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- Es el momento de una deconstrucción socialmente asimétrica de los servicios públicos con una reducción salarial a baja temperatura y un crujiente de lomo obrero al aroma de salsa riqueza. - Es la nueva receta económica - ? (Viñeta de Manuel S. de Frutos)

– Es el momento de una deconstrucción socialmente asimétrica de los servicios públicos con una reducción salarial a baja temperatura y un crujiente de lomo obrero al aroma de salsa riqueza. – Es la nueva receta económica – ? (Viñeta de Manuel S. de Frutos)

 

Viñeta de Manuel S. de Frutos – @MSdeFrutos

Artículo Francisca García Algarra

 

El eufemismo es una figura conceptual que se presenta con un significado ambiguo y vago, para cumplir su función última: la distorsión cognitiva que permite manipular el enfoque de la realidad, no la realidad misma.

No llamar a las cosas por su nombre ni expresarse con claridad y sin dobles mensajes tramposos, se ha convertido en una especie de pandemia del autoengaño, de representación incoherente de una pseudo realidad beneficiosa para el poder y letal para el pensamiento crítico.

Son reflejo del actual estado decadente y vacío del pensamiento o, algo peor, del triunfo de la apariencia frente a la autenticidad, de la mentira adornada contra la verdad.

Etimológicamente, la palabra “eufemismo” encuentra sus raíces en el  griego “euphemo”, cuyo significado es “hablar de modo favorable, suave o inofensivo”. Es decir, reemplaza un término considerado tabú, fuerte o vulgar, por otro “políticamente correcto”.

Ya en las sociedades primitivas, basadas fundamentalmente en las creencias, era utilizado el eufemismo como una forma de evitar vocablos prohibidos, sobre todo referidos a temas religiosos y relacionados con la muerte.

El nivel cultural fue elevándose y así, durante el Renacimiento, el concepto eufemístico se cultivó además con fines estéticos: “un baño interior” por beber un vaso de agua.

Más tarde, Góngora, lo usó como figura retórica: “calendas purpúreas” por menstruación.

El eufemismo es una figura conceptual que se presenta con un significado ambiguo y vago, para cumplir su función última: la distorsión cognitiva que permite manipular el enfoque de la realidad, no la realidad misma.

Dicho esto y volviendo al presente, resulta sencillo identificar cada día cómo somos manipulados y engañados hacia direcciones empedradas de un “azar” corrupto, ya sea por algunos medios de comunicación, redes sociales, mensajes políticos y hasta por quien nos vende el último modelo de un coche.

No llamar a las cosas por su nombre ni expresarse con claridad y sin dobles mensajes tramposos, se ha convertido en una especie de pandemia del autoengaño, de representación incoherente de una pseudo realidad beneficiosa para el poder y letal para el pensamiento crítico.

A propósito de la lucidez, hay quien, por fortuna, sabe hacer de la necesidad virtud.

Tanta es la profusión de eufemismos y clichés que, sin ellos, los gobernantes se quedarían en ausencia de vocabulario, junto con muchos mal llamados medios de comunicación.

Se aplauden y exaltan discursos huecos, sin originalidad, que sOlo saben enfatizar con la repetición y alzando el tono de voz sobre la misma idiotez.

Son reflejo del actual estado decadente y vacío del pensamiento o, algo peor, del triunfo de la apariencia frente a la autenticidad, de la mentira adornada contra la verdad.

A demasiadas personas no les gusta pensar por sí mismos, prefieren ser engañados porque no se sienten lo suficientemente fuertes para soportar la verdad. Actitud que multiplica exponencialmente su estupidez.

Tampoco se asume la realidad con sus curvas y aristas, sino que se crean muros interiores, tabúes y zonas prohibidas, para no ver ni confrontar, sembrando la ignorancia.

¿Qué pronóstico de cambio y evolución tenemos con este paisaje del pánico a lo real y verdadero?

Mientras necesitemos “iluminados” que nos guien y nos impongan su diferencia entre el bien y el mal, no habrá nada esencial que nos diferencie de nuestros antepasados cerebro-reptilianos.

La racionalidad es parte inseparable de la evolución humana.

Continuar basando las decisiones en el obtuso mundo de las creencias irracionales, nos avoca a repetidos actos criminales contra la humanidad, los animales y la naturaleza; todos esos que contemplamos como ajenos observadores de noticias, mientras continuamos tragando, sin digerir tampoco la comida.

Normalizar estas conductas es insensibilizarnos para hacernos creer que estamos a salvo.

Envilecidamente sumisos.

Somos autoconsumidores de nuestra mentira.

Para terminar, unos anotaciones aclaratorias:

Daño colateral es el asesinato de un civil inocente.

Campo de refugiados es campo de exterminio, ya que las condiciones que tiene están creadas para exterminar.

Las mujeres no aparecemos muertas, nos asesina un criminal machista.

Los niños no buscan que abusen de ellos, son fariseos perversos los que les engañan para hacerles daño.

A los animales no se les duerme o sacrifica cuando están sanos, sino que son asesinados sin piedad.

A los muertos en batalla se les llama “caídos”.

Al peligro se le dice riesgo.

Los homosexuales son enfermos y viciosos, cuando es el homófobo quien es un enfermo de su dudosa identidad afectivo-sexual.

Las cosas que pasan están ya escritas, significa que no quiero asumir la responsabilidad de mi vida.

Dios dirá, es, me da miedo decidir.

Las mujeres cuando dicen no, quieren que insistas, traducido es, soy tan cretino que, además de gustarme que me rechacen, creo que una mujer es inferior a un hombre y no tiene criterio propio.

Quien bien te quiere, te hará llorar, expresa: no te quiero tanto como para hacer el esfuerzo de ser más empático contigo.

ETIQUETAS: Eufemismos

 

Libros

BAHIA DE UN CUERPO - FRANCISCA GARCIA ALGARRA - 3Bahía de un cuerpo

Francisca García Algarra.

En las templadas orillas de los cuerpos, de cada cuerpo, tienen su morada los deseos.
Es un espacio invisible y luminoso, donde se despierta de un sueño; donde el propio sueño es el único camino para llegar hasta él.
Un cuerpo se olvida en otro, por ello no existe mayor esperanza que la de olvidar.
Cuerpos anhelados, distantes, indiferentes; anudando día tras día su núbil consistencia, su momentánea eternidad.
Sueñan la verdad que más tarde no recuerdan.
La vida entera agotarán después buscándola.
Conscientes en ocasiones de su inconsciencia, repetirán una y otra vez los signos que les devuelvan al primer hechizo, el don de ser.
Somos el cuerpo que pensamos, y el que sin pensar, en la ráfaga de un instante dejamos de ser.
La única guarida que nos cobija, el único abandono que podemos evitar.
El tiempo procede de un cuerpo, y en él se agota.
Allí, donde el corazón tiembla, llora y ríe; fin y principio de su provisionalidad.

Si te gustan los artículos de Francisca G. Algarra, seguro que te encantará su libro 😉

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