Viñeta de Artsenal – @ARTSENALJH

Artículo de Beli – @Belentejuelas

 

La sentencia de “La Manada” recoge entre sus palabras el proceso de intimidación, miedo y sometimiento, al que llevaron los cinco acusados a una chica de tan solo dieciocho años.

Que la justicia haya emitido esa sentencia significa mucho para mujeres y hombres.

Los pobres hombres frágiles inventan, tergiversan y manipulan la información y los datos, para convertirse en las víctimas de una sociedad que intuyen matriarcal y que tiene como último cometido, destruirles.

Los machistas tienen miedo a ser tratados como ellos tratan. Miedo a perder la posición de poder donde falsamente se sujetan.

El pasado día 21 de junio el Tribunal Supremo emitió la sentencia definitiva al juicio por la violación ocurrida en Pamplona en las fiestas de San Fermín de 2016. El conocido caso de la Manada, llegaba a su fin. Los cinco acusados, sentenciados a nueve años de prisión por la Audiencia Provincial de Navarra por abuso sexual; y siendo ratificada la sentencia por el Tribunal Superior de Justicia de Navarra; irán a la cárcel por agresión sexual. Es decir, el Tribunal Supremo ha decidido que violaron a esa joven. Una sentencia a quince años que recoge entre sus palabras el proceso de intimidación, miedo y sometimiento, al que llevaron los cinco acusados a esa chica de tan solo dieciocho años. Según los cinco jueces, si se hubiera juzgado el caso correctamente desde el primer minuto, la sentencia podría haber sido mucho mayor ya que el auto indica que se cometieron al menos diez violaciones incluso simultáneas.

Que la justicia haya emitido esa sentencia significa mucho para mujeres y hombres. Las primeras sienten que al menos, aunque demasiado tarde, se ha conseguido lo que nosotras hemos reclamado desde que se cometió el crimen. Siempre supimos que fue violación. Lo exigimos en las calles, en las redes, en nuestras conversaciones. Durante breves instantes podíamos sentir en nuestras carnes el horror que llegó a sentir ella. Sencillamente porque a todas, en algún momento de nuestras vidas, un hombre nos ha violentado. No quiero decir que todas las mujeres hayamos sido violadas, eso sería una exageración y una monstruosidad. Pero sí que hemos experimentado miradas, tocamientos, palabras cargadas de violencia sexual. Su caso es la culminación de toda una vida en todas las mujeres.

Hemos llorado de alegría al pensar que los cinco miembros del grupo agresor estarán unos buenos años en prisión. Uno de ellos, dos más que el resto por el robo y destrucción del móvil de la víctima. Además, están a la espera del juicio por el caso de Pozoblanco (Córdoba). Otro caso de violación.

Los miembros del grupo son depredadores sexuales. Lo corroboran sus comentarios en sus RRSS, sus imágenes y sus actos. La forma en la que se comportaron con la víctima, como la expusieron y cómo han sido sus manifestaciones con respecto al caso. Para ellos toda mujer es un ser potencialmente violable. Está ahí para que ellos tomen lo que les apetece y después lo abandonen. Espero que la experiencia en la cárcel, el trato con el resto de presos y los psicólogos logren cambiar unas mentes, qué no estando enfermas, pueden pensar y cometer estas atrocidades por los que ahora van presos.

En los hombres hay disparidad de opiniones. Encontramos a muchos, muchísimos, que se sienten agradecidos a la justicia por llevar a esas personas a cumplir una condena escasa por el delito cometido, pero al menos condenados. Esos hombres son los que saben que una sociedad justa no puede permitir que determinados seres anden a sus anchas por las calles porque suponen un peligro real y tangible para las mujeres. Esos hombres no quieren formar parte del mismo grupo humano que los miembros de la Manada. Son tan enemigos como las mujeres.

Sin embargo, existe un porcentaje de hombres a los que la sentencia les hace plantearse cuestiones, que van más allá de la justicia real. Sienten que su masculinidad está puesta en entredicho. Que la palabra de una mujer les llevará hasta un tribunal para ser juzgados por todo aquello de lo que ella pueda acusarles, partiendo de la base de que la mujer miente siempre. Esos hombres son los que piensan que las mujeres y las feministas concretamente, estamos modificando la sociedad para convertir al macho en un pelele en manos de mujeres crueles y sin escrúpulos, en clara connivencia con la justicia, para destruir la sociedad de los hombres.

