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Viñeta de Lex – @LLexadas

Artículo de Beli – @Belentejuelas

 

El “asistente sexual” a discapacitados es un eufemismo que pretende calmar nuestras conciencias para aceptar el derecho a comprarse un ser humano un rato.

Si damos por bueno que colectivos socialmente vulnerables deben tener aseguradas las relaciones sexuales, nos encontraremos con que hay millones de personas en situación de desventaja social, que también reclamarán su derecho sexual.

Millones de discapacitados tienen relaciones afectivas y sexuales. Esas relaciones nacen como las de nos discapacitados, es decir, nacen del amor.

Conozco bien el difícil mundo en el que vive una persona con discapacidad porque lo he tenido muy cercano. Tener una discapacidad limita la vida de las personas que lo sufren en muchos aspectos de su existencia, mayoritariamente porque la sociedad no está preparada para que no seamos todos perfectos, sanos y “normales”. Las múltiples trabas a las que se enfrentan diariamente son un añadido más a las que ya tienen por la enfermedad que padecen. Los no discapacitados vemos con naturalidad subir un bordillo, acceder a una vivienda, caminar por la calle, ir a la consulta del médico, coger el metro o comprarnos ropa. Pero para ellos, supone una lucha contra sí mismos y contra todos los impedimentos físicos que deben superar.

Las relaciones humanas y sociales también son un escalón más a subir. Muy pocas personas aceptan las limitaciones físicas, psíquicas y emocionales de los demás, aunque sepamos que absolutamente todos somos susceptibles de estar en su situación. Cualquiera de nosotros podemos cambiar de bando en un segundo. Sin embargo, nuestra empatía hacia las personas con limitaciones es muy reducida y en muchas ocasiones se las trata con condescendencia y lástima, sin preguntarnos si ese tratamiento les hace un daño que no queremos entrar a valorar.  Tratarlos como iguales los convierte en seres funcionalmente aptos para todo aquello que se propongan y esa es la única forma válida de relacionarnos con ellos.

Hace unos días, leía un artículo en el que se explicaba que el Gobierno francés está estudiando dar acceso a las personas con discapacidad a la “atención sexual”. Todos sabemos que el sexo es una función más que nos proporciona múltiples beneficios tanto físicos como emocionales, pero también sabemos que no es una función vital. Es decir, se puede vivir sin sexo. De hecho, hay personas asexuadas, que no sienten la necesidad de relacionarse con los demás mediante el sexo y su vida es plena y normalizada. Además, hay estudios que indican que la actividad deportiva puede proporcionar beneficios al cuerpo muy similares a los del sexo.

¿Cómo se pretende proporcionar acceso al sexo a las personas con discapacidad? Regulando la figura del asistente sexual. Vayamos por partes. En el capitalismo más puro, se reconoce como una actividad económica el intercambio monetario de bienes y servicios.  La prostitución ofrece la posibilidad de mantener relaciones sexuales mediante el pago de una cantidad de dinero pactada. Si aceptamos la premisa que la prostitución (salvando los daños físicos y psicológicos que esta actividad puede producir en las personas que la ejercen) es una actividad económica, asumimos que el cuerpo humano es un bien mercantil. Entraría dentro de la relación de bienes intercambiables mediante el pago por los servicios. Es decir, los valores humanos pasarían a un segundo plano y el cuerpo humano estaría disponible para su venta.

Aquellos que defienden que este intercambio es un trabajo (donde no cabe la explotación), admiten la figura del asistente sexual. Es decir, buscamos un eufemismo que calme nuestras conciencias, y aceptamos que haya personas que mantengan relaciones sexuales con personas con discapacidad mediante el pago de una cantidad de dinero. Estamos edulcorando la prostitución, renombrando el término para quitarle la carga peyorativa que conlleva.

