar de comer, la loba se aproximó nuevamente… Marcos temió que había llegado su momento… La loba se acercó aun más… Marcos temblaba… Inesperadamente, la loba con su lengua le limpió la cara, se rozó contra él y así El niño de Sierra Morena supo que a partir de aquel momento era uno más de la manada. Marcos cuenta que con aquel gesto, la loba le dio el cariño que nunca había tenido y desde entonces, habla de aquel animal como “su madre”, así la llama cuando no la denomina “la señora” con admiración y enorme gratitud.

Tras esos 12 años, en 1965, la sociedad lo “rescató” a la fuerza y le impuso la vida entre el ser humano. Marcos gruñía, aullaba como un lobo y se defendía, ante lo que consideraba una agresión, mordiendo. Era un lobo con cuerpo de muchacho.

Fue ingresado en un hospital donde pudo recuperar el habla, volver a andar erguido e inmediatamente “la sociedad” consideró que tenía que hacer la Primera Comunión y el Servicio Militar, donde no duró mucho porque no era la persona más adecuada para mandarla a “pegar tiros”, según él mismo me explica con cierta gracia. Este fue el comienzo de la vida entre el ser humano que Marcos cuenta con cierta amargura.

Marcos no conocía el valor del dinero, ni siquiera lo más elemental del funcionamiento de la sociedad, como que para cubrir tus necesidades tenías que trabajar y que este trabajo generaba un dinero con el que adquirías, entre otras cosas, comida.

Su proceso de “integración” social por parte de la sociedad que lo “rescató” de su vida con los lobos fue tan burdo, torpe y falto de cuidado que generó toda una serie de situaciones de las que Marcos no quiere ni hablar. Era un ser ingenuo en un mundo de humanos que no dejaron de aprovecharse de su inadaptación por lo que fue víctima de múltiples robos, timos, engaños burlas, descrédito… El ser humano no lo acogió, no lo ayudó, lo utilizó y lo dañó.

─Marcos ¿Dónde te sentiste más seguro, entre lobos o entre seres humanos?─ Tampoco duda la respuesta. ─Entre los lobos─

Uno de los problemas que Marcos tuvo entre los seres humanos fue la falta de credibilidad que se le dio a sus años de convivencia con los lobos. Con frecuencia ha tenido que oír que se lo inventaba todo, que no podía ser cierto, sin embargo la vivencia de Marcos está suficientemente documentada en distintas publicaciones y ha sido objeto de la tesis doctoral del antropólogo y escritor Gabriel Janer Manila: “La problemática educativa dels infants selvatics: el cas de Marcos”, tesis doctoral dirigida por Alejandro Sanvisens Marfull. Universitat de Barcelona (1978).

También ha sido el argumento del largometraje, “Entrelobos” (2010), escrito y dirigido por Gerardo Olivares. Y su historia ha sido el tema de multitud de publicaciones.

Tras años viviendo en varias ciudades en las que trabajó en distintos oficios, actualmente, Marcos R. Pantoja vive en un pueblo colindante a la ciudad de Ourense a donde llegó de la mano de un amigo ya fallecido, (“el jefe”) quien desde Fuengirola, decidió regresar a su tierra tras su jubilación.

Hoy Marcos aun no sabe leer ni escribir, vive de una pensión no contributiva en una casita cedida por un vecino que no reúne las condiciones mínimas de habitabilidad, aunque no faltan iniciativas para tratar de acondicionarla y, puntualmente, para ayudarlo a paliar sus necesidades básicas.

En cuanto a su actividad, sigue siendo apoyo de naturalistas y grupos animalistas y acude encantado a contar su vida con los lobos allí a donde lo llaman. Eso sí, prefiere no hablar de su vida entre los humanos.

─Marcos ¿Volverías con los lobos?

─Hoy sería difícil, la zona en la que estuve ya no existe como tal; se han hecho cotos de caza, se han abierto caminos.

Por otra parte confiesa que la sociedad, aun no resultándole un lugar agradable, lo tiene ya atrapado: ─me retiene como un imán─.

Después de escuchar a Marcos, de oír sorprendida como relata su vida entre los lobos ─que lo hace curiosamente usando términos humanizados para los animales, como “madre” (mi mamá) o, al contrario, se refiere a sí mismo como parte del mundo animal: “nosotros los animales”─, y la tristeza y decepción con la que esquiva hablar del ser humano, resuelvo mi duda inicial: no sé si estoy ante un lobo o ante un hombre pero sí que estoy, una vez más, ante el fracaso del ser humano.

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Enlaces de interés

WikipediaMarcos Rodríguez Pantoja

El Confidencial. El niño lobo de Sierra Morena malvive solo y olvidado en un pueblo de Galicia 1-02-2018

CincoDías. SentidosMarcos Rodríguez: “Aprendí más de los lobos que de las personas” 1-11-2016

El Periódico. “Los lobos siempre me respetaron” 21-11-2010