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Viñeta de el último mono –  @_elultimomono

Artículo de Beli – @Belentejuelas

 

Llega la Navidad y las niñas y niños seguirán rellenando sus cartas con los juguetes que otros han elegido por ellos. Principalmente por su sexo.

La implicación en la crianza no sexista de nuestros pequeños es una responsabilidad de todos.

Los primeros que debemos dejar de pensar en femenino o en masculino somos los adultos.

En pocos días empieza la gran marea de las compras de Navidad. Todos los padres del mundo occidental llenarán las tiendas con bolsas de regalos para sus vástagos que esperaran ansiosos la llegada de sus papas noeles y reyes magos.

Madres y padres, se pasarán el día buceando en las páginas de internet para encontrar ese regalo que hará que la ilusión brille en los ojos de sus hijos. La Navidad creará millones de euros en gastos, kilos de papel de envolver, toneladas de cartón de variados y chillones colores y dejará las tarjetas de crédito temblando en las carteras. Las grandes superficies adaptarán sus establecimientos para dar cabida al mayor de los despilfarros económicos de todo el año. Los padres y madres pasearan por las calles de las ciudades y por los pasillos de Carrefoures, Cortes Ingleses y demás para ver en sus expresiones todo lo que necesitan para ser felices.

Y como cada año, un gran número de niñas y niños de todo el mundo recibirá el regalo que hará que los estereotipos de género se perpetúen. Ellos, desconocedores de hasta qué punto son manipulados por la sociedad seguirán rellenando sus cartas con los juguetes que sin saberlo siquiera, otros han elegido por ellos. Principalmente por su sexo.

Las niñas se verán en el espejo de la dulzura de ser mamás de un pequeño bebé. Pasearán carritos de todo tipo, adelantando la maternidad a la temprana edad de los ocho o nueve años. Sus bicicletas serán de color rosa y tendrán lacitos y cestitas. Tendrán acceso al maravilloso mundo de los juguetes que replican las labores del hogar como cocinitas, planchas y lavadoras. Se pondrán a su disposición juegos de maquillaje y peluquería, que de forma más que consciente las empujará al obligado mundo de ser medidas por su belleza o en el mejor de los casos puede que rebuscando y rebuscando encuentren algún microscopio con enfoque femenino.

Los críos seguirán siendo los reyes de los juegos de construcción, de maquinaría y bélicos. Podrán imaginarse a sí mismo, pilotando una nave espacial o viajando por el mundo como capitanes de barcos que luchan sin cuartel contra los malvados piratas. La ciencia y la tecnología estarán diseñadas para ellos como los futuros ingenieros que llegarán a ser. O incluso los grandes amos del dinero en juegos que repliquen el capitalismo más salvaje. Serán los conductores de rápidos y veloces coches que los convertirán por un breve espacio de tiempo en los reyes de la carretera.

Todas las mañanas nuestros hijos, según ponen los pies en el suelo, reciben un sinfín de imágenes que manipulan sus mentes infantiles y condicionan sus preferencias casi sin darse cuenta. La publicidad invade vilmente sus mentes mostrándoles un mundo donde las mujeres son de una forma y los hombres de otra. Sus párvulos cerebros son bombardeados desde todos los ángulos para que continúen sin cuestionarse, el camino que la sociedad ha trazado para ellos.

Sin percatarse de que lo están haciendo, replicarán en sus propias carnes las indicaciones que reciben de padres, profesores, medios de comunicación, etc. Los chicos se harán más violentos salvo que estén dispuestos a enfrentarse a su propio grupo de iguales y ser el rarito, objeto de burlas de la mayoría de sus compañeros. Ellas, se interesan prematuramente por las historias de amor buscando entre el grupo al príncipe azul que las llevará a ese idílico mundo de la felicidad completa. Nuestros hijos son carne de cañón para el patriarcado, que ha tomado las medidas oportunas para que ninguno de ellos se salga del redil.

