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Viñeta Manuel S. de Frutos – @MSdeFrutos

Artículo de Beli – @Belentejuelas

 

El 8 de marzo es el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, es el día para reivindicar los derechos laborales de la mujer, que a día de hoy sigue siendo más que vulnerable en el aspecto laboral.

La pobreza tiene nombre de mujer. La explotación también. La brecha salarial, el techo de cristal, los despidos por bajas médicas, por embarazos, la falta de promoción laboral…

El 8M no es un día de lucha social para todo hijo de vecino. Es un día de lucha. De lucha de mujeres por los derechos de las mujeres.

El 8 de marzo no es el Día de las Mujeres, ni el Día del Arco Iris, ni el Día de la Feminidad. Es el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Se estableció así en 1975 por la ONU. La lucha de las mujeres por unas condiciones y derechos laborales dignos, viene de mucho más atrás, pero se focalizó en esa fecha la reivindicación de un colectivo que a día de hoy sigue siendo más que vulnerable en el aspecto laboral.

La mujer trabaja, trabajará y ha trabajado durante toda su existencia. Desde que el mundo es redondo y hay humanos caminando por encima de él, las mujeres tenían el trabajo de cuidar de su familia. Todas las tareas domésticas recayeron en ella porque el Patriarcado decidió que la casa era su lugar porque era la madre. Era la que paría y eso implicaba directamente que el hogar y todo lo que conlleva era responsabilidad suya. Como eso debe ser poca cosa, además la mujer ha trabajado siempre al lado de su pareja. En el campo, en la ganadería, en la empresa familiar sea de la índole que fuera, la mujer y esposa desempeñaba un cargo o realizaba tareas por amor al arte. El marido pagaba sus cuotas a la Seguridad Social bien como asalariado o como autónomo asegurándose una pensión. Su mujer no. Con uno que pagase era bastante, aunque el negocio no funcionase sin el trabajo que ella realizaba. Recapitulemos entonces. La mujer, trabajaba codo con codo con su esposo en el negocio familiar fuera cual fuese la actividad y se ocupaba de las tareas domésticas porque le correspondían a ella, mientras su querido cónyuge, se sentaba a descansar en su tiempo de asueto, que para eso era el cabeza de familia. Y el Día de la Madre le regalaba a su esposa una lavadora porque la quería mucho.

Hoy día, aunque parezca increíble, este reparto de papeles sigue existiendo, solo que en versión moderna. Las mujeres, con un esfuerzo hercúleo hemos conquistado nuestro derecho a tener un trabajo remunerado fuera del hogar. Pero como somos mujeres, ese empleo no hace desaparecer la desigualdad que leíamos antes, porque seguimos llevando sobre nuestra espalda la mayor parte del peso de la crianza y la casa. De hecho, cuando este dato aumenta porque los hombres se implican más, se convierte en noticia titular de todos los periódicos como un hecho insólito.

Los datos sobre el trabajo de las mujeres hablan por sí solos y no los digo yo, los dice la EPA (del 2019). Las mujeres ocupan masivamente trabajos con reducción de jornada porque la corresponsabilidad en las tareas domésticas está muy lejos de ser fifty fifty y cuando una pareja decide que uno deja el trabajo o reduce su jornada para el cuidado de los hijos, la gran mayoría de las veces lo hace la mujer. También son las que desempeñan más trabajos precarios, mal pagados y temporales. Somos menos en puestos de responsabilidad, directivos intermedios y de alta dirección. Se nos paga menos y nuestra pensión es menor que la de los hombres con igual años de cotización. ¿Será porque nos pagan menos?

La pobreza tiene nombre de mujer. La explotación también. La brecha salarial, el techo de cristal, el suelo pegajoso, los despidos por bajas médicas, por embarazos, la falta de promoción laboral, la invisibilidad en el cargo, los bajos salarios y la concatenación de contratos temporales, los niveles de desempleo, los cuidados de pequeños, medianos y mayores, el acompañamiento a consultas médicas en horario laboral, el mal estado físico por el exceso de trabajo, el desempleo de larga duración….todo eso tiene nombre de mujer. Nuestros derechos laborales se consiguen a base de esfuerzo y de lucha sin descanso. Porque dentro de la clase obrera, del proletariado, está el proletariado femenino. Ese al que los propios proletarios miran por encima del hombro al no considerar que debe exigir particularidades especiales. Pues nada chicos, que os traten como a nosotras durante un tiempito y ya veréis si protestáis.

