Es evidente que para que una sociedad pueda llamarse equilibrada, avanzada y ecuánime, ha de estar entre sus valores prioritarios el buen trato y el amor hacia los animales.

El loco androcentrismo del que, desgraciadamente, hace gala el ser humano, es ejercer la destrucción y el horror sobre seres de otras especies.

La falta de sensibilidad hacia los más desprotegidos es una aciaga característica de gran parte de los humanos, con ello perpetran la barbarie sobre aquellos que inermes sufren sus consecuencias.

Quienes afirman que los animales no sienten, manipulan malintencionadamente la realidad en función de sus espurios intereses, ya sean económicos o de perversa diversión (¿?)

Este planeta que habitamos pertenece a todas las formas de vida y por ello todas merecen su lugar y respeto.

Debemos caminar sobre leyes ejemplarizantes y duras, y mucho más allá de ellas, hemos de integrar en todos los ámbitos los valores positivos necesarios acerca de los animales, educar en su buen trato con la ayuda de los medios de comunicación y presionar sin desaliento a los gobiernos para que prioricen todas las medidas posibles para dignificar la vida de las demás especies.

Todo ello redundará en sociedades menos violentas y más apegadas a la naturaleza que es, en definitiva, la que nos sustenta.

¿ Qué ley universal dicta que un perro, un árbol o una ballena, no tengan su espacio y sus derechos en este planeta ?

Hemos de tomarnos muy en serio la conservación de la biodiversidad y de la salud de seres, mares y tierras; pues si continuamos con esta escalada destructiva, nada valioso quedará en este mundo que conocemos.

Talar indiscriminadamente bosques y selvas, masificar la producción animal en granjas de la muerte, abandonar y maltratar animales domésticos como si fueran cosas, apalear sin piedad focas, alterar cultivos…

El ser humano es el más depredador, con diferencia, de todos los seres que viven.

Su estupidez no conoce límites.

Le falta tanto amor por lo que le rodea y hacia sí mismo, que escribe su destino con la sangre inocente que encuentra a su paso.