Viñeta ElKoko – @Elkokoparrilla

Artículo de Beli – @Belentejuelas

 

En nuestro país, gracias al gris que anidaba en los corazones de muchos de nuestros gobernantes y el miedo a desairar al resto de estamentos, el franquismo no ha pasado a la historia.

España permite que una familia levantada sobre los huesos de miles de represaliados, le ponga un pulso en los tribunales.

Ningún gobernante ha plantado cara al gris y le ha dicho, ven aquí, ven si te atreves que te voy a borrar del mapa para siempre.

Cuando se realizan campañas publicitarias de cara al turismo del mundo entero, España muestra el maravilloso color del Mediterráneo, planeando sobre mares y montañas. Infinitos detalles y matices, decoran nuestros pueblos y ciudades, mostrando una población que sonríe eternamente ante la suerte de vivir en un bucólico país. Todos somos divertidos, vivimos en la calle, nos movemos y nos relacionamos como perfectos personajes de una tierna novela rosa.

Pero los anuncios fingen y todos nosotros lo sabemos. En un superficial fondo, que se desvela con un leve rascado de uña, aparece el terrible color que sigue latente debajo de nosotros. El gris. Ese profundo gris que sigue marcando el ritmo de los latidos de todos los españoles. Edificios cuadrados, hechos a base de bloques de gris hormigón, permanecen estáticos viendo la historia pasar. Inmutables pobladores de una sociedad que, aunque disimule, mantiene la gama de grises como únicos e invariables colores.

El gris es el color del fascismo, del franquismo y de los ismos que desolaron Europa desde sus inicios. Italia, Alemania y España se colocaron a la cabeza para demostrar que otro mucho más gris era posible. Llenaron sus calles de esvásticas, de camisas negras o azules y sembraron el pavor en los ciudadanos. Sin embargo, al menos dos de ellos, tras el desastre de la Segunda Guerra Mundial, terminaron con su ismo y volatilizaron cualquier atisbo de esa mala pesadilla, persiguiendo y criminalizando a los que intentaban mantenerlo, aunque fuese en la sombra.

España no. Con el desaire del resto del mundo, aislada y solitaria, mantuvo el gris tiñendo la sociedad de ese monocolor que nos llevaría, cuarenta años más tarde, a tener que someternos a una carrera sin límite para ponernos al nivel de los que rodeaban.

Una “modélica Transición” en donde se hizo borrón y cuenta nueva, nos trajo los lodos en los que nos hundimos día sí y día también. Una monarquía impuesta, un partido socialista que abandonó sus principios más básicos junto con una falsa democratización, de los que estuvieron en los lugares privilegiados del franquismo dando la mano al tirano.

En nuestro país, gracias al gris que anidaba en los corazones de muchos de nuestros gobernantes y el miedo a desairar al resto de estamentos, el franquismo no ha pasado a la historia. Está presente, no solo en los edificios oficiales que siguen en su más pleno auge, si no en una importante parte de la población, que estaba esperando la llegada de un nuevo mesías para dar rienda suelta al veneno que llevaban algunos años acumulando.

Desde hace algún tiempo, el más rancio y casposo espíritu franquista se ha vuelto a instalar en instituciones y congresos. Un partido que venera en sus ceremonias de iniciación al muerto que el gobierno de un Pedro, más mentiroso que el que amenazaba con el lobo, va a sacar por fin de su mausoleo, construido sobre la sangre de los miles de presos obligados a construirle para su perdurabilidad en el tiempo. Miembros de ese partido, repiten en televisiones de todo calado, su mantra de “negación a hablar de vencedores y vencidos”, su rechazo a remover la historia quizá porque saben que no hay quien se crea su falso sentido de democracia y estado. Incluso se atreven a escupir su odio sobre la tumba de trece mujeres vilmente asesinadas por el hecho de pertenecer a un partido político.

Y si sus infames palabras no fueran ya motivo de descalabro y de asombro, otros partidos nacidos en los vientres de los más recalcitrantes fascistas, sueltan a sus polluelos en las tribunas para que amenacen con el miedo a que los “rojos” vuelvan a quemar iglesias y a violar monjas.

