Tiempo de lectura: 5 minutos
LO QUE TE CUENTAN DE LA EDUCACIÓN ONLINE. LO QUE TE ENCUENTRAS EN LA PRÁCTICA. (Viñeta de Manuel. S. de Frutos)

LO QUE TE CUENTAN DE LA EDUCACIÓN ONLINE. LO QUE TE ENCUENTRAS EN LA PRÁCTICA.

 

Viñeta de Manuel S. de Frutos – @MSdeFrutos

Artículo Manuel S. de Frutos Art. – @MSdeFrutos

 

Uno de los principales objetivos de la educación es la socialización
 
Es preocupante que la educación a distancia pueda parecer ventajosa por motivos económicos a los que mandan y desplace a la presencial.

 Llevamos ya más de dos meses confinados, con los colegios cerrados y con pocas perspectivas de volver a las clases presenciales. Tampoco sabemos cómo afrontaremos el curso que viene, ni cuánto van a durar las medidas excepcionales. Nos iremos adaptando y saldremos adelante, pero esas expresiones como “la educación continuará con normalidad” hay que desterrarlas, porque la situación está perjudicando enormemente a los niños y a su educación en general.

Me parece totalmente inútil protestar en estos momentos por algo que somos incapaces de controlar, tampoco es práctico estar constantemente criticando o buscando culpables, hay veces que no se encuentran las soluciones porque no las hay. Tenemos que aceptarlo. Esta tesitura nos ha sorprendido y superado a todos; sin embargo, lo que sí debemos hacer es tener constantemente presente qué educación queremos, para saber qué es lo que estamos perdiendo y no caer en los errores del pasado o en otros peores.

Uno de los principales objetivos de la educación es la socialización. Es en la escuela donde los niños aprenden y practican los valores y normas culturales de su entorno que les permitirán integrarse en la sociedad, a la vez que les permitirá llegar a ser sujetos autónomos capaces de transformarla. Es el conjunto social que está en constante evolución. Para ello es imprescindible una  educación presencial, donde haya interacción entre los niños y niñas, en clase y en los recreos, con sus diferentes capacidades intelectuales o físicas, económicas, variaciones culturales, étnicas… Esto ha sido imposible durante este periodo, y se va a ver muy mermado durante mucho tiempo. No tiene arreglo, hemos tenido que priorizar la salud sobre todo los demás. La única manera de revertir la situación es solucionar primero el problema sanitario. Habrá que esperar.

Junto a la socialización, la igualdad es el otro objetivo que da sentido de la educación. Por un lado una buena educación ayuda a considerar la igualdad como un valor esencial, rechazando el machismo, el racismo y todos esos comportamientos antisociales de superioridad; por otro, una educación universal y gratuita contribuye a dotar a sus alumnos y alumnas de igualdad de oportunidades. Además, esta cualidad está estrechamente ligada al sentido de democracia. Cuando es el pueblo el que toma las decisiones, que sus ciudadanos reciban la mejor educación posible aumenta su eficacia. A la inversa, si la educación empeora la democracia se deteriora. En el momento que hay niños y niñas que necesita los comedores escolares para estar bien alimentados sabes que algo no va bien, inconscientemente lo asocias a problemas económicos o incluso de salud; pero cuando tienes que enviar y recibir los ejercicios de algunos de tus alumnos por correo ordinario porque la brecha digital impide otro método de comunicación, te das cuenta que es imposible que todos reciban la misma educación en estas circunstancias, que el sentido de igualdad se ha perdido. Sin embargo, por más que los profesores denunciemos esta situación la respuesta siempre ha sido dotarnos de más recursos digitales. Editoriales, psicólogos, bibliotecas, museos, universidades han prestado sus recursos digitales a los docentes con la mejor de las intenciones, pero lo que en realidad han provocado es una infoxicación que ha dificultado la toma de decisiones, esto al final no resuelve, si no que amplía la brecha digital.