La masculinidad de esos hombres es un claro reflejo de su fragilidad. ¿Por qué un hombre ha de sentirse amenazado porque unos delincuentes sexuales vayan a prisión? ¿Qué pasa por la mente de los que, incluso con tres juicios donde ha quedado más que demostrado que el delito se cometió y es real, siguen culpabilizando a la víctima y meten en el saco de la maldad a todas las mujeres? ¿Dónde se sujeta su estabilidad emocional si tanto miedo a la realidad tienen?

Este y otros casos, funcionan como un desatrancapilas en la sociedad. El caso ocurre, se conoce, más tarde o más temprano se juzga y de golpe, por arte de pura absorción, aparece toda la morralla, toda la escoria que se encuentra bien escondida en las tuberías del hombre frágil. Del ser humano que tiembla de terror ante lo que debería ser un éxito judicial y social. Su hombría, su sentido del macho y sus derechos, se tambalean en el momento que se da un paso adelante en el camino de la igualdad.

Los comentarios de los hombres frágiles son agresivos. La rabia que sienten al ver amenazada la posición del que puede hacer lo que le de la gana en la vida, se vuelve bilis en su boca y se escupe en forma de insultos, críticas y amenazas. Se buscan culpables para cerrar la herida de su más íntima masculinidad dañada. Sus sentimientos más profundos se muestran al descubierto ante el desconcierto de entenderse como víctimas de un sistema, que solo persigue acabar con los pilares de su virilidad.

Describen a la mujer como un ser cruel que está en el mundo para volcar sobre el pobre hombre frágil toda la rabia y la perversidad que es capaz de imaginar. Los pobres hombres frágiles inventan, tergiversan y manipulan la información y los datos, para convertirse en las víctimas de una sociedad que intuyen matriarcal y que tiene como último cometido, destruirles.

Miden la realidad en función de sus propias expectativas y todo lo que no cumpla con lo que ellos esperan, lo toman como una agresión personal y grupal. Desprestigian los pilares de la sociedad porque los creen preparados para machacarlos y convertirlos en peleles en manos de los demás. Se defienden como gato panza arriba utilizando adjetivos denigrantes tanto para las mujeres como para los demás hombres, mucho más sensatos que ellos. Crear agrupaciones en las redes para acosar y vilipendiar. No tienen argumentos sólidos, más allá que sus propios sentimientos personales, pero utilizan la violencia verbal como un rasgo más de su característica de hombre.

Llevan a cabo una lucha sin cuartel para mantener el estereotipo de macho, que no de hombre, pues los hombres son también objetivo de su escarnio. De macho. Macho que toma lo que quiere, como los cavernícolas, y lo deja cuando lo estima oportuno. Defenestran el sistema porque está en contra de los valores que ellos sostienen que le son dados por la propia naturaleza masculina.

Algunos, tratan de defender su posición con cierto grado de coherencia. Intentan demostrar con falsos pero sesudos argumentos, con falacias e informes sacados de la chistera del machismo, que todo lo que exponen es una realidad. No todos van agrediendo con sus palabras. Pero sí que todos muestran esos rasgos de debilidad de los que no tienen seguros los pies en el suelo que pisan. Su fragilidad se transparenta en sus comentarios. Miedo a ser tratados como ellos tratan. Miedo a ser el objetivo de su cólera. Miedo a perder la posición de poder donde falsamente se sujetan.

Encuentran en las palabras de ciertos políticos, igualmente frágiles, el apoyo que necesitan para argumentar que los hombres son víctimas de caza de brujas. Serán desmentidas, pero dichas quedan. Y algunos las llevarán a su terreno personal y las repetirán como un mantra para justificar que el HOMBRE, es hoy víctima real de una sociedad injusta, que no entiende los valores más profundamente masculinos. Esos que permiten a unos cuantos rodear a una mujer en una playa y agredirla. Valores que les permiten ajustar la realidad a sus deseos, necesidades y actitudes. Valores que sirven para mantener estereotipos que se apoyan en los cazadores de mamuts y que no han evolucionado al mismo ritmo que los demás.

La masculinidad frágil está siento atacada. Está siendo puesta en evidencia para que las mujeres y los hombres normales se den cuenta de hasta qué punto es floja y destruible. Poco a poco, los hombres de virilidad enclenque tendrán solo dos alternativas. Convertirse en un grupúsculo que solo sirve para escupir veneno sobre los demás o abrir los ojos, autoanalizarse y comprender, que para ser un hombre no hace falta temer nada de la sociedad. Al contrario, hay que ser más cívico y lógico, plantarse frente a los hombres frágiles y decirles que ellos, no son como el resto de los hombres. Son escoria y su propio grupo les desprecia.

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