La implicación en la crianza no sexista de nuestros pequeños es una responsabilidad de todos. Lo que ocurre dentro de una casa es decisión de los progenitores. Llevar una vida donde los dos padres son corresponsables de las tareas domésticas y del cuidado de sus hijos es primordial para que niñas y niños aprendan que estas obligaciones no son asignadas a un sexo por tradición o porque se esté más preparado para ello. Hacerles partícipes en la medida de sus edades de parte de las tareas que su vida precisa, les volverá más proactivos y comprenderán más pronto que tanto ellos como ellas son los dueños de sus vidas y responsables de sus necesidades.

Pero cuando los niños salen del ambiente protegido del hogar se enfrentan a un mundo donde muchas de las cosas que han aprendido en casa no se cumplen. Ven, que los hombres se dedican a profesiones masculinas y que las mujeres lo hacen a las femeninas. Aprenden que existen tareas que las mujeres no pueden hacer y otras que los hombres no deben asumir.

Los medios de comunicación (sobre todo la televisión que es el que más utilizan) muestran mujeres bellas, cargadas de maquillaje y cuerpos perfectos que caen rendidas a los pies de musculosos y varoniles hombres que se perfuman con una marca determinada. Verán que, en los programas de ciencia o tecnología, mayoritariamente son hombres los que aparecen porque a las mujeres se las oculta de forma premeditada. Los políticos importantes son siempre hombres y así un no parar de imágenes sexistas que muestran el superlativo grado de machismo que impera en todos los ámbitos sociales.

Los profesores les intentarán inculcar valores de igualdad y de respeto. Que no hay cerebros femeninos ni cerebros masculinos y que las chicas, por ejemplo, son tan buenas como ellos a la hora de jugar al fútbol. Luego, llegarán a casa y alguien criticará o menospreciará a las jugadoras porque ¿qué pinta una chica jugando a un deporte de hombres?

Todo lo que hacemos influye en nuestros hijos. Absolutamente todo lo que decimos, realizamos, pensamos o nos callamos, es percibido por ellos y probablemente repetido. Por eso es tan importante que antes de condicionar su vida tal y como hicieron con nosotros, pensemos que es aquello que no pudimos hacer porque la vida no nos dio la oportunidad solo por pertenecer a un sexo determinado. Qué recordemos nuestras frustraciones por no poder superar las barreras que la sociedad puso en nuestro camino, negándonos el derecho a decidir cuál sería nuestra existencia. Hombres y mujeres (aunque las segundas muchísimo más) fuimos criados con unos condicionamientos que nos llevaron, como ovejitas obedientes al rebaño que nos pertenecía. ¿Queremos hacer lo mismo con nuestras hijas e hijos?

Una vez reflexionado, miremos y comprendamos quiénes son nuestros hijos y enseñémosles que pueden hacer lo que les haga sentirse más felices. Jugar con lo que les divierta sin pensar si les corresponde o no. Mostrémosles un mundo donde las oportunidades son tan buenas para unos como para otros. Y démosles las herramientas para ser ellos mismos, con libertad y con la fortaleza suficiente para seguir siéndolo cuando la sociedad les recrimine por ello.

Los primeros que debemos dejar de pensar en femenino o en masculino somos los adultos. Superada esa barrera podremos criar a nuestros hijos como lo que son. Seres humanos. Lo que decidan, sea lo que sea, si lo han hecho en libertad y tomando como referencia sus propios intereses, será bueno para ellos. Quizá sean los primeros en conseguir una sociedad más justa e igualitaria.

Viñeta

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"El espejo" de Belén Moreno

El Espejo

En 1935 Leonor llega a un pequeño pueblo de Segovia para ser maestra. Lleva consigo sus libros, su ilusión y su ideología. Los acontecimientos se desbordarán irremediablemente para ella y para los demás vecinos del pueblo. Conocerá a las personas que sin quererlo ella serán decisivas para el resto de su vida. El amor, la política, el rencor, la envidia y el horror de una guerra, tomarán las riendas de la vida de todos los habitantes de Hornillos de la Sierra. Incluidas las de las generaciones futuras.

Las maestras republicanas intentaron llevar la luz de la cultura y la educación a todos los rincones más escondidos de nuestro país. Esta novela está escrita por su memoria, que no podemos olvidar; por su esfuerzo, que jamás será recompensado y por su ilusión, que es el motor de la docencia.

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