Viñeta de Pat – @loscalvitos

Artículo Pat Art. – @loscalvitos

 

Eso es la ultraderecha, una religión. Sus fieles creen ciegamente en ella, sin importar los hechos.

El viernes pasado cogí un taxi cerca de la Puerta de Alcalá, en Madrid, después de sortear cuatro patinetes que estaban sobre el bordillo. “Es que esto no puede ser”, me saludó el taxista. “Sí, no solo hay que regular su uso, sino el sitio en el que se deb…” empecé a decir, cuando vi en el display de la radio, que el taxista estaba escuchando a Jiménez Losantos. Vaya, mala señal.

Los patinetes habían sido el disparador y la ciudad era ya el tema a tratar. La radio me indicó de qué pie cojeaba y el taxista no defraudó: “Carmena es jueza, pero no por oposición, le dieron el cargo por lo que pasó en Atocha”, dijo muy mal informado. Esto promete, pensé. Y siguió: “Carmena hizo bien lo de Madrid Central, pero no me gusta porque lo hizo desde una perspectiva comunista”, “los alquileres no se pueden regular, porque eso es comunismo”. Ya había cogido carrerilla. “Lo de la Gran Vía está muy bien, a mí me gusta, y lo ha hecho Carmena, pero lo que no me gusta es que lo hizo desde su idea comunista”. Las quejas, a imagen y semejanza de PP y Ciudadanos en Madrid, eran oposición a la oposición. Porque hasta donde yo sé, Carmena ya no está. Pero además, eran quejas sobre cosas que él mismo admitía que estaban bien hechas.

Eso es la ultraderecha, una religión. Sus fieles creen ciegamente en ella, sin importar los hechos. ¿Por qué digo ultraderecha? ¿Acaso por despotricar contra el supuesto comunismo –desde la profunda ignorancia- o escuchar a Jiménez Losantos, alguien es de ultraderecha? Bueno, no solo fue eso. En su alegato, el taxista declaró ser votante de Vox. No sé si le ha quedado demasiado lejos aquel conflicto taxis-VTC, con los consabidos apoyos políticos a unos y a otros.

Una pequeña digresión: no entiendo por qué hay tantos usuarios de VTC en ciudades, como Madrid, en las que si salimos a la calle, podemos coger un taxi en pocos segundos, sin necesidad de aplicaciones ni tarifas según mercado.

Como de religión se trata, mi taxista se reafirmó: “tienen que existir Uber y Cabify, pero no puede ser que compitan con nosotros”. ¿Qué quiere? ¿Qué compitan con los pescaderos? ¿Qué compitan con los carpinteros? Los había convertido en los VTC de Schrödinger. Los VTC tenían que existir y no existir al mismo tiempo.

Cuando nos sorprendemos por determinadas declaraciones públicas de los líderes de Vox, del PP o de Ciudadanos, tenemos que saber a quiénes van dirigidas. Creemos que a todo el mundo le tienen que resultar ridículas, sobre todo, cuando contienen mentiras flagrantes. Pues no, porque no importa qué dicen, sino quién lo dice. Las religiones exigen creer ciegamente, al margen de cualquier verdad científica o evidencia. Por eso la derecha es una religión. Podemos entender que un millonario apoye a un partido que plantee una brutal bajada en sus impuestos –no lo justificamos, porque su falta de empatía es condenable, pero entendemos que actúe en beneficio propio-, pero nos sorprendemos cuando un currito compra ese discurso y cuando asistimos a la queja de trabajadores por la subida del Salario Mínimo Interprofesional. No deberíamos sorprendernos. El currito de derechas es el gran triunfo de la derecha. Es religión. Es el mercado, amigo.

Viñeta

- Santiago, los rojos están haciendo las cosas bien. - No caigas en la tentación, nosotros somos el Dios verdader. (Viñeta de Pat)

– Santiago, los rojos están haciendo las cosas bien. – No caigas en la tentación, nosotros somos el Dios verdadero. (Viñeta de Pat)