Viñeta de Dalmaus – @dalmaus

Artículo Simone Renn – @SimoneRenn

 

Toca levantarse, toca cambiar lo que ha hecho morir en soledad a tantas y tantas personas que no merecían morir a manos del capitalismo, ni de ninguna otra dictadura con diferentes apellidos.

Cansada, estoy cansada de escuchar que pronto volveremos a la “normalidad”. ¿Cómo? ¿No hemos aprendido nada?

Esa normalidad que nos hace seguir con nuestras vidas mientras otros deciden nuestro destino: qué comeremos, qué vestiremos, a qué jugaremos, cuándo podremos estar con nuestra familia, y ahora hasta cuándo y cómo moriremos.

No, no quiero que todo siga igual. Harta, estoy harta del silencio de esos corderos que solo saben llorar a sus muertos, ahora incluso en la distancia, tan siquiera les dejan verlos.

Soy de ciencias, aunque con alma de letras, eso me hace tener una visión más amplia de la vida, acompañado con más de cincuenta años por este planeta llamado Tierra. Universitaria en una familia de clase media que estudió una carrera a pesar de la opinión paterna, empleada, autónoma, empresaria, docente y amante del buen humor. Miembro e impulsora de organizaciones sociales. Madre e hija de una mujer de 93 años que sigue haciendo por vivir y cuyo lema es “con corazón de punta”, pero siempre “con corazón”.

Bien, todo este currículum, me hace afirmar con total rotundidad: NO QUIERO, NO PUEDO VOLVER A LA NORMALIDAD.

¿Vamos a caer otra vez en la trampa? ¡Vamos corderos, no hay por qué convertirnos en lobos sociales, pero sí en cabras montesas que decidan su camino y hasta que tan alto quieran llegar en la montaña de la vida!

Es hora de parar los pies a los lobos sociales, de decir basta. ¡Hasta aquí hemos llegado! Somos más, somos mejores, solo nos falta valor, determinación y organización. ¿Queréis más pruebas de que es imprescindible, de que es necesario el cambio?

Es hora de valorar lo que SÍ IMPORTA y dejarnos manipular por quienes dicen que es “más fácil” no pensar porque dicen que “ellos nos defienden”, porque dicen que “no sabemos”, porque dicen “que ellos saben gestionar”. Así son esos abominables humanos, sedientos de mansos corderos para sus crueles y desalmadas fiestas nutridas de dóciles e ignorantes borregos. ¡BASTA YA. BASTA!

Datos, hablemos de datos y hechos. ¿Qué hemos aprendido estos días de confinamiento? Que la alimentación, la salud, la cultura, la industria, los servicios y tecnologías “bien empleadas”, “sin abusos”, son las que nos mantienen vivos, nos acercan a los que queremos, y nos colman de buen humor, esperanza y ganas de vivir la vida que nos merecemos.

Nos hemos dado cuenta de cuanto importan las mujeres y hombres con oficios como camioneros, limpiadoras, barrenderos, dependientes, o modistas con su máquina de coser o su aguja y su dedal para coser mascarillas que nos protejan del tan traído y llevado coronavirus, por no hablar de los que luchan en primera línea, de esos sanitarios que acumulan decenas de contratos temporales en los cajones de una sanidad menguada por los recortes de esos, de los “grandes e inteligentes gestores draconianos”.

Nos hemos dado cuenta de que no nos hacen falta treinta vestidos, veinte pares de zapatos una colección de caros relojes o coches de alto lujo. Nos lo vendieron como éxito y no es éxito ninguno arrasar para que cuatro rellenen un ego insaciable, infame e iracundo a costa de pisotear a otros seres, en nombre de dioses con diferentes alias, cuyos representantes en este mundo todos tienen algo en común, muy forrados sus bolsillos, y cuyo último dios es ese gran dios “el capitalismo”, a veces incluso bautizado como “falso comunismo”.

Calla, no digas, no señales, no delates. ¡Mira qué listo, qué avispado! ¡Qué arte evadiendo capitales, eludiendo impuestos! ¡Engañando y sorteando las leyes! ¡Cómo consigue ayudas y subvenciones, sin cumplir lo proclamado! ¡La familia es lo más importante, eso sí, mi familia, mi idea de familia, las demás no cuentan, las demás no valen! ¡Ole! ¡Ole! y ¡Ole! Así jalea esta sociedad a los estafadores de guante blanco, a los vendedores de moral barata que se pasean exigiendo cumplimiento a sus borregos y a sus serviles esbirros, mientras ellos se saltan la moral y las leyes que a otros imponen con hipocresía y fingimiento.

La generación del silencio, marcada con el cuchillo del miedo y la necesidad de un “falso éxito”, hoy tiene que poner fin no solo a una pandemia, a un confinamiento. Hoy a quien hay que silenciar es a los falaces argumentos de banqueras y banqueros manejados por la corrupción, la droga y el ego.

Hoy la rabia me invade. Va por ti Diana, va por las personas que no tuvieron ninguna suerte y que esta sociedad insolidaria no dejó tan si quiera despedirse de sus seres queridos en su partida a un más allá, porque habéis tenido que morir solas, no por el coronavirus, si no por una sociedad que no tuvo la valentía de levantarse, que se arrodilló, se humilló y doblegó ante el ego, el poder y el dinero.

Llega el momento de entender porque somos todas y todos tan diferentes, tan valiosos, bueno menos los viles señores feudales a quienes habrá que estudiar y buscar asiento. Llega el momento de fomentar aquello que sale de forma innata y para lo que cada uno de nosotras y nosotros estamos dotados. Llega el momento de la libertad, de la creación y ahora estamos listos, no nos dejemos engañar de nuevo por “gestores de pacotilla” que se creen sabedores de nosotros mismos.

Toca levantarse, toca cambiar. Que esos aplausos de las 8 se conviertan en fuertes voluntades para cambiar lo que nos ha traído hasta aquí y ha hecho morir en soledad a tantas y tantas personas que no merecían morir a manos del capitalismo, ni de ninguna otra dictadura con diferentes apellidos.

Va por ti Diana, hoy te pido perdón, y me acordaré de ti y de todos los que han fallecido solos, para darme la fuerza de seguir luchando por un mundo en el que la tolerancia y la empatía reine sin necesidad de corona alguna, porque sí, soy republicana.

Viñeta

MURIÓ PARA SALVAR AL CAPITALISMO (Viñeta de Dalmaus)

MURIÓ PARA SALVAR AL CAPITALISMO (Viñeta de Dalmaus)