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- Presencia encantado. - Ausencia encantado. (Viñeta de Pat)

– Presencia encantado. – Ausencia encantado. (Viñeta de Pat)

 

Viñeta de Pat – @loscalvitos

Artículo de Francisca García Algarra

 

Cualquier pregunta acerca de la realidad, nos obliga a transitar por los errantes caminos de lo subjetivo.

Si, como escribió Hegel: “los momentos que el espíritu parece haber dejado tras él, los posee siempre en su actual profundidad”.
Tendríamos que aceptar un eterno retorno presente sobre nosotros mismos, un ensimismamiento inevitable e inherente que nos haría perennes después de mortales.

En este contexto, lo real se autodefine como una pluralidad física, racional-emotiva y espiritual, con muchos planos y cortes sobre lo pura y concretamente percibido.

Mas si lo percibido es aquello que se puede, de alguna forma, cuantificar; lo ausente  debería asimismo determinarse, mas con el parámetro de la carencia.

Ya que lo que es en sí, lo es desde su ser tanto como desde su no-ser, ambos siempre presentes.

Cuando expresamos que en determinada cosa hay vida, también estamos diciendo que en ella “no hay” no-vida; damos por supuesta la ausencia nombrando la presencia.

Suponiendo, claro está, que los términos vida y no-vida sean excluyentes y no simultáneos en sus crípticas identidades, lo que sería objeto de otra reflexión, lejos de cultos y demás invisibles magias.

De todo ello resultaría una ecuación: presencia, carencia, realidad y tiempo.

En donde la variable siempre sería el tiempo (percepción paradójica, por otra parte, cuantificable y subjetiva a la vez).

Asimismo, todo lo presente vive sustancialmente en lo ausente, como la muerte se alimenta sin descanso de lo vivo.

Cuanto es presencia es ausencia, y solo en el aquí y ahora puede existir lo que es y está, lo inmanente.

El tiempo nos ignora, la muerte no.

La flor tersa que mece acompasadamente el viento, es, en esencia, la misma que, marchita, se deshoja y esparce.

Si fuésemos capaces de cuantificar con el mismo valor intrínseco, presencia y ausencia, nuestro sistema emocional cambiaría profundamente, seríamos dueños de nuestra “realidad”; lo que habría de conducirnos sin duda a dulces abismos, impensables hoy, múltiples espacios mentales y físicos más auténticos, libres y serenos.

Contingencia o libertad.

ETIQUETAS: Hegel

 

Libros

BAHIA DE UN CUERPO - FRANCISCA GARCIA ALGARRA - 3Bahía de un cuerpo

Francisca García Algarra.

En las templadas orillas de los cuerpos, de cada cuerpo, tienen su morada los deseos.
Es un espacio invisible y luminoso, donde se despierta de un sueño; donde el propio sueño es el único camino para llegar hasta él.
Un cuerpo se olvida en otro, por ello no existe mayor esperanza que la de olvidar.
Cuerpos anhelados, distantes, indiferentes; anudando día tras día su núbil consistencia, su momentánea eternidad.
Sueñan la verdad que más tarde no recuerdan.
La vida entera agotarán después buscándola.
Conscientes en ocasiones de su inconsciencia, repetirán una y otra vez los signos que les devuelvan al primer hechizo, el don de ser.
Somos el cuerpo que pensamos, y el que sin pensar, en la ráfaga de un instante dejamos de ser.
La única guarida que nos cobija, el único abandono que podemos evitar.
El tiempo procede de un cuerpo, y en él se agota.
Allí, donde el corazón tiembla, llora y ríe; fin y principio de su provisionalidad.

 

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