Las kellys, las temporeras de la agricultura, la hostelería, las empleadas del hogar, las trabajadoras de escuelas infantiles y geriátricos, enfermeras, maestras, administrativas, teleoperadoras y los trabajos considerados “basura” o “trabajo de baja cualificación” están desempeñados casi en su totalidad, por mujeres.

Hay motivos más que suficientes para una huelga de mujeres trabajadoras. Porque además es internacional y nunca debemos olvidar que, si nosotras estamos en condiciones más que mejorables, en el mundo hay millones de mujeres que viven en niveles pésimos.

Sin embargo, con esta panorámica que tenemos frente a nosotras, hay quien se cuestiona la necesidad de la huelga y quiere convertir ese día de reivindicación en una fiesta callejera, cambiando la pancarta y el grito de protesta por un baile de máscaras como si de un carnaval veneciano se tratase. Primero tenemos al gobierno que disimuladamente nos dice que no hay motivos para la huelga, porque para eso están ellos en el tajo. Señoras de este país, siéntense que nuestro presidente y sus colegas han llegado para resolvernos la vida. Solo nos queda esperar. Ni en el mejor de los casos, paternalismos y condescendencias aparte, debemos dejar que sean los gobiernos los que nos dicten que tenemos y que no tenemos que exigir. Nuestros derechos son nuestros y por ellos luchamos. Recordemos que el día que la Ministra de Trabajo firmó la subida del SMI se sentó en una mesa con tres hombres y que a nosotras y nuestros contratos de cuatro horas al día esa subida no nos da ni para tomarnos un café.

Luego tenemos a los grupúsculos que luchan contra el “feminismo hegemónico”; que ya me explicará alguien lo que es y dónde está, porque después de taitantos años en esto no lo encuentro; que deciden que, metiendo en este saco de lucha a colectivos con sus propias reivindicaciones, son más feministas que las demás y su lucha es más morada si cabe. Hablamos de búsqueda de grupos de travestis, diversidad de género, no binarios, indigenidades (no os asustéis que está bien escrito) lo que según sus propias palabras es, la periferia de las luchas sociales, para hacer un mejunje que sea visible en las marchas y huelgas. Eso sí, borrando la palabra mujer de todos lados no vaya a ser que la urticaria que les produce pronunciarlo, sea más acusada que la que viven un día normal.

El 8M no es un día de lucha social para todo hijo de vecinoEs un día de lucha. De lucha de mujeres por los derechos de las mujeres. Es un día de exigencias a los gobiernos para que cambien las normativas que nos hace empleados de segunda. Para exigir paridad en las empresas, para eliminar la brecha salarial y que las mujeres no tengamos que trabajar gratis dos meses durante todos los años de nuestra vida en activo. Para que las pensiones permitan a nuestras mayores vidas dignas. Para que nuestros jefes vean en nosotras a trabajadoras con los mismos derechos que los hombres y no personas que se van a embarazar y tendrán que despedir. Para que nuestros contratos sean tan firmes como los del resto. Para que nuestro trabajo sea una forma de socialización y de independencia y no una ayuda para la casa.

Ese es el día 8 de marzo. Quien quiera exigir derechos que lo haga, pero que se busque su propio día, su propia lucha y sus propios compañeros. Las mujeres saldremos a la calle. Las mujeres. Y los manifiestos deben recordar los problemas que tenemos y las necesidades que hay que cubrir. No vayamos a confundir términos y acabemos humillando a las que han dado su vida porque el 8M podamos salir a la calle.

Viñeta

- ¡¡¡Tomemos las riendas!!! (Viñeta de Manuel S. de Frutos)

– ¡¡¡Tomemos las riendas!!! (Viñeta de Manuel S. de Frutos)

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