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- Dices que esa tal "Soledad" te ha ayudado a encontrarte... ¿Por qué no me la presentas? - ... (Viñeta de Lex)

– Dices que esa tal “Soledad” te ha ayudado a encontrarte… ¿Por qué no me la presentas? – … (Viñeta de Lex)

 

Viñeta de Lex – @LLexadas

Artículo Francisca García Algarra

 

La soledad es el reverso críptico de nuestro ser primigenio.

Nuestro primer impulso y nuestro último aliento.

Por ser una intrínseca condición existencial, no se resuelve en la lucha, sino en la serena aceptación.

Es una estrella que brilla en el pálpito de cada mirada, vivamente, para después iluminar esa noche en la que la verdad nos ciega.

El encuentro con nuestra soledad es condición de posibilidad para hallar, quizá, al sí-mismo prístino y originario, ese que nos hace comprender y comprendernos a nosotros mismos.

De tal forma que logremos pasear con ella de la mano y conversar, ser conscientes de su inherencia y no negarla.

Busquemos, entonces, la autenticidad de cada vértice de realidad que contemplamos sin juicios ni ideas previas, mucho más allá del aprender, que es desaprender.

Para cada uno sólo existe una vida en la que somos únicos e irrepetibles.

Nuestras elecciones quedarán incardinadas en nuestro camino, las emociones serán una guía para decidir y la racionalidad el áureo discurso del pensamiento que nos proteja.

Paso a paso, la nieve vierte un reguero silente de agua helada, tal vez para refrescarnos de tan arduo trabajo posible.

 

ETIQUETAS: Soledad

 

Libros

BAHIA DE UN CUERPO - FRANCISCA GARCIA ALGARRA - 3Bahía de un cuerpo

Francisca García Algarra.

En las templadas orillas de los cuerpos, de cada cuerpo, tienen su morada los deseos.
Es un espacio invisible y luminoso, donde se despierta de un sueño; donde el propio sueño es el único camino para llegar hasta él.
Un cuerpo se olvida en otro, por ello no existe mayor esperanza que la de olvidar.
Cuerpos anhelados, distantes, indiferentes; anudando día tras día su núbil consistencia, su momentánea eternidad.
Sueñan la verdad que más tarde no recuerdan.
La vida entera agotarán después buscándola.
Conscientes en ocasiones de su inconsciencia, repetirán una y otra vez los signos que les devuelvan al primer hechizo, el don de ser.
Somos el cuerpo que pensamos, y el que sin pensar, en la ráfaga de un instante dejamos de ser.
La única guarida que nos cobija, el único abandono que podemos evitar.
El tiempo procede de un cuerpo, y en él se agota.
Allí, donde el corazón tiembla, llora y ríe; fin y principio de su provisionalidad.

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