Viñeta Eneko – @EnekoHumor

Artículo de Caracola – @carolacaracola5

 

Se fue el emérito. Dicen que se jubiló. No creo que en su caso “jubilarse” sea la palabra más adecuada. No lo digo por la actividad, sino porque la palabra “jubilarse”, tiene que ver con el “júbilo” que produce terminar una etapa de la vida condicionada por la actividad laboral y pasar a otra en la que, teóricamente, uno disfruta libremente de su tiempo. Por eso, no creo que jubilarse sea la palabra más adecuada para quien ha vivido en un júbilo continuo.

Los portugueses, utilizan el verbo “reformar-se” para lo que en español expresamos con la palabra “jubilarse” o “retirarse” y, en consecuencia, en Portugal un “reformado” es lo que para nosotros es un jubilado. Esto ya se ajusta algo más a la situación de don Juan Carlos de Borbón, por lo que podríamos decir que “don Juan Carlos se reforma”. Pero tampoco me convence. ¿Se reforma Juan Carlos de Borbón? No sé yo.

Dice el diccionario de la Real Academia Española, en su cuarta acepción que “Reformarse” es “Enmendar, corregir la conducta de alguien, haciendo que abandone comportamientos o hábitos que se consideran censurables”. Sigo preguntándome, ¿se reforma don Juan Carlos? Pues no lo tengo nada claro.

Para corregir hábitos censurables, tendíamos que poder conocer con certeza esos errores, lo que es imposible en el caso de una persona envuelta en la protección de la inviolabilidad. ─¿No suena medieval y antidemocrático que exista en el siglo XXI una figura que está por encima de todas las leyes, una persona que haga lo que haga no se le puede imputar ningún delito? Pues en este país tenemos personajes inviolables─.

Teniendo en cuenta que los errores del emérito podrían ser delitos y concretamente delitos fiscales, habría que aplicarles una corrección en forma de juicio y sentencia judicial. Pero como esto no va a ser posible, llegamos a la conclusión de que don Juan Carlos se va pero tampoco se reforma. Una persona inviolable es alguien que no tiene que rendir cuentas ante nadie, lo que decididamente lo hace irreformable. Se va con sus posibles delitos y no hay nada que hacer.

Por lo tanto Juan Carlos de Borbón se retira de la vida pública pero lo hace llevándose consigo sus errores, sus escándalos, sus deslealtades, los silencios pagados con dinero público y las muchas incógnitas que suscitó su reinado.

El comunicado de la casa real decía que a partir del día 2 de junio, el rey emérito abandonaba la vida pública ─que por cierto ha tenido el mal gusto de despedirse en un espectáculo de tortura animal, eso que llaman una corrida de toros─.  Es decir que a partir del citado día dejará de representar oficialmente a la casa real en actos públicos, una representación que por cierto, según se puede leer en los medios, no salía gratis; por su asistencia a corridas de toros, partidos de fútbol, inauguraciones o misas el emérito cobró durante el año 2018 algo más de 8.000 euros por acto; eso además de su asignación anual de los presupuestos del Estado de 194.232 euros.

Las siguientes asignaciones económicas para los años venideros dependerán de su hijo, Felipe de Borbón, que es el encargado de distribuir entre los miembros de la casa real el total asignado de los presupuestos del Estado. Yo no esperaría grandes cambios.

Yo y mucha gente como yo pensamos que ya está bien de tanta tontería monárquica, de costear privilegios anacrónicos y antidemocráticos que encima tienen su origen en una designación franquista y que Suárez nos coló en el 76 sabiendo que lo hacía en contra de la voluntad del pueblo.

De un tiempo a esta parte, como el poder político muestra una infranqueable defensa y protección a ultranza de la monarquía, surgen entre el pueblo iniciativas de expresión republicana que parecen decir que “Ya que no nos quieren preguntar, vamos a ser nosotros los que vamos a hacer oír nuestra voz”; así se han organizado multitud de consultas populares en barrios y pueblos; referéndums en universidades públicas… Y la voz del pueblo quiere seguir dejándose oír.

Recientemente, se han reunido los distintos colectivos que hace unos meses organizaron una sucesión de consultas populares en barrios y pueblos de Madrid. Ahora, unidos quieren hacer oír más fuerte su voz. Para eso, han organizado juntos una macroconsulta en todo el centro de la capital que tendrá lugar el 22 de junio. Más de 100 urnas se pondrán en la calle para que libremente la ciudadanía exprese su opción entre vivir en una monarquía o una república.

Hasta ahora, más de 100.000 personas han podido participar en las consultas y referéndums organizados. El 22 de junio, la ciudadanía madrileña tiene una cita con su derecho a decidir, con su derecho democrático de poder expresar qué tipo de Estado prefiere. Ojalá haya una alta participación que haga temblar las paredes de algún palacio.

El pueblo se organiza para dar la oportunidad de expresarse. El pueblo participa expresándose. Una vez más, “solo el pueblo, salva al pueblo” y nosotr@s seguimos dando pasos hacia la tercera República.

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