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Viñeta de Pat – @loscalvitos

Artículo Pat Art. – @loscalvitos

 

El “analfabeto jurídico”, como lo calificó Pérez Royo, entrega el PP vasco a la ultraderecha, a cambio de ganarse el favor de los votantes del resto de España.

Cuando se votó en las primarias del Partido Popular y los dos que clasificaron para la final, en la que ya no decidirían los militantes –así funciona la democracia en este partido-, resultaron Pablo Casado y Soraya Sáenz de Santamaría, en la izquierda había sentimientos encontrados. Las preferencias estaban divididas. Hay que tener en cuenta que el recuerdo del PP de Rajoy estaba muy fresco, por lo que la imagen de Sáenz de Santamaría no era precisamente la mejor. Pero lo de Casado ya era de juzgado de guardia.

Si ganaba Sáenz de Santamaría, el PP sería más moderado y rascaría algunos votos de centro. Si ganaba Casado, el PP se hundiría por dos razones: su radicalismo ya evidente y el escándalo de su máster –por cierto, mucho más grave es lo de su carrera de derecho, pero nos hemos quedado en el detalle-. Ya se había producido la moción de censura de Pedro Sánchez y no estaba clara la duración de la legislatura, pero el adelanto electoral era una posibilidad cierta, y que fuera uno u otro el candidato era determinante para saber qué línea iban a seguir los populares y a qué se tendría que enfrentar la izquierda.

¿Qué era mejor si pensamos en términos de Estado? ¿Una oposición algo más responsable, de mano de Sáenz de Santamaría, con la peligrosa posibilidad de recuperación de la derecha, o una oposición radical de un analfabeto jurídico, como lo definió Pérez Royo, que llevaría a la derecha al ostracismo? El votante de derechas nunca deja de sorprender y eligió el suicidio. El escándalo de la carrera de Casado, ya tal, que para tapar miserias son unos expertos. Pero como los votantes en general tampoco decepcionan, el suicidio fue parcial y, aunque a la derecha le queda por recorrer una travesía en el desierto a nivel nacional, en no pocos sitios puntuales le alcanza para gobernar.

La última performance de Casado ha sido la puñalada trapera a Alfonso Alonso en el País Vasco. En el pecado está la penitencia. Por mucho que el cuerpo nos pida defender al ex ministro de Sanidad, él eligió estar en un partido en el que el dedazo es norma. Ajo y agua. Más digna fue la salida de Borja Sémper, que más allá de un justificable paso atrás en algún momento, por lealtad, se enfrentó a Cayetana Álvarez de Toledo y se fue del partido sin necesidad de que ningún dedo lo dejara fuera de los puestos de salida para tomar la decisión.

La estrategia de Casado es tan clara como torpe, teniendo en cuenta que el mismo día de las elecciones vascas, habrá elecciones en Galicia. Casado entrega el PP vasco a la ultraderecha, a cambio de ganarse el favor de los votantes del resto de España. No le importa el previsible batacazo, con tal de que sus seguidores vean a su partido luchando contra los perversos nacionalistas. ¿Pero qué pasaría si el PP se sumiera en la irrelevancia en Euskadi, mientras Feijóo ganara con mayoría absoluta en Galicia? Aunque con la derecha nunca se sabe, es difícil creer que el líder gallego no se acabe haciendo con el control del partido. La diferencia entre el resultado del PP que apuesta por la (presunta) moderación en Galicia, y el del PP que apuesta por el radicalismo en Euskadi va a ser de traca.

Como carta de presentación, el flamante candidato popular en el País Vasco, Carlos Iturgaiz, ha declarado su amor por Vox. Por si quedaba alguna duda.

Alea jacta est.

Viñeta

CUANDO CREES QUE ME VES, CRUZO LA PARED, HAGO ¡CHAS! Y APAREZCO A TU LADO. (Viñeta de Pat)

CUANDO CREES QUE ME VES, CRUZO LA PARED, HAGO ¡CHAS! Y APAREZCO A TU LADO. (Viñeta de Pat)

 

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