Los votos de todos esos partidos, necesarios para llegar donde están sembrando el odio y la discordia, nacen de ese gris profundamente anclado en el alma española. Se afanan por mostrar su cara más social y de modernidad sigloventiuna, pero se niegan a condenar oficialmente una época de sangre, muerte, miedo y desventura. Apoyan veladamente el mantenimiento de una fundación con el nombre de su ilustre golpista y encubren con la pátina de la ideología libre, el yugo y las flechas que les arropan por las noches antes de dormir.

España es un país con mil matices que esconden el gris que ensombrece nuestro fingido deseo de dejar atrás un pasado que domina nuestras vidas. Un pasado que no se ha podido superar porque esta nuestra sociedad no está dispuesta realmente a dejar atrás, mirando con valentía al pasado y demostrando que un país democrático, no permite que nadie niegue una historia real y tangible.

Muchos gobernantes han pasado por las salas de esos bloques ministeriales, sin embargo, nadie ha plantado cara al gris y le ha dicho, ven aquí, ven si te atreves que te voy a borrar del mapa para siempre. Algunos eran herederos de aquellos años de sombra y terror, pero otros se llenaban la boca de intangible socialismo y de falsa izquierda política. Sin embargo, se aterraban ante un rey criado con la maternal leche de un dictador, de una iglesia que se volcó en la “cruzada” y mantiene eternos e inmerecidos privilegios, de una red de mafiosos empresarios que llenaban los despachos del desaparecido INI y que hoy, disfrazados en sus consejos de administración siguen dominando las decisiones económicas que nos encapsulan a todos en un “falsa clase media”. Nadie ha sido firme contra la historia y ha demostrado que al igual que alemanes e italianos, somos capaces de avanzar dejando nuestro pasado atrás, pero aprendiendo de él para no volver a caer en los mismos errores.

No, España permite la peregrinación a la sacro santa y tiránica tumba, como si de una virgencita milagrera se tratase. Permite que una familia levantada sobre los huesos de miles de represaliados, le ponga un pulso en los tribunales. Permite que los símbolos del mayor asesino de nuestra historia reciente, se hagan visibles sin pudor… esa es nuestra España gris.

Todos los colores del mundo, por mucho sol que reciban, se apagan al mezclarse con el gris. Es el color de la opacidad. El que roba brillo a cualquier otro color. Nosotros por muchos morados, rojos y amarillos que enseñemos al mundo, seguimos tiñendo el futuro de un tono gris que nos roba la alegría y la vida. Que nos deja a los muertos en las cunetas y que no declara oficialmente que una vez en este país, el horror sepultó la vida de millones de personas, robó un gobierno democrático, libre y avanzado y nos hundió en lo más profundo de la tierra. Y que llenó de tanto miedo el corazón de las mujeres y hombres que habían sido libres, que después de varias generaciones, sigue estando ahí como un rasgo más del ADN de cada uno.

El verdadero y definitivo primer paso que hay que dar para ser ese país que vendemos en las campañas de marketing, es acabar con todo lo que supuso ese periodo de la historia, de sus consecuencias, aunque haya que cambiar de sistema gubernamental y eliminar ese estamento arcaico e innecesario, antidemocrático sobre todas las cosas, que ya suprimimos una vez y se nos impuso en otra. Aunque nuestro presidente en funciones proclame como representante de los valores republicanos por muy incongruente que suene la frase. Y condenando judicial y públicamente a todos aquellos que siguen proclamando las bondades de la dictadura. Llenar las salas judiciales de juristas formados en libertad, terminando de una vez para siempre, con los que aun pueblan ciertos puestos judiciales y que siguen entonando caras al sol al despertar o elogiando la figura enana, chaparrita y con aflautada voz, que llevaba el asesinato como insigne bandera.

Recuperar nuestra historia condenando oficialmente el franquismo y el golpe de estado, desenterrar y entregar huesos y almas a sus dueños legítimos, desempolvar y abrir libros para dar cifras reales y oficiales, elegir a nuestro jefe de estado con votos y no con muestras de sangre, hará de nosotros ese moderno país que albergamos ser. De lo contrario, por mucho sol que brille en valles, montañas y playas, España siempre será de color gris.

Viñeta

- Se ha roto la tele, solo se ve en blanco y negro. - Cariño, creo que no es cosa de la tele... (Viñeta de ELkoko)

– Se ha roto la tele, solo se ve en blanco y negro. – Cariño, creo que no es cosa de la tele… (Viñeta de ELkoko)

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