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Viñeta de Lex – @LLexadas

Artículo de Beli – @Belentejuelas

 

Exponer en una universidad los sistemas que el Patriarcado tiene para explotar biológica y sexualmente a las mujeres no debería estar sujeto a debate.

Se debería enseñar que a las personas no se las compra para ser usadas como incubadoras humanas o como trozos de carne para ser violadas.

Desde los más rancios sectores machistas se justifica la prostitución como un servicio que realiza una función social y que (la salvajada tiene tela) evita violaciones.

El sexo, libre, consentido y elegido es un desarrollo más de las personas. Elegir una pareja y practicar sexo en plena libertad es una experiencia que ninguna feminista va a cuestionar nunca.

Desde hace algunos meses, varias universidades de este país han programado cursos, ponencias, conferencias o seminarios sobre prostitución, pornografía o vientres de alquiler. En algunos casos, la información sobre estas charlas iba acompañada de imágenes donde se podían observar a mujeres atadas de pies y manos mientras un hombre sujetaba las cuerdas.

Todas las que trabajamos en pro de la defensa de las mujeres y sus derechos, hemos en mayor o menor medida, criticado estos actos por considerar que exponer en una universidad los sistemas que el Patriarcado tiene para explotar biológica y sexualmente a las mujeres no debería estar sujeto a debate. Todo lo contrario, desde nuestro punto de vista una universidad debería enseñar a su alumnado, en cualquier especialidad y curso, que a las personas no se las compra para ser usadas como incubadoras humanas o como trozos de carne para ser violados.

La prostitución y la pornografía están enfocadas casi en su totalidad a la satisfacción de “necesidades” de los hombres. Desde los más rancios sectores machistas se justifica la prostitución como un servicio que realiza una función social y que (la salvajada tiene tela) evita violaciones. Estos sectores ponen los deseos de los hombres frente al papel destructivo que sufren las mujeres y las niñas en las dos opciones. Recordemos que casi el 90% de las prostitutas son víctimas de trata y la línea que separa este aberrante acto humano con las que mujeres que libremente deciden ejercer la prostitución es tan débil y tan delgada que es casi imperceptible. Además no podemos olvidar que no solo hay trata cuando se engaña a una mujer con un trabajo estable que se convierte en prostitución. También es trata la explotación sexual de las mujeres y las niñas por necesidades básicas como la alimentación, cuando se las vende en matrimonios infantiles, cuando se las extorsiona por drogadicción o cuando se aferran a ese “trabajo” para poder cubrir necesidades básicas y primordiales.

Las prostitutas sufren a diario la violación sistemática no solo de sus cuerpos sino también de sus derechos. Definirlo como un trabajo libre y elegido es tan insólito como pensar que se puede ir a la oficina del INEM y pedir una esquina donde ejercer la prostitución con derechos laborales. Es completamente ilógico. Ninguna madre y ningún padre les dirán a sus hijas que es una alternativa laboral de la misma forma, que ninguna ponente que hable en una universidad, estaría dispuesta a dejar su trabajo para ejercerla.

La pornografía insulta a las mujeres y humilla el sexo. Los convierte en una forma de consumo visual donde mujeres (y por desgracia muchos menores) son expuestos para el disfrute de un espectador que cada día exige más sexo, más violencia y más degradación humana. Utilizarlo para dar charlitas a universitarios, es indecente, porque estamos academizando una violación grabada con una cámara de cine. Las actrices han reconocido su vulneración de derechos una y mil veces y además está sirviendo de escuela sexual a nuestros adolescentes, generando en ellos una versión totalmente distorsionada de las relaciones sexuales.

