Artículo Pat Art.  Viñeta de Pat – @loscalvitos

 

La derecha actúa como si las listas más votadas hubieran sido las de PP y Vox. Los medios afines negando que Vox sea un partido xenófobo, racista, machista y muchos otros istas.

Lo que hemos vivido después del esperado pacto entre PSOE y Unidas Podemos no hace más que ratificar el peligro de la llegada de la ultraderecha a las instituciones. El nulo talante democrático ha contagiado incluso a la derecha más moderada. Sí, sé que estoy siendo demasiado generoso con ciertos políticos y periodistas llamándolos moderados, pero es solo para diferenciarlos de los fascistas puros y duros. No es solo que no aceptan el resultado de las elecciones, es que directamente creen que ha sido otro, y se inventan una realidad paralela.

Santiago Abascal ha pedido la dimisión de Pedro Sánchez por fraude electoral. Hermann Tertsch ha pedido que saliera el ejército a la calle. Pablo Casado ha dicho “es importante que Sánchez se vaya”. Alberto Núñez Feijóo ha afirmado que Sánchez ya no es de fiar ni para los socialistas.

Ni siquiera tienen la excusa del pacto de perdedores, que por cierto tampoco era legítima, aunque actúan como si existiera. Como si las listas más votadas hubieran sido las del PP o Vox. Como si los votantes del PSOE y de Unidas Podemos se pudieran sentir traicionados por el acuerdo.

Por el lado de los medios, tres cuartos de lo mismo. Leer el ABC en estos días es una actividad de riesgo. He contabilizado no menos de diez artículos en la cabecera de Vocento negando la legitimidad del pacto. Ah, y por supuesto, negando que Vox sea un partido xenófobo, racista, machista y muchos otros istas. Los editoriales y artículos de El Mundo y La Razón van en el mismo sentido. No se entiende. Pareciera que pretenden convencer a los votantes de izquierdas de que este acuerdo es una traición hacia ellos. Que PSOE y UP convertirán a Pedro Sánchez en un presidente ilegítimo. Y para peor, esta vez, teniendo a su lado al temible coletas.

La derecha siempre ha tenido mal perder. Llamaron golpe de estado al triunfo de Zapatero, okupa a Pedro Sánchez, y ahora, piden su dimisión sin ambages. ¿Su pecado? Haber ganado las elecciones. O algo así. Y cuando la derecha no acepta lo que dicen las urnas, se convierte en ultraderecha. El moderado Casado, al menos así intentó mostrarse en esta última campaña, ha vuelto a ser un ultra. Vox… bueno, Vox en su línea. No hay sorpresa.

Y no nos olvidemos de Ciudadanos, que para eso están los votantes (para el olvido, digo). Albert Rivera había prometido la semana pasada que, si sumaban con el PP, formarían Gobierno, y si no, desbloquearían en favor de Sánchez, pero quedándose en la oposición. Ya tienen la excusa perfecta: el amado líder hablaba a nivel personal y no de partido. Y como se ha ido, pues el compromiso a la basura.

Esta pataleta generalizada es la antesala de lo que nos tocará vivir. Vox recurrirá al Constitucional todas y cada una de las leyes aprobadas por el Congreso. Día sí y día también, el PP pondrá palos en la rueda. También Bruselas. Aunque parece que ha pasado un siglo, hay que recordar qué pasó en Grecia cuando ganó Syriza. ¿Alguien se acuerda de Varoufakis?

Se hará poco a poco, hasta donde nos permitan. El espejo es Portugal, donde las reformas se hacen, pero son lentas y limitadas. Es un camino muy largo y con muchísimos obstáculos. En todo caso, el punto de partida es muy bueno, muy esperanzador.

Viñeta

VOX - Esto de la democracia se está haciendo demasiado largo. (Viñeta de Pat)

VOX – Esto de la democracia se está haciendo demasiado largo. (Viñeta de Pat)

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