Viñeta Eneko – @EnekoHumor

Artículo de Caracola – @carolacaracola5

Zarpamos

Entre las cosas que aprendí de ser madre es a ver a todas las niñas y los niños del mundo a través de los ojos de mi hija. Aunque ella sea única para mí, de ella aprendí que todos los niños del mundo son y necesitan lo mismo que ella.

Imagino a esa niña sola en la cubierta del Aquarius, muerta de miedo, de frío, de hambre, mojada, asustada… Es una niña como mi hija, podría ser mi hija. Está necesitando un abrazo de un adulto que la apriete y que, mientras le frota la espalda, le diga: –Tranquila, no voy a dejar que te pase nada malo, conmigo estás a salvo─. Un abrazo que le daría la seguridad que necesita y que le quitaría el miedo aunque no le haría olvidar lo que, a pesar de su corta edad, ya ha vivido. Lo está necesitando más que el vaso de leche caliente que le quitaría hambre y frío, pero ningún adulto podrá dárselo porque ella viaja sola… Y porque los adultos que viajan en el mismo barco también están asustados.

 

Navegamos

Esto no es un cuento sensiblero, es la dura realidad. Dentro del Aquarius viajaban muchos menores solos.., solos en medio de un mar de muerte. Algunos salieron solos, otros perdieron a sus padres en el camino porque se han perdido, han muerto, los han asesinado o se han ahogado horas antes. ¿Quién no se puede conmover pensando en el miedo que habrán pasado esos niños solos?

Por esto, lo primero que quiero es poner en valor el trabajo humanitario de esos maravillosos seres humanos que son los voluntarios de las ONG que cada día salvan la vida a cientos de personas ─niños y adultos─ y que son los primeros en darle el abrazo que genera seguridad a nuestra niña sola y hasta son capaces de sacarle una sonrisa.

Estas ONG solo son los rescatadores ante un peligro determinado: morir ahogados en el mar, non pueden hacer más. Los siguientes pasos tienen que darlos los países. Esos países que supuestamente están formados por otros seres humanos, algunos de los cuales ocupan puestos en el Gobierno donde se toman decisiones. ¿De qué material está hecha esa gente que decide abandonarlos a su suerte y dice: ─ Ah, no. En mi costa que no desembarquen que aquí no los queremos─? Saben que no los abandonan a su suerte, los abandonan a su muerte. También posiblemente a nuestra niña sola.

Migrar es un derecho. Emigrante es aquel que ante una situación de pobreza, de encontrarse en un país que no ofrece oportunidades para alcanzar su desarrollo personal, decide trasladarse a otro país en busca de unas mejores condiciones de vida. Como derecho recogido en la Declaración Universal de Derechos Humanos ningún país debería impedirlo, que es diferente a favorecerlo.

Muy distinto es ser un refugiado. Un refugiado es aquella persona que huye del país en el que se encuentra porque por distintas circunstancias (guerras, limpiezas étnicas, persecución religiosa…) su vida corre peligro, por lo que trata de ponerse a salvo a sí mismo y a los suyos y por lo que no puede regresar al país del que ha huido. Un refugiado necesita ser acogido.

Que nadie piense que soy tan ingenua o idealista como para no ser perfectamente consciente del gasto económico que supone la recepción de refugiados para un país. Claro que cuesta dinero, pero también para eso pago impuestos, también para eso hay partidas a la ayuda humanitaria y a la cooperación. Pago impuestos para que mi país no me avergüence, al contrario, quiero sentirme identificada con el empleo que se haga de “mi dinero” y hasta poder sentirme orgullosa de las decisiones tomadas y creo que no es mucho pedir que mi país respete los Derechos Humanos.

 

Atracamos

Ahora que nuestra niña sola ya está en tierra española, con los otros niños y con los muchos adultos con los que se embarcó, espero que aquí la sepamos proteger. Las niñas son especialmente vulnerables a caer en redes de trata de seres humanos. Precisamente, su necesidad de amparo y su natural ingenuidad las hace presas fáciles de proxenetas y depredadores de seres humanos.

Por todo esto, pienso en los que con “ardor patriótico” agitan la bandera rojigualda y luego echan pestes cuando nuestro territorio sirve como tierra de acogida para algo más de 600 personas, entre ellas a nuestra niña sola, que podrían morir en un barco si no los acogemos, o cuando rescatamos de las aguas del Estrecho a seres humanos subsaharianos a punto de morir ahogados ¿A qué le llaman ellos “orgullo patrio”? Ni quiero saberlo.

Pienso también en los medios de comunicación que publican vergonzosas portadas criminalizando la ayuda humanitaria y la generosidad humana; en los partidos políticos que abanderan los cierres de fronteras y la ceguera a los coetáneos dramas humanos mostrándonos así sus vergonzosa falta de valores humanos, algo que también se debe valorar a la hora de elegir nuestro voto.

Y ¿Por qué no? También pienso en ese ser repugnante que es el presidente de los EE.UU. que chantajea a los emigrantes detenidos con el llanto y el dolor de sus hijos a los que separa de sus padres y encierra en jaulas para utilizar el dolor que causa como medida de presión y moneda de cambio. ¡Intolerable!

 

Desembarcamos

Lo mejor de ser un ser humano es dejarnos invadir por los sentimientos; dejarse contagiar, empáticamente, de las alegrías y los dramas de otros seres humanos con los que compartimos un momento de la historia y un territorio. Hacer lo posible por ayudar es llevar dentro de ti a un ser humano, es hacerse con la vida con toda su intensidad.., lo demás es plástico y la degradación de los vertederos.

 

Vídeo

Las niñas y niños en el Aquarius.

Tuits

 

 

 

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