Viñeta de Dalmaus – @dalmaus

Artículo Simone Renn – @SimoneRenn

 

Los neoliberales se amparan tras la gran palabra “libertad”, pero lo que quieren en realidad es estar libres de toda responsabilidad social al tiempo que se benefician de toda la estructura social del Estado.

La competencia perversa está en el ADN del neoliberal, que huye del bien colectivo anteponiendo la mal entendida libertad individual. Amigos de la caridad y no de la solidaridad.

La ciudadanía no tiene una idea clara de lo que significa “neoliberal” y sin embargo es la filosofía que ahora mismo gobierna el mundo. Su anonimato es en gran medida parte de su poder.

El neoliberalimso se trata de una corriente económico-política asociada al capitalismo que profesa el resurgimiento de los preceptos promulgados por el llamado Liberalismo Clásico o Primer Liberalismo, surgido en la Europa de los siglos XVII y XVIII, al que se acusó de los fracasos económicos como la Gran Depresión o el hundimiento económico vivido en los primeros años de la década de 1930.

Esta corriente se basa en la teoría de la economía clásica, según la cual los mercados son los elementos más apropiados para hacer más eficientes los recursos, por lo que no es amigo de la “ingerencia” del Estado, que según afirman, impide que los mercados lleguen al equilibrio perfecto. Promueve una drástica reducción del gasto público en favor del sector privado, que pasaría a desempeñar las competencias tradicionalmente asumidas por el Estado

Hoy en día el neoliberalismo es la teoría que domina las economías en el mundo, y sin embargo es un término desconocido para muchos.

El término neoliberalismo nace en París, en una reunión celebrada en 1938 Alexander Rüstow acuña el término “neoliberalismo” para diferenciar el liberalismo moderno del liberalismo clásico y la economía laissez faire, que consideraba que habían fracasado. Su definición ideológica se atribuye a  Ludwig von Mises y Friedrich Hayek, dos exiliados austríacos que rechazaban la democracia social (representada por el New Deal de Franklin Roosevelt y el desarrollo gradual del Estado del bienestar británico). En Camino de servidumbre (1944), Hayek afirma que la planificación estatal aplasta el individualismo y conduce inevitablemente al totalitarismo. En 1947 Hayek funda la primera organización encargada de extender su doctrina (la Mont Perelin Society), y obtiene el apoyo económico de muchos millonarios y de sus fundaciones.

La labor de extender el neoliberalismo, hoy ejemplo del buen hacer en la inmensa mayoría de escuelas de negocio, estuvo financiado por ricos promotores de comités de expertos cuya labor consistía en perfeccionar y promover el credo; entre ellas, el American Enterprise Institute, la Heritage Foundation, el Cato Institute, el Institute of Economic Affairs, el Centre for Policy Studies y el Adam Smith Institute.

Pero tras la II Guerra Mundial, en una sociedad desbastada en la que los estados tenían como objetivo el pleno empleo y la reducción de la pobreza, el neoliberalismo no consigue que arraigue a pesar de las muchas bondades que prometía. Es en los años 70 con ayuda de periodistas y consejeros políticos adeptos a la causa, cuando logra que los Gobiernos de Jimmy Carter (EE.UU) y Jim Callaghan (UK) apliquen elementos del neoliberalismo.

Será con los presidentes Ronald Reagn (EE.UU), Margaret Thatcher (UK) y en Sudamérica con Pinochet (Chile), cuando el neoliberalismo alcanza su zenit practicando reducciones masivas de los impuestos de los ricos, destrucción del sindicalismo, desregulación, privatización y tercerización y subcontratación de los servicios públicos. Así la doctrina neoliberal consigue imponerse en casi todo el mundo.

El neoliberalismo en su avance ha sido protagonista en crisis de lo más variadas: el colapso financiero de los años 2007 y 2008, la externalización de dinero y poder a los paraísos fiscales, la lenta destrucción de la educación y la sanidad públicas, el resurgimiento de la pobreza infantil, la epidemia de soledad, el colapso de los ecosistemas y el ascenso de populistas como Donald Trump, Bolsonaro o Boris Johnson, pues la ciudadanía, desvalida ante sus Gobiernos, opta por refugiarse en discursos que ofrecen soluciones sencillas si se tratan desde el autoritarismo y el fascismo del estado.

Los neoliberales defienden que “el mercado” produce beneficios que no se podrían conseguir mediante la planificación, y sus acciones convierten a los ciudadanos en consumidores cuyas opciones democráticas se reducen como mucho a comprar y vender, proceso que supuestamente premia el mérito y castiga la ineficacia.

Las consignas de los neoliberales son bajar los impuestos, reducir los controles y privatizar los servicios públicos. Según su filosofía las organizaciones obreras y la negociación colectiva o el bien colectivo dificultan la creación de una jerarquía natural de triunfadores y perdedores que entienden como justa, siempre claro está que ellos salgan beneficiados, para lo que no dudan en utilizar cualquier tipo de artimañana.

Los neoliberarles son amigos de la caridad y no de la solidaridad, de esta manera controlan y gestionan las vidas de los menos afortunados para su propio beneficio, consiguiendo además que los receptores de su magnanimidad se sientan agradecidos. De ahí el instrumento de las donaciones. Dono cuando, como yo quiero y a quien yo estimo oportuno, según “mi conveniencia”.

La competencia perversa está en el ADN del neoliberal, que huye del bien colectivo anteponiendo la mal entendida libertad individual. Su visión del mundo es la de ganadores y perdedores, hasta que ellos pierden, entonces juegan su baza de poder en los estamentos nacionales e internacionales y no tienen ningún pudor en ser ellos los rescatados, pues se consideran imprescindibles para esta sociedad, por encima del resto de los mortales, y por lo tanto deben ser ayudados, porque el mundo los necesita.

Los neoliberales presumen de demócratas, defendiendo la necesidad de la competencia como único credo, cuando condena a millones de seres humanos a la dictadura del hambre en el mundo. Para ellos crear una sociedad más equitativa es contraproducente e incluso se atreven a afirmar que es moralmente corrosiva. Su hipocresía sobre la libertad les lleva a que cuando no pueden imponer sus principios en un país, los imponen a través de tratados de carácter internacional que incluyen “instrumentos de arbitraje entre inversores y Estados”, es decir, tribunales externos donde las corporaciones pueden presionar para que se eliminen las protecciones sociales y medioambientales.

Los neoliberales se amparan tras la gran palabra “libertad”, pero lo que quieren en realidad es estar libres de toda responsabilidad social al tiempo que se benefician de toda la estructura social del Estado.

Ahora mismo nos encontramos en una situación económica y social sin igual para hacer todo lo posible para frenar el neoliberalismo, y encontrar el equilibrio que fortalezca y promueva la diversidad al tiempo que el bien colectivo, en una sociedad amable donde cada una de nosotras y nosotros encontremos nuestro lugar y nos demos cuenta que es preciso dejar de promover el egoísmo, la rivalidad y la pérfida competencia que solo lleva a la soledad no deseada para la que no está diseñada el ser humano.

Vídeo

Youtube. Mauricio Schwarz. Qué es realmente el neoliberalismo

 

Viñeta

- Yo soy neoliberal hasta la médula... y hasta que necesite ayuda. (Viñeta de Dalmaus)

– Yo soy neoliberal hasta la médula… y hasta que necesite ayuda. (Viñeta de Dalmaus)

 

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Wikipedia Neoliberalismo