Viñeta ElKoko – @Elkokoparrilla

Artículo de Beli – @Belentejuelas

 

En España, se denuncia una violación cada cinco horas.

Mujeres o menores violados arrastran sus problemas derivados del delito durante gran parte de su vida con secuelas traumáticas que condicionan toda su existencia posterior.

Los jueces del tribunal de Manresa optaron por obviar que utilizar el cuerpo de una niña en una situación de desventaja total sea violento.

En Manresa había cinco violadores. Cinco hombres con una edad y una constitución física muy superior a la víctima, ella estaba inconsciente y la violaron por turnos.

Muchas veces nos preguntamos qué es un acto violento. La violencia, según el diccionario de la RAE es “Fuerza física que aplica una persona sobre otra y que constituye el medio de comisión propio de algunos delitos, como el robo y los delitos contra la libertad sexual, entre otros”. En el diccionario jurídico, la misma RAE, asigna esta definición: “En el acto jurídico, fuerza extrínseca ejercida sobre un sujeto para imponerle realizar un acto, y a la que no se puede resistir.”

Si reducimos la violencia al acto físico de la fuerza, nos encontramos con que muchas de las acciones humanas no podrían calificarse como tal. Y, sin embargo, lo son. En diversas ocasiones, la violencia está presente, aunque ninguno de los implicados sufra daños físicos en su cuerpo. Existe una clara violencia que no deja una secuela visible en la fisionomía del agredido.

La violencia verbal es un hecho que todos conocemos, bien porque puede que la hayamos ejercido o hemos sido víctimas de ella. Una palabra, un grito o una amenaza son formas de dañar a un ser humano.
Otra forma, por desgracia muy común, sobre todo en el maltrato machista o a menores, es la violencia emocional. Desprecio, indiferencia, humillaciones, insultos, ridiculización, minan la personalidad de la víctima hasta el punto de perder los pilares básicos de su estabilidad como ser humano. ¿Qué es el bulling sino una forma de maltrato emocional y como tal una forma violenta de tratar a un compañero, llegando incluso a causarle la muerte por suicidio?

Las mujeres víctimas de maltrato, presentan siempre una situación emocional de destrucción. Baja autoestima, miedo, aislamiento emocional, dependencia del agresor, trastornos del apego, estrés postraumático, irritabilidad, trastornos del sueño, y así una lista interminable de síntomas. Sin embargo, las víctimas que experimentan estos problemas emocionales y psicológicos no siempre han sufrido violencia física. Muchas víctimas reconocidas de violencia machista, nunca han sido golpeadas.

En todos los aspectos de la vida, la violencia ejercida sin lesión física, se contempla como una forma de dañar a una persona premeditadamente. El odio al diferente, al que no es como nosotros, se le trata de una forma social e incluso institucionalmente con una carga violenta implícita, aunque no se mueva un dedo contra él.

Donde quiero llegar es que no hace falta dar un guantazo, una patada, un puñetazo o miles de actos más agresivos todavía, para ejercer una violencia sobre una persona y que sus consecuencias sean visibles a simple vista. Por desgracia, las secuelas de un acto violento sin agresión son perdurables en el tiempo, mucho más que las físicas. Mujeres o menores violados arrastran sus problemas derivados del delito durante gran parte de su vida con secuelas traumáticas que condicionan toda su existencia posterior.

Cuando un hombre utiliza el cuerpo de una mujer para un acto sexual sin que ella ofrezca su consentimiento, está ejerciendo violencia sobre ella. Es indistinto si para conseguirlo necesita golpearla o agredirla físicamente. El solo hecho de tomar lo que no te es dado voluntariamente ya es un acto violento.

La violación es el delito en donde uno o más actores, obligan mediante diferentes técnicas a otro actor a dejarse utilizar sexualmente. La única premisa necesaria es que el actor víctima no ofrezca su consentimiento de forma explícita, bien a través de sus propias palabras o bien con la expresividad de su cuerpo y sus acciones. Esta definición es mía. No la encontraréis en el Código Penal de ningún país porque se trata de lo que yo siento.

En nuestro Código Penal, la violación, se divide en dos delitos cuya diferencia estriba en la violencia ejercida. Es de los pocos delitos para los que sí se especifica claramente que exista violencia física o intimidación. Esta diferencia permite que las penas aplicadas en cada caso tengan una sustancial distancia. En el caso de agresión sexual, las condiciones de la víctima, el número de agresores, el uso de objetos y otros agravantes, podrán aumentar las condenas. Pero el rasgo más significativo es el uso de la violencia física.