Las personas con discapacidad tienen los mismos derechos que los que no tenemos ninguna limitación. Acceso a un trabajo remunerado y con condiciones establecidas y respetadas por ambas partes; a una vida digna; a un desarrollo personal; a las relaciones afectivas y sexuales;  y así un largo etcétera. Si las personas sin discapacidad no consumimos prostitución porque entendemos que es una actividad que degrada y humilla al que lo practica, ¿en su caso no lo es? ¿Por qué son discapacitados o porque los consideramos un colectivo con “necesidades especiales”? ¿Debemos asumir que sus limitaciones fuerzan a las instituciones a otorgarles el derecho a pagar a una persona para echar un polvo? ¿Los debemos tratar de forma distinta perpetuando su exclusión social?

He consultado alguna página de contactos de estos asistentes sexuales y la diferencia con una de prostitución es mínima. Se ofrecen los mismos servicios, los importes, las localizaciones donde mantener las relaciones..es decir, es lo mismo. Solo que esos “asistentes” tratan de enmascarar que ejercen la prostitución porque sus clientes potenciales son personas menos normales que los demás. Su aspecto físico no coincide con la idea preconcebida que tenemos de las prostitutas. Le restan sordidez porque lucen una imagen y un currículum distinto, pero básicamente hacen lo mismo.

Si damos por bueno que colectivos socialmente vulnerables deben tener aseguradas las relaciones sexuales, nos encontraremos con que hay millones de personas en situación de desventaja social, que también reclamarán su derecho sexual. Entonces, la sociedad deberá tener un ejército de prostitutas y prostitutos especializados en cada colectivo porque no habrá excusa para negarle ese derecho a nadie.

Presos y delincuentes, los feos, las gordas, los que tienen los pies grandes, las que tienen las cejas muy juntas, los conductores de camión o las dependientas de supermercado. Todo el mundo tendría derecho a pedir una relación sexual previo pago. Y siempre tendría que haber una persona que acepte mantener sexo por dinero. La prostitución se convertiría en una actividad más, dejando que el cuerpo humano y sus relaciones con las demás personas pasasen a ser transacciones mercantiles. El sexo solo sería comercio.

Las personas que ejercen la prostitución son personas en su gran mayoría que provienen o bien de la explotación de seres humanos o bien de necesidades económicas y sociales especiales. Profesionalizarlos sería admitir que su “trabajo” está justificado porque se convierten los deseos en necesidades. Sus cuerpos serían un producto más a adquirir si se posee el dinero necesario. Habría que regular las tarifas para que todos los colectivos vulnerables tuvieran su derecho garantizado porque ¿para qué regular un derecho si luego no puede acceder a él? Se volvería a estar en desventaja.

Las personas con discapacidad han de ser tratadas por la sociedad como personas normales y corrientes. Y si queremos satisfacer institucionalmente sus necesidades, hay muchas cosas que hacer antes de regular una prostitución a medida. El acceso a una educación pública adaptada; al mundo laboral con condiciones dignas, al voto (recordemos que en este país las personas con discapacidad psíquica y cognitiva estaban excluidos de ese derecho), adecuar la sociedad para que puedan desarrollarse plenamente. Su vida entera debería mejorar fuese cual fuese el motivo de su discapacidad.

Millones de discapacitados tienen relaciones afectivas y sexuales. Esas relaciones nacen como las de nos discapacitados, es decir, nacen del amor. Son personas tan capaces como cualquiera de tener un vínculo sexual y emocional con otro ser humano. Pueden ser padres y madres, amantes y novios. Tener sexo esporádico o duradero. Convivir con otro ser humano en igualdad de condiciones.

Ofrecerles la posibilidad de pagar por sexo les humilla porque les decimos que ellos no van a encontrar pareja y solo les queda el recurso de usar a otro ser humano que solo acepta estar con ellos por dinero. Es tan degradante como para el resto de personas. Y además los incluimos dentro del grupo de humanos que piensan que el cuerpo de otro es comerciable y que su discapacidad les otorga el derecho a comprarse a un ser humano durante un rato.

Viñeta

-Venga, apresúrate, que te hemos preparado una prostituta solo para ti, amigo... - ¡Paso! Tengo una discapacidad pero sé perfectamente que eso es explotación... (Viñeta de Lex)

-Venga, apresúrate, que te hemos preparado una prostituta solo para ti, amigo… – ¡Paso! Tengo una discapacidad pero sé perfectamente que eso es explotación… (Viñeta de Lex)

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