Artículo Francisca García Algarra – @yott17

 

No se comprende, si no es desde el punto de vista del usurero negocio, que para tener paz haya que provocar guerras.

Es una de las mayores irracionalidades de los hombres como género, otra es la obsesión por dominar el mundo, cuando no se controlan ni a sí mismos.

La lluvia se estremece y brilla en los grandes charcos que dibuja el barro.

Los niños juegan y sus risas acompasan la cadencia esperanzadora de universos imaginarios dentro del mejor mundo posible, ese que nunca ha existido.

Un día más anochece en el campo de refugiados.

A quién le importan sus vidas, borradas en tierra de nadie, siempre esperando la compasión de unos burócratas sin piedad, ávidos en la venta de armas y en perpetuar guerras ad hoc para llenar su permanente insatisfacción y su avaricia.

Crean conflictos bélicos traficando con la muerte y el sufrimiento, la destrucción de países gobernados por tiranos sangrientos con los que, previamente, han negociado su reconstrucción.

Los términos fronterizos son cuentos de paletismo patriótico en un planeta en donde todos los seres vivos nacemos con los mismos derechos para habitarlo.

Mas el ser humano ya ha demostrado su condición intrínsecamente depredadora.

Un mundo patriarcal sin valores que demuestra una y otra vez su fracaso.

Todos somos refugiados, cuando cae la noche todos somos presos del espacio y el tiempo, y sólo nos pertenecemos a nosotros mismos.

La comprensible huída del horror y sus consecuencias, tiene una corresponsabilidad en cada uno de nosotros y la respuesta de ayuda debería ser rápida e ineludible por todos los países.

Existen organismos como la ONU, muy costosos e inútiles de solemnidad, que maquillan la desvergonzada y criminal situación de los refugiados.

No es lo mismo ser “ayudador”, que socorrer real y efectivamente.

El fascismo y otros  “ismos”, y los intereses de poder y económicos de los patriarcados dominantes, son la causa primera de las debacles humanitarias, del asesino “reparto” de riqueza cuyas consecuencias desangran a los que ellos han decidido que sean más vulnerables.

Más preocupados en quitar vidas bajo pretextos y mentiras de corte étnico u otros prejuicios que explotan para robarles todo lo que tienen, incluso la propia existencia.

Por otra parte, las mujeres y las niñas, como siempre, sufren doblemente la situación de ser refugiadas. Violaciones y abusos de sus propios compatriotas y de los que habitan los lugares a los que llegan.

Dónde cabe tanto asco.

No se comprende, si no es desde el punto de vista del usurero negocio, que para tener paz haya que provocar guerras.

Es una de las mayores irracionalidades de los hombres como género, otra es la obsesión por dominar el mundo, cuando no se controlan ni a sí mismos.

Los grandes dictadores han sido y son insufribles criminales.

Y así, transcurre en círculos la historia de la humanidad, que no es más que un eterno retorno a los mismos errores.

 

Exposición virtual de 25 Humoristas Gráficos

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Cifras de la vergüenza

Según la ONU la cifra de desplazados forzosos en el mundo alcanzó un récord el año pasado al crecer a casi 80 millones de personas. Este número supone casi el doble de la cantidad de personas en crisis registrada hace una década- debido a la guerra, la violencia, la persecución y otras emergencias.

La cifra de desplazados en todo el mundo se dobla en apenas diez años.

El desplazamiento forzado afecta a uno de 1 de cada 97 habitantes del planeta y que el número de personas que pueden regresar a sus hogares continúa disminuyendo..

Estas altas cifras de desplazamiento forzado suponen una “nueva realidad” ya que no solamente se han se han ampliado, sino que “ya no es un fenómeno a corto plazo y temporal”.

Según los datos de la ONU A esta tendencia han contribuido entre otros factores el conflicto en Siria y la situación de Venezuela, que encabezan la lista de los países con mayor número de personas que se han visto forzadas a abandonarlos. La otra cara de la moneda la forman Turquía y Colombia, los dos países que han acogido mayor número de desplazados. Colombia a su vez cuenta con la cifra más alta de desplazados internos del mundo.

Según razona el estudio, el aumento se debió principalmente a dos causas: los nuevos desplazamientos en 2019, particularmente en la República Democrática del Congo, el Sahel, Yemen y Siria – que vive su noveno año de conflicto y cuenta con 13,2 millones de refugiados, solicitantes de asilo y desplazados internos; y la inclusión de los desplazados de Venezuela al contar con una mejor información de los desplazados, muchos de los cuales no están legalmente registrados como refugiados o solicitantes de asilo.

“No se puede esperar que las personas vivan en un estado de incertidumbre durante años, sin la posibilidad de volver a casa, ni la esperanza de construir un futuro donde estén. Necesitamos una actitud fundamentalmente nueva y más receptiva hacia todas las personas desplazadas, junto con un impulso mucho más decidido para resolver conflictos que duran años y que están en la raíz de un sufrimiento tan inmenso.”

Ver más sobre informe de la ONU.

 

**Sobre derechos de reproducción de las viñetas y el texto del artículo.