AÑO 2022. - Y por vez número 5.344.345 en esta legislatura el Gobierno gana una votación en el Congreso. - El "débil" Gobierno gana una vez más a la "fuerte" oposición. (Viñeta de Pat)

AÑO 2022. – Y por vez número 5.344.345 en esta legislatura el Gobierno gana una votación en el Congreso. – El “débil” Gobierno gana una vez más a la “fuerte” oposición. (Viñeta de Pat)

 

Viñeta de Pat – @loscalvitos

Artículo Pat Art. – @loscalvitos

 

Si decimos que el Gobierno es débil, después de cinco prórrogas aprobadas, con mayor o menor dificultad, qué tenemos que decir de la oposición, que pierde votación tras votación.

Es increíble que un líder como Pablo Casado siga vendiendo la moto a los suyos, cuando no es más que un perdedor nato. Por perder, ha perdido hasta las primarias de su partido cuando votaron los militantes.

Y pese al personalismo que se le achaca al Presidente, otro punto a favor: Unidas Podemos sigue brillando con luz propia.

El Gobierno ha obtenido el apoyo para la quinta prórroga del estado de alarma. En días de política pequeña, en los que parece que muchos ponen por delante intereses que nada tienen que ver con la salud pública, es una buena noticia. Al menos, si atendemos a las recomendaciones que llegan de los científicos y no de los tertulianos.

Una vez nos puede pasar, dos y tres también, pero ya podríamos haber escarmentado. No se puede dar por muerto políticamente a un Pedro Sánchez que ganó las dos veces que se presentó a las primarias del PSOE. Y en ninguna de las dos ocasiones las tenía todas consigo. Un Pedro Sánchez que más adelante logró el apoyo de fuerzas políticas de lo más variopintas para ganar una moción de censura. Es verdad que aquella vez, seguramente, el mayor mérito fue de Podemos, pero Sánchez tuvo la inteligencia política de ir con los de Pablo Iglesias.

Después, llegó 2019, el año en el que derrotó cinco veces en cinco elecciones al Partido Popular de Pablo Casado. Tan sobrado fue, que después del error histórico de la izquierda –con su parte de responsabilidad, claro-, tuvo reflejos para, después de ganar por segunda vez en el año las elecciones generales, llegar a un acuerdo para intentar un gobierno de coalición con Podemos, en menos de 24 horas.

Otra vez había que remar para conseguir los apoyos. Otra vez, se llegó a lo que la oposición rabiosa le gusta llamar despectivamente gobierno Frankenstein, cuando lograr apoyos de diferentes partidos es más una virtud que un defecto. Pedro Sánchez fue investido nuevamente presidente.

Cuando el río suena, agua lleva. Así que no podemos ser necios y, si casi todos en algún momento, desde Pablo Iglesias, pasando por Aitor Esteban y llegando hasta Joan Baldoví, dijeron que Pedro Sánchez rehuía al diálogo y pretendía siempre acuerdos sin dar nada a cambio, tenemos que creer que algo de eso tiene que haber. Pero quizá ese algo sea que se trata de un negociador duro y no alguien que no dialoga. Duro y hábil, me atrevo a añadir. De otra forma no se puede entender que una vez más haya logrado el apoyo para la prórroga antes mencionada.

Ya cansa escuchar que un Pedro Sánchez debilitado logra in extremis el acuerdo, que ya la próxima vez le será más difícil, que tendrá que currárselo más, etc. Que lo logre gracias a los votos, entre otros, de Ciudadanos, puede resultar incómodo para la izquierda, pero quizá habría que analizar cómo lo ha logrado. Me permito inferir que ofreció solo humo a los naranjas. No sería descabellado suponer que ha preparado el escenario durante los últimos diez días, diciendo que quería prorrogar el estado de alarma durante un mes, cuando muy probablemente su idea seguía siendo la de las dos semanas. Pero eso era lo que podía ofrecer a Inés Arrimadas a cambio de sus votos: quince días y todos contentos.

Si decimos que el Gobierno es débil, después de cinco prórrogas aprobadas, con mayor o menor dificultad, qué tenemos que decir de la oposición, que pierde votación tras votación. Habrá que preguntarse quién dialoga y quién no, porque PP y Vox, más allá de organizar caceroladas pijas, pedir golpes de Estado o exigir luto, no logran muchos éxitos a la hora de obtener apoyos para sus posiciones contra el Gobierno. Es increíble que un líder como Pablo Casado siga vendiendo la moto a los suyos, cuando no es más que un perdedor nato. Por perder, ha perdido hasta las primarias de su partido cuando votaron los militantes.

Hay algo más que, de momento, se está dando. Muchos auguraban que Unidas Podemos, como socio minoritario en el Gobierno, sería absorbido por el PSOE hasta quedar en la irrelevancia. Es lo que pasa la mayoría de las veces con los partidos con menos presencia en un Ejecutivo. Pero la mayoría de las veces no quiere decir todas las veces. Y pese al personalismo que se le achaca al Presidente, otro punto a favor: Unidas Podemos sigue brillando con luz propia. Tanta, que la que se ha convertido en la ministra revelación es la de Trabajo, Yolanda Díaz, de UP, aquella que ocupa la cartera que Sánchez no quiso ceder después de las primeras elecciones generales de 2019. Rectificar es de sabios. Y Sánchez ha rectificado.

De nuevo está en debate la aprobación “integra” o no de la reforma laboral anunciada ayer noche tras un pacto con Bildu, seguido de una matización en un comunicado del PSOE, de que la reforma no será “integra”, algo que según las declaraciones en RNE de Mertxe Aizpurua, de la formación del País Vasco, no le preocupa demasiado pues considera que es “un acuerdo que está vivo y que es serio”. Habrá que esperar acontecimientos del “eterno derrotado”.

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