Viñeta elkoko — .@Elkokoparrilla

Artículo de Caracola – @carolacaracola5

 

Estamos en puertas de la celebración del Orgullo, un año más las calles de Madrid, si no hay sorpresa de última hora, se llenarán de colorido y de reivindicación de una normalidad a la que llegaríamos muy fácilmente si aprendiésemos a aceptar como natural, lo que es natural.

Ese es el problema. Las etiquetas, las palabras. No hay nada antinatural en la homosexualidad, no hay nada que no sea normal. Como mucho podríamos decir que la heterosexualidad es más frecuente, pero ni más ni menos natural o normal que la homosexualidad.

Escoger unas palabras u otras para denominar una realidad, como en tantos aspectos de la vida, es el reflejo de un concepto, de un prejuicio que, a su vez, es consecuencia de un aprendizaje vital.

El prejuicio sobre la “anormalidad” de la homosexualidad proviene, en buena parte del concepto religioso de “pareja”. Para el cristianismo, el mensaje bíblico de “creced y multiplicaos” hace que solo admita como pareja y como amor válido el que es capaz de generar otros seres, de reproducirse y por vía absolutamente “natural”. Es decir, una pareja que no puede reproducirse, no es válida para cumplir el mandato divino de “multiplicarse”. Ese es su “pecado” y de ahí, entre otros, se desprende la condena social a la homosexualidad y, en consecuencia, la homofobia que sigue tan presente siempre vinculada a sectores conservadores.

Las fobias son manías y las manías son contrarias a la razón, por lo que en pleno siglo XXI sería bueno que nos desprendiésemos de los lastres que en forma de prejuicios nos ha dejado nuestra educación basada en conceptos morales que provienen del cristianismo y los sustituyésemos por ideas que puedan pasar el filtro de la razón. Esta sería la mejor cura para la homofobia.

Me gusta esa frase de que la homosexualidad no se cura pero la homofobia sí. Efectivamente, no hay mejor “cura” que razonar. La razón frente al prejuicio. No debería ser muy difícil dejar de ser homófobo. Solo hay que preguntarse ¿Qué malo hay en dos personas que se quieren? ¿Qué ofende en dos personas que se aman? ¿Qué problema hay en que dos personas que se quieren se demuestren su amor besándose? Preguntas muy básicas, muy simplonas que una persona homófoba debería tratar de responder y vería que o no es capaz de contestar o si lo hace solo podrá responder con vacías obviedades o con prejuicios, pero no con razones.

Hay que recordar que, por ejemplo, durante el franquismo estaba considerado un escandalazo que una pareja heterosexual se besara en público. Eso está superado, ¿no? Y la superación de ese prejuicio ─del que era responsable la estrecha moral social muy dependiente de la moral católica─, fue un avance social, ¿no? Hoy ni nos llama la atención. Pues, ¿qué malo hay en que sean dos mujeres o dos hombres los que se besen? ¿Cuál es el problema? Es necesario que gran parte de nuestra sociedad se enfrente a preguntas así de simplonas. Que se enfrente y que trate de responder.

Habrá quien piense que estoy hablando de obviedades superadas pero si reparamos en las dramáticas cifras de las agresiones homófobas, prejuicios tan simplones ya no parecen tan obviamente superados. Las cifras de las agresiones homófobas no solo son dramáticas sino que son crecientes y sobre todo en las grandes ciudades.

Vuelvo al espejo de la historia que nos devuelve imágenes grotescas para recordar que en el franquismo también habrían apaleado a una pareja heterosexual por cometer el “obsceno, inmoral y hasta asqueroso” acto de besarse en público.

Y de vuelta al presente, podemos tener la sensación de vivir en un país avanzado en cuanto a asunción de la homosexualidad por haber sido de los pioneros en aprobar una ley de matrimonios homosexuales o porque en nuestro país se celebra una fiesta del Orgullo que es un referente mundial. Pero cuando el Orgullo se acaba llega el día a día y la realidad de la calle.

A las crecientes agresiones homófobas hay que añadirles la creciente presencia de la ultraderecha no solo en nuestras calles sino ahora también en nuestros distintos gobiernos e incluso en nuestra judicatura, es elocuente que mientras crecen las agresiones, descienden las denuncias.

Por todo esto, si alguien piensa que vivimos en un país donde la homosexualidad está aceptada porque se celebra una colorida fiesta del Orgullo… Yo creo que aun hay mucho camino por recorrer y mucha homofobia que “curar”, mientras sí, estamos en puertas de la celebración del Orgullo, un año más las calles de Madrid, si no hay sorpresa de última hora, se llenarán de colorido y de reivindicación de una normalidad a la que llegaríamos muy fácilmente si aprendiésemos a aceptar como natural, lo que es natural.

 

Ver más

Público.es: Aumentan las agresiones homófobas sin que lo hagan las denuncias 10-04-2019

El País: Una agresión homófoba al día en la región de Madrid 08-04. 2019

ElConfidencial: Aumentan un 30% las agresiones homófobas en Cataluña durante las noches de ocio 03-06-2019

MadridDiario.es El balance de la LGTBfobia en 2018: cerca de 300 incidentes de odio en la región de Madrid 31-12-2018

ElDiario.es: Las personas LGTBI denuncian más de 50 agresiones cada mes por homofobia, bifobia o transfobia 29-11-2018

Shangay.com: Las agresiones homófobas no paran: ya van 186 víctimas este año 2018 06-08-2018

 

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