Esta desigualdad despierta además un viejo fantasma, el de la meritocracia. Un problema muy serio en la enseñanza obligatoria. Primero porque tiende a reducirla a un adiestramiento para el futuro trabajo, cuando la especialización laboral debe centrarse en etapas posteriores, formación profesional, universitaria… Esta parte se está cumpliendo muy eficazmente, estamos adiestrando a los alumnos y alumnas en matemáticas, lengua, inglés y ciencias, al tiempo que, con la vigilancia constante de los padres in situ y de los profesores a distancia, estamos llevando al extremo la docilidad en detrimento de la responsabilidad, cumpliendo así con el ideal de obrero formado y obediente.  La educación es otra cosa mucho más compleja y completa, pues debe perseguir el desarrollo completo de la personalidad humana. Sin embargo son los méritos, representados por las notas los que centran la atención y preocupación de padres, alumnos, administración y de muchos profesores. Convertimos entre todos la evaluación de los procesos de aprendizaje en una calificación continua del individuo, que a su vez los clasifica y etiqueta, jerarquizándoles para el futuro, como si la educación obligatoria fuera esencial en su currículum vitae, como si lo único importante de la educación fuese obtener buenas calificaciones. En segundo lugar porque fomenta  la pura competencia, cuando lo que nos salva, tanto de forma individual como colectiva, es precisamente la cooperación, como ha demostrado esta pandemia. Bien, pues no aprendemos, y seguimos considerando que adaptarnos a las particularidades de los más necesitados es debilitar a los más privilegiados, sin darnos cuenta que en una sociedad, al igual que en una cadena, la resistencia total es equivalente a la del eslabón más débil. La dificultad para hacer actividades cooperativas en confinamiento es evidente, tampoco se normalizarán con las medidas de distanciamiento social, y nuevamente los más perjudicados son los desfavorecidos que sin posibilidad de conexión su educación queda incompleta.

Para colmo hay problemas que ya existían y que se agravan con el confinamiento de los niños. Unos evidentes como estar demasiadas horas delante de una pantalla, la dependencia de las conexiones a internet, o la ya mencionada brecha digital, y otros no tanto pero que precisamente desvirtúan completamente el sentido de la educación y hasta ponen en peligro la integridad de nuestros menores.

Esta situación se convierte en ideal para todos los partidarios de la censura parental. Ahora lo tienen más fácil que nunca, en casa con sus hijos, haciendo de intermediarios entre ellos y sus profesores. Todos esos valores democráticos, humanos, emocionales, esos que ya se trataban de manera “trasversal” porque en las sucesivas reformas educativas no se ha sabido, o no se ha querido, tratar como asignaturas, o al menos con espacios temporales propios para darles la importancia que tienen; esos, quedan ahora reducidos a la simple mención teórica en el caso de que pasen esa criba parental.

Hemos colocado las nuevas tecnologías en el centro de nuestra comunicación, casi de nuestras vidas pero sin haber sido antes educados en su uso. Muchos cursos, muchos programas y muchas horas dedicadas para aprender su manejo, pero casi siempre obviando los peligros, las precauciones que se deben tomar, nos hemos tirado de cabeza a la piscina antes de ver si tenía agua. Eso también es una carencia educativa. Y ahora vemos consecuencias como por ejemplo que con el confinamiento ha aumentado en un 25% el tráfico de pornografía infantil.

Lo más preocupante, en lo que a educación se refiere, es que este adiestramiento a distancia pueda parecer ventajoso para los que mandan y se pretenda continuar más tiempo de lo necesario o presentarse como una alternativa viable, opcional o no a la educación presencial. No puedo evitar pensar que todos estos que anteponen la economía sobre todo lo demás vean una oportunidad de recortar en educación. Con las TIC  un solo profesor puede atender a muchos más alumnos. Podrán argumentar que si fue útil durante el confinamiento por qué no puede seguir sirviendo después. Así se podrían aumentar la ratios y reducir el número de profesores y colegios, ahorrando no solo en su construcción si no también en sueldos, calefacción, mantenimiento y demás. Las nuevas tecnologías nunca podrán sustituir el contacto humano, los sentimientos, las relaciones interpersonales o el aprendizaje cooperativo. Con ellas se podrá instruir pero no se estará educando.

Los recortes en educación, al igual que en sanidad, también han sido muy profundos en el pasado y con toda seguridad algunos querrán que lo vuelvan a ser en el futuro. Debemos evitar que una nueva crisis traiga como consecuencia nuevos recortes, el bienestar social depende de ello.

Se avecinan tiempos muy difíciles para todos, también para la educación que ahora se encuentra herida, pero si tenemos claros los objetivos sabremos priorizar los recursos y superar las dificultades sin dejar a nadie atrás.

Artículos relacionados en LA-POLITICA.COM

España, segundo país del mundo en consumo de pornografía infantil y primero de la UE, incrementa la actividad un 25% durante el estado de alarma

 

**Sobre derechos de reproducción de las viñetas y el texto del artículo.