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FASCISMO Y EQUIDISTANCIA. - ¿Qué hacemos después de dar la paliza? - Lo de siempre. Nos escondemos detrás de un equidistante. (Viñeta de Polo)

FASCISMO Y EQUIDISTANCIA. – ¿Qué hacemos después de dar la paliza? – Lo de siempre. Nos escondemos detrás de un equidistante. (Viñeta de Polo)

 

Viñeta de Polo – @PeaLeopoldo

Artículo Simone Renn – @SimoneRenn

 

Ante aquellos que proclaman la tan manida frase “no soy ni fascista, ni antifascista” yo les contesto, “si no eres antifascista eres colaboracionista de los fascistas, ergo, eres fascista y por tanto maltratas al más débil con tu elevada equidistancia”.

No se debe confundir equidistante con moderado. Un moderado demócrata jamás es equidistante ante el fascismo, pues el fascismo defiende la violencia política, la guerra y el imperialismo como medios para lograr una «regeneración», un rejuvenecimiento nacional a su medida, medidas totalmente antidemócratas.

El fascismo y el nazismo se infiltran en la democracia y la dinamitan desde dentro. Esto lo aprendió muy bien Hitler, que habiendo llevado a cabo un fallido  golpe de estado en 1923 contra el Gobierno de la República de Weimar, los llamados “criminales de noviembre” por el que el juez Neithardt dictó la pena mínima de cinco años para Hitler porque, según él, los acusados habían actuado “con un ánimo puramente patriótico y por los motivos más nobles y desinteresados”, pena que fue criticada por la prensa al considerar que era demasiado benévola. Ni tan siquiera llegó a los cinco años su estancia en prisión pues el 20 de diciembre de 1.924 le fue conmutada la sentencia y salió en libertad. Durante ese tiempo además de gozar de unas agradables condiciones de vida aprovechó para escribir el que sería considerado su testamento político, Mein Kampf (Mi lucha) y decide que la mejor táctica para alcanzar el poder es valerse de los medios legales. En las elecciones de 1.932 el partido Nazi alcanzó el 33% y gracias a las instancias y apoyo del que más tarde se convertiría en el papa Pio XII, el presidente Hindenburg, que miraba con recelo y desdén a los nazis, fue convencido para que llamase a Hitler para formar gobierno. En 1.934 Hitler quiere acceder a ser canciller gracias a la “Ley Habilitante” y el cardenal Pacelli (futuro Pío XII) condiciona el apoyo a Hitler del partico católico Zentrum a la firma de un beneficioso concordato con el Vaticano, a lo que Hitler accede y así es como se convierte en el Führer de Alemania. El Vaticano, fue el primer estado en reconocer formalmente la legitimidad del gobierno de Adolf Hitler.

Como podemos comprobar el fascismo sabe manejarse por los terrenos de la Justicia a su placer y el poder, en este caso del Vaticano, lo utilizó para su beneficio, sin importarle las consecuencias de su acuerdo con Hitler para la humanidad.

Hemos visto como en España el partido Vox y sus extensiones de “Hazte Oír” o los “Abogados Cristianos” aprendieron muy bien la lección y recurren a la Justicia de inmediato para entorpecerla o conseguir aquello que quieren.

Quien maneja la Justicia maneja el país y a la ciudadanía, de ahí la lucha que existe hoy en día por el Poder Judicial de España, que hace que el Partido Popular se niegue a la renovación del Consejo General del Poder Judicial que se debía haber llevado a cabo en el 2.018.

Hay alguien que tenía muy claro como hay que combatir el Fascismo, el anarquista republicano Durruti:

Al Fascismo no se le discute, sino que se le combate.”

¿Por qué el fascismo continúa existiendo hoy en día? También nos lo explicó Durruti:

Ningún gobierno en el mundo pelea contra el fascismo hasta suprimirlo. Cuando la burguesía ve que el poder se le escapa de las manos, recurre al fascismo para mantener el poder de sus privilegios. Y esto es lo que ocurre en España.

José Buenaventura Durruti Dumange (León, 14 de julio de 1896 – Madrid, 20 de noviembre de 1936) fue una de las figuras más relevantes del anarquismo español y de la organización sindical CNT. Luchó en la Guerra Civil Española junto a la República al frente de una formación de milicianos conocida en su nombre como la Columna Durruti.

Es una figura que el franquismo intentó borrar y que la democracia española debería recuperar. Ciudadano querido por el pueblo español de su época, tanto que el entierro de Durruti fue el más multitudinario de toda la historia de España. 

 

José Buenaventura Durruti, revolucionario

 

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