Viñeta Eneko – @EnekoHumor

Artículo de Caracola – @carolacaracola5

 

Hace unos días leía el artículo que cada semana publica mi admirado Víctor Arrogante titulado “Ante la derecha unida, un Frente Popular” en el que llamaba a la unidad de la izquierda frente a una ultraderecha en auge, para esto recordaba el éxito que en 1936 supuso la coalición de izquierdas del Frente Popular que consiguió ganar las elecciones en aquel año.

No puedo estar más de acuerdo con Víctor Arrogante. El Frente Popular fue un amplio bloque de partidos republicanos de izquierda que contó con la adhesión y el apoyo de distintas ideologías de izquierdas que tuvieron la capacidad de unirse bajo unos objetivos sociales comunes que luego plasmaron en un programa común. Se presentaron juntos a las elecciones de febrero de 1936, las ganaron y luego crearon distintos grupos parlamentarios en el Congreso.

Esta unión tenía como objetivo evitar un nuevo triunfo de la derecha que había destruido los logros sociales de los primeros gobiernos de la II República. Se unieron y lo lograron, porque la unión de la izquierda siempre fue y siempre será el instrumento más eficaz para enfrentarse a la derecha y ganarles en las urnas.

La izquierda es crítica y autocrítica por definición, lo que en general no es malo porque lleva a la autoexigencia, al perfeccionismo y al constante debate, pero también lleva a la fragmentación en corrientes que a la hora de presentar candidaturas atomiza las opciones de voto y esto es el caldo de cultivo del éxito de la derecha.

Ahora mismo, este país se enfrenta a un próximo y amplio proceso electoral en mayo que será antesala de unas generales. La experiencia, el resultado y las consecuencias de las elecciones andaluzas deben hacer reflexionar y reaccionar a la izquierda si no queremos después, ante el desastre, lamentar no haber podido haber hecho algo más.

Esa reflexión y esa reacción deberían plasmarse en propuestas concretas ante el contexto en el que nos encontramos. Que los resultados de Andalucía se generalicen es una posibilidad ante la que hay que proponer medidas a la altura de las circunstancias y esas medidas deben pasar por la creación de un frente amplio de izquierdas capaz de detener el avance de una ultraderecha que nos haría retroceder en derechos y libertades.

Las distintas opciones de izquierdas pueden contener muchos matices pero tienen muchos objetivos comunes: las políticas sociales, el bien común, la justicia social, la búsqueda de la igualdad. Esos objetivos comunes deberían ser la base de una gran unidad de la izquierda que tenga como objetivo general evitar una regresión social que nadie desea. Y hablo de izquierda en sentido amplio, de colectivos con valores sociales como los que luchan contra los desahucios, las mareas que defienden servicios sociales, colectivos feministas y hasta asociaciones memorialistas. Todos tienen mucho que decir y que aportar.

Y en todo esto estaba yo meditando cuando apareció Errejón ─que ya nos llegaba con Llamazares─. Errejón no ha podido ser más inoportuno. No es el momento de montar cada uno su “capillita”. Es justamente lo que menos falta hace. No es el momento de provocar más fragmentación ni siquiera hablando “de unidad”. No es el momento de decisiones y experimentos personales sin contar con el colectivo al que representas. Decisiones tan inoportunas como las de Errejón, huelen a traición y delatan ansias de poder por parte de quien las toma. Si la unión es fuerza, quien crea división debilita al conjunto y a la causa que se supone que defiende. Pero que no nos distraigan los errejones de nuestros objetivos.

Decía Alberto Garzón estos días en sus redes sociales: “Defendemos la unidad para servir a las familias trabajadoras. Algunos nunca hemos compartido que esa unidad se consiga dividiendo y creando más partidos o plataformas.” En esta frase contiene un gran objetivo que podría servir como mucho más que una metáfora para crear una unión real de la izquierda: “servir a las familias trabajadoras”.

Si lo que le hace falta a la izquierda es rearmarse y reaccionar, la búsqueda de una unidad amplia capaz de defender valores sociales para servir a las familias trabajadoras y frenar a la derecha podría ser el gran objetivo sobre el que reaccionar y ponerse a trabajar para un fin común. Quizás ese objetivo sería la salvación de una izquierda dividida, ensimismada y por lo tanto paralizada ante la amenaza de la regresión social. A todas y a todos nos va mucho en ello.

 

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