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Poema del mar errante. (Viñeta de Lex)

Poema del mar errante. (Viñeta de Lex)

 

Viñeta de Lex – @LLexadas

Artículo Francisca García Algarra

 

La cultura es el rastro que queda cuando se camina en la niebla por ríos de una Babel inundada.

El escalofrío del verbo mirando un cuerpo desnudo y reminiscente.

No está en un anochecer o en un abrazo, ella es el abrazo y el anochecer.

Se expresa en nubes de símbolos y actos involuntarios.

Ríe como nadie, llora sin consuelo.

Hojas abiertas, racimos de horas y gestos incognoscibles.

Quizá sea la irracional verdad que huyó del polvo de los libros, el olor a bosque o la remembranza fugaz de un beso.

Buscad y hallaréis, nos dijeron.

Como las fuentes del conocimiento hallan la sombra para refrescarse.

Busca dentro para saberlo más allá, evanescente, el día que escapes de ti.

Ofrece tu mirada insondable a los espejos, a los mares embravecidos y al viento con el que navegas.

Por ello en los insomnios te llenas tanto de palabras.

Ya que está en ti, sé tú para encontrarla. Que tu sincera desnudez recorra aquellos instantes únicos, esos que a través de tu piel originan nuevos colores pintando los árboles del atardecer.

Cultura que evoca el ahora de un ayer ubicuo.

Formas que trascienden las líneas de sus horizontes.

Musgo suave tallando la piedra con el roce de la lluvia.

Cada gota que resbala abandona su huella en tránsito terrenal.

Existe porque tú la miras y ella te sigue, a veces por delante de tu sombra.

Verbo errante que por tu sangre navega.

 

LA CULTURA ES EL ABRAZO Y EL ANOCHECER (Viñeta de Lex)

LA CULTURA ES EL ABRAZO Y EL ANOCHECER (Viñeta de Lex)

 

ETIQUETAS: Prosa poética

 

Libros

BAHIA DE UN CUERPO - FRANCISCA GARCIA ALGARRA - 3Bahía de un cuerpo

Francisca García Algarra.

En las templadas orillas de los cuerpos, de cada cuerpo, tienen su morada los deseos.
Es un espacio invisible y luminoso, donde se despierta de un sueño; donde el propio sueño es el único camino para llegar hasta él.
Un cuerpo se olvida en otro, por ello no existe mayor esperanza que la de olvidar.
Cuerpos anhelados, distantes, indiferentes; anudando día tras día su núbil consistencia, su momentánea eternidad.
Sueñan la verdad que más tarde no recuerdan.
La vida entera agotarán después buscándola.
Conscientes en ocasiones de su inconsciencia, repetirán una y otra vez los signos que les devuelvan al primer hechizo, el don de ser.
Somos el cuerpo que pensamos, y el que sin pensar, en la ráfaga de un instante dejamos de ser.
La única guarida que nos cobija, el único abandono que podemos evitar.
El tiempo procede de un cuerpo, y en él se agota.
Allí, donde el corazón tiembla, llora y ríe; fin y principio de su provisionalidad.

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