Desde algunos sectores que se autodefinen como feministas, la realidad biológica de la mujer, está siendo llevada a un segundo plano solo para considerar (además se quiere poner en forma de Ley) que ser mujer es solo una percepción personal y que no hay biología ni anatomía que pueda limitar ese deseo. Sin embargo, cuando algunos y algunas quieren formar esa “familia genética” de la que su vida no puede prescindir, se acuerdan de que las mujeres tienen una anatomía que puede darles el gusto de mirar a un bebé que se le parezca. En ese momento la naturaleza biológica de la mujer si es importante. Ahí necesitamos genética, hormonas, úteros y todo lo necesario para gestarles ese hijo que se van a comprar, explotando a una mujer con bajos recursos como un hornito cualquiera. Llevar a las aulas de una universidad una práctica que es condenada por la ONU, que está prohibida en España y que supone la creación del cuento de la criada en versión real, es como aceptar que la anatomía de una mujer está para ser usada siempre que sea necesario, incluso por terceros. Sus sensaciones, su sufrimiento tanto físico como emocional y la percepción de ser un instrumento más del consumismo capitalista no se tiene en cuenta. Solo su capacidad reproductiva.

Las feministas hemos criticado y seguiremos criticando que se utilice la explotación de la mujer para llenar aulas magnas y dar voz en la universidad a quiénes nos consideran objetos manipulables al antojo de una sociedad contradictoria que usa a sus mujeres como bienes consumibles. No hay docencia en la explotación. No hay interés académico que justifique violaciones de cuerpos y derechos. Solo hay intereses de sectores, que financieramente ven en esas prácticas, una forma de lucrarse saltándose los derechos más básicos de los seres humanos que se encuentran implicados.

Nos han llamado mojigatas, puritanas, inquisidoras del siglo XXI y casposas. Nos han comparado con la ultraderecha y se han tergiversado nuestras palabras para justificar que algunas universidades, cancelasen los actos. Desde políticas hasta periodistas, desde filósofas hasta miembros de los propios claustros, han increpado al movimiento de mujeres que mostraban su disconformidad con un seminario de este tipo. Hemos pedido que se escuche, no que se elimine, básicamente porque no tenemos poder para ello. Solicitamos que se respete y se midan los temas con la profundidad que exigen. No vamos sellando puertas con lacre para que no se acceda a las aulas. Ninguna va con la sotana que llevaban los censores de la televisión en la época franquista, porque ellos si qué tenían autoridad para cambiar películas y programas. Nosotras opinamos con la misma libertad que opinan los que nos insultan día sí y día también.

El feminismo es un movimiento social. No tiene poder de decisión en ninguna institución (ojalá lo tuviera) y por tanto no puede ser censor. No somos las Torquemadas de la moralidad. Exponemos nuestras opiniones con la misma libertad de expresión que los que convocan estos actos. ¿Solo es libertad lo suyo y criticar algo es censura? El feminismo solo intenta mover conciencias. La universidad es un lugar donde los valores más altos del ser humano, como son la solidaridad, el rechazo de la explotación, la compra de seres humanos, la violencia o la sexualidad abusiva, deberían ser expuestos en todos los ámbitos para formar personas con altos ideales.

Ninguna de nosotras lleva unas tijeras para ir cortando libertades. Todo lo contrario. El sexo, libre, consentido y elegido es un desarrollo más de las personas. Elegir una pareja y practicar sexo en plena libertad es una experiencia que ninguna feminista va a cuestionar nunca, pues sabemos por nuestra historia, que el sexo femenino ha sido tema tabú y ahora que hemos alcanzado el derecho a disponer de nuestro cuerpo a nuestra voluntad, no vamos a permitir que se sigan manteniendo prácticas que nos condenan a ser seres usables. La maternidad debe ser elegida y no por cuestiones de dinero. Los bebés no se compran y nuestra negativa a aceptar la gestación subrogada viene precisamente porque luchamos por los derechos de niños y madres.  Pero usar el cuerpo de las mujeres para el disfrute de los demás y además llevar a un aula la problemática en forma de alternativa viable, será siempre objeto de nuestra más férrea crítica.

Viñetas

INSERT COIN (Viñeta de Lex)

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