Ese matiz judicial, ha permitido que los violadores de Manresa, cuya víctima no solo era menor (tenía 14 años cuando la violaron) sino que además se encontraba en una situación de total indefensión, hayan sido condenados por abuso y no por agresión. Los jueces del tribunal optaron por obviar que utilizar el cuerpo de una niña en una situación de desventaja total sea violento. Es decir, han lanzado un mensaje a los posibles violadores para dejarles claro que, si no maltratan a sus víctimas, que si ellas no se pueden resistir por la razón que sea, no serán condenados por violación. Su delito será reducido a la mínima expresión.

En Manresa había cinco violadores. Cinco hombres con una edad y una constitución física muy superior a la víctima, ella estaba inconsciente y la violaron por turnos. Uno detrás de otro, tomaron de una persona indefensa aquello que sabían que consciente nunca les habría dado. Los jueces, amparados en la legislación vigente han aplicado la ley. ¿Habría podido considerarse en el tribunal que la indefensión de la víctima era un agravante en vez de un eximente? No soy jurista y no puedo saberlo, pero en la sentencia hay un “pequeño matiz” que permite dilucidar qué están entendiendo los jueces por violencia. Dos de los acusados, han sido puestos en libertad porque no violaron a la joven, aunque uno de ellos se masturbó (sí, se masturbaba en la contemplación de una violación expresa, imaginemos que clase de ser humano es) mientras observaba como los demás usaban el cuerpo de la niña. Se le pedía condena por omisión de socorro y el tribunal ha estimado que no podía haber hecho nada para impedirlo. Es decir, la situación no permitía que un adulto mayor de edad hubiera podido evitarlo, ni llamar a la policía, ni empujar a ninguno para que dejase de violarla, ni tan siquiera incriminarlos ante las vejaciones reiteradas a las que sometieron a esa niña. Él si estaba en indefensión suficiente como para ser puesto en libertad, pero ella no lo estaba para que se considere que sí hubo violencia hacia ella.

La sentencia no solo exige una revisión exhaustiva de nuestro marco jurídico en cuanto a delitos sexuales, sino que además hay que incluir en el menor tiempo posible lo acordado en el Convenio de Estambul, que España tiene firmado y ratificado. Juristas de ambos sexos se han mostrado en desacuerdo con la misma y con la forma en la que el tribunal ha condenado a los acusados. Esta sentencia obliga al Consejo General del Poder Judicial y al Ministerio de Justicia a la formación específica de jueces y magistrados, a los fiscales, a los abogados, secretarios judiciales y demás agentes intervinientes. Obliga al Gobierno a llevar a cabo políticas educativas en perspectiva de género y violencia en todos los estratos y ámbitos sociales. Obliga a los partidos políticos de la oposición a presionar al poder ejecutivo a ejercerlas con premura. Obliga a la sociedad a denunciar todo acto violento contra las mujeres. Obliga a los hombres en particular a ser implacables con sus congéneres que puedan solo plantearse o imaginar cometer actos de este tipo. Y no digamos denunciarlos si son conocedores del acto cometido.

En España, se denuncia una violación cada cinco horas. Una mujer acude a una comisaría o a un puesto de la Guardia Civil a pedir ayuda porque alguien ha usado su cuerpo sexualmente sin contar con su aprobación unas cuatro veces al día. Si este dato no es preocupante para los que tienen que ejercer la justicia y organizar la legislación, no sé qué más necesitan. Nosotras estaremos en las calles exigiendo que no se nos ningunee. Si un robo siempre es un robo y se agrava con la violencia, que con las violaciones ocurra lo mismo. Siempre serán violaciones porque el delito, en todos los casos, incluye alguna violencia sobre la víctima, porque ninguna mujer quiere ser violada. Sus reacciones o la situación donde se produzca el hecho no le debe, en ningún caso, quitar importancia o restar condena. Poner el foco en la víctima y su comportamiento es permitir que la legislación tenga un doble rasero. Una actitud, un estado físico o emocional, una vestimenta, una ingesta de alcohol o drogas no deberían nunca ser eximentes para el violador o un agravante para rebajar la veracidad de las declaraciones de la agredida ni la de los peritos.

Una víctima es una víctima. Se haya resistido o no. Se haya defendido o no. Sea discapacitada, menor, anciana o una joven fuerte y vigorosa. La justicia está obligada a defender siempre a la víctima. Un juicio justo no debe en ningún caso implicar que las condiciones físicas, morales o emocionales de la agredida permitan que la condena sea menor. La justicia debe juzgar al criminal no a la mujer.

Viñeta

- Anímese jefe. Como usted bien dice... Solo es abuso. (Viñeta Elkoko)

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