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- Respecto al dinero escondido de mi padre... Soy el primer sorprendido. (Viñeta de Elkoko)

– Respecto al dinero escondido de mi padre… Soy el primer sorprendido. (Viñeta de Elkoko)

 

Viñeta de ElKoko – @Elkokoparrilla

Artículo de Puño en alto – @puno_en

 

El rey Felipe VI aparece como alguien ajeno y despreocupado con lo que acontecía a su alrededor familiar o, peor aún, como alguien que no se enteraba de nada. ¿Puede alguien así ser un buen Jefe de Estado?

Los esfuerzos de determinados medios de comunicación y de no pocos contertulios al servicio de la causa y de algunas formaciones políticas de aislar y no relacionar al actual rey y todavía Jefe del Estado, de las ya no tan supuestas corruptelas y delitos de blanqueo de capitales y fraude a la Hacienda Pública de su progenitor y de quien obtuvo el cargo por herencia, son encomiables a la vez de infructuosos, por ir contra el más mínimo sentido común.

Esta defensa numantina que está recibiendo el actual rey, lejos de favorecerle le está perjudicando, porque entre otras consideraciones, lo están dejando parecer como alguien ajeno y despreocupado con lo que acontecía a su alrededor familiar más cercano o, peor aún, como alguien que no se enteraba de nada y en ambos casos no sale bien parado y lo inhabilita para ejercer la alta magistratura propia de su cargo.

Se puede desprender que no se enteraba de los líos de faldas del emérito, ahora huido, de su elevado tren de vida en relación con los ingresos que recibía del erario público, es decir, no se preguntaba por la razón que fuese de dónde sacaba para tanto que destacaba. Ni él ni su estirada mujer no se cuestionaron quién y por qué pagó su espléndido viaje de novios tras su boda.

No sabía, hasta que apareció publicado en los medios de comunicación, que era beneficiario junto a su padre de una Fundación de fondos de dudosa procedencia y deprisa corriendo renunció inútilmente a la herencia de su padre y le retiró la asignación dineraria como gestos de honradez y dignidad.

Desconocía la existencia de tarjetas opacas, las llamadas “Royal Black” que utilizaron, según se ha sabido, su propia madre reina emérita para costearse viajes a Londres y otros miembros de la familia, como su sobrina que a través de ellas consiguió un hermoso y costoso caballo.

En su día, tampoco se enteró de los tejemanejes económicos ilícitos de su cuñado que terminó en la cárcel y que su hermana, más allá de afirmar que tampoco se enteraba de las actividades de su esposo, se salvó de pisarla in extremis gracias a un informe muy imaginativo de la Agencia Tributaria.

Del mismo modo, desconocía el historial nada aconsejable de esa estrecha amistad que mantenía con quien la actual reina se mensajeaba descalificando a la prensa que se hizo eco del historial del susodicho y le llamaba entrañablemente “compi yogui”. La misma que se mostraba tan remisa a que sus hijas fuesen fotografiadas con la emérita, montando un bochornoso numerito.

En cualquier caso, debemos reconocer que tonto no debe ser, a pesar de que en sus genes corren pruebas de ello por aquello de la endogamia, porque formación privilegiada ha recibido, a no ser que esa formación cayera en saco roto o que los títulos los obtuviera de la misma forma que Pablo Casado los obtuvo.

Más allá de la ironía y algo de sarcasmo expresado, lo que no es de recibo que siendo aún rey de España y, por ende, Jefe del Estado por herencia, no se haya dirigido a los españoles en alocución pública para dar explicaciones y condenar la conducta absolutamente reprobable e impropia de su padre y de aquellos miembros de su familia que se hayan beneficiado de ellas consciente o inconscientemente, todo ello a modo de ejercicio de transparencia, ejemplaridad y humildad.

Para mal del conjunto de los españoles ya sean republicanos o no, lo cierto es que el rey merito huido recibió la Jefatura del Estado de mano de un dictador y que el actual rey la heredó de un presunto corrupto y aún hay quien pretende defender y legitimar la monarquía, esa que día sí y día también la propia familia real, al conceptuarla como empresa familiar, se encarga de desprestigiarla con sus actuaciones y en la que la transparencia, ejemplaridad, honestidad y honradez brillan por su ausencia.

La burla de aquellos que se ríen de otros a los que mantienen, pues son en realidad los burlados ya que pagan sus burlas, así como, para aquellos a los que, señaladas sus faltas, insisten en ellas sin corregirlas ni dudar por ello de seguir pidiendo los mismos beneficios que quienes no las tienen, se expresa de manera meridiana con el refrán que da título al presente artículo.

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