Viñeta de Lex – @LLexadas

Artículo de Beli – @Belentejuelas

 

Sin ser calificado como cine porno, múltiples películas han recreado de forma vívida y espeluznante, las agresiones y violaciones a una mujer.

Que un medio de comunicación con millones de espectadores diarios, aproveche para grabar en tiempo real lo sufrido por una concursante de Gran Hermano, les hace al menos cómplices silenciosos de la cultura de la violación.

Cuando María Schneider sufrió en sus carnes la treta preparada por Marlon Brando y Bernardo Bertolucci en “El último tango en París”, se sintió humillada y vejada por la decisión de un cineasta y un actor que buscaban la mayor de las sinceridades en su interpretación. Para ello ¿qué mejor forma de conseguirlo que ocultar parte de la acción a rodar y que sus sentimientos fuesen reales?

Años más tarde, ella confesaría que esos sentimientos la dañaron profundamente y que marcaron no solo su vida sino su carrera como actriz.

No es el único caso en el que se somete a una mujer a un espectáculo vejatorio para deleite del público. Sin ser calificado como cine porno, múltiples películas han recreado de forma vívida y espeluznante, las agresiones y violaciones a una mujer.

En España tenemos un programa de televisión de la cadena Telecinco llamado Gran Hermano que hace de la vida real un espectáculo.

El programa se basa en la observación continuada de la vida de una serie de personas que se encuentran encerradas en una casa, rodeados de cámaras de televisión para que los espectadores contemplen las 24 horas del día de esas personas. Una forma de violación de la intimidad de los concursantes que se presentan voluntariamente para ser observados. Horas y horas de inacción, de tiempo perdido en conversaciones inútiles que no aportan nada a quién gasta su tiempo en mirar la pantalla. No me preguntéis que placer oculto han de satisfacer los consumidores de este Show de Truman español, porque mi sapiencia no alcanza a comprenderlo. Tengo un límite en mis conocimientos del ser humano. Solo sé que personalmente me parece muy poco atractivo y no he gastado mi tiempo en semejante telebasura.

En la edición de 2017, una de las muchas que llevan emitidas (debe ser super rentable porque creo que llevan dieciocho o más), una de las concursantes sufrió una experiencia terrible. Otro de los compañeros de la casa, presuntamente abusó de ella tras una fiesta y seguramente fue grabado por los ojos indiscretos de las cámaras de televisión.

La cadena no tuvo la reacción que se esperaba, a saber, suspensión del programa y colocarse al lado de la víctima para su protección, sino que ha sacado rédito de la terrible situación. Se toma la decisión de expulsar al concursante por una conducta inapropiada con la joven y a ella la invitan a marcharse por su “salud mental”. Hay denuncia, hay declaraciones de los encargados del programa y en estos momentos todo está en manos de la justicia por una presunta agresión sexual.

El escándalo no termina aquí, sino que hace poco, algunos medios de comunicación han tenido acceso a un momento del programa donde la dirección obliga a la joven a visionar el vídeo de lo ocurrido aquella noche. La chica pide reiteradas veces que paren y la dejen salir del habitáculo donde se encuentra. Entre llantos y súplicas, el vídeo no deja de grabar a una mujer destrozada ante la visión de lo que vivió. En un momento dado se oye la voz de la persona que habla con la joven, que se encuentra ya en visible estado de shock, que dice textualmente: “Carlota, este tema, por José María (presunto agresor) y por ti, por el bien de ambos, no debe salir de aquí.” El bien de ambos no es comparable ni compartido. El bien de ella pasaría primero por no haber experimentado algo así y ya que por desgracia sucedió, verse arropada por el programa, por la cadena de televisión y sus directivos, habría sido la posición correcta. Del bien del presunto agresor prefiero no comentar nada.

Es decir, la cadena, que está sometiendo a un momento de alto nivel de sufrimiento y estrés a la joven, le recuerda que debe guardar el secreto de algo que en principio es un delito sexual contra ella.

No acabo de comprender este tipo de comportamientos por parte de ningún medio de comunicación. Exponer a una persona a este tipo de situaciones ¿qué reporta? ¿Qué oculto interés se puede tener en llevar a un ser humano hasta ese límite? ¿Es preciso un tipo de televisión de esta índole, donde se ocultan agresiones solo para continuar subiendo en la vertiginosa carrera de ganar espectadores, quizá con un fin totalmente lucrativo, a base de colar publicidad de la que cobran un pastón?

En mi opinión no hay ningún argumento que justifique estos programas. La televisión es un medio de entretenimiento e información. Sin embargo, Telecinco (cadena creada por el grupo empresarial de Silvio Berlusconi y que se ha caracterizado siempre por su elevado listón de zafiedad) se regodea en el morbo de una experiencia traumática para toda mujer que tenga la desgracia de sufrirla.

La ética periodística debería estar por encima de las cuotas de audiencia. Si eran testigos de lo que estaba ocurriendo, y lo eran porque sus cámaras graban durante todo el día y por tanto alguien está controlando esas cámaras de día y de noche ¿no se pudo parar la agresión de alguna forma? Encender todas las luces, hablar con los concursantes o provocar un leve contratiempo si hace falta. Lo que hubiera sido preciso para acabar con aquello.

Estamos ante el espeluznante espectáculo de la vida real incluso cuando ésta es sórdida y dolorosa para una mujer. El show no se detiene incluso cuando estamos siendo testigos de una de las peores experiencias que puede vivir un ser humano.

Si las tertulias nos tienen acostumbrados a entrevistas a personajes tan escabrosos como el abogado de los condenados por la violación de Pamplona, esta situación vivida en Gran Hermano es hacer el pino puente con mortal hacia atrás de la sordidez.

En un momento social donde se denuncian violaciones cada cinco horas, donde han aumentado vertiginosamente las agresiones múltiples y donde se pide el endurecimiento de las penas a los depredadores sexuales, que un medio de comunicación con millones de espectadores diarios, aproveche para grabar en tiempo real una situación como ésta, les hace al menos cómplices silenciosos de la cultura de la violación.

No existe forma de justificar usar la vida real de nadie para posicionarse en los más altos niveles de popularidad. Tratar un tema tan delicado, doloroso y que además supone un delito penado con la cárcel, como un circo mediático, donde se expone a la víctima y se la humilla en nombre de la libertad de programación, solo fomenta el morbo en los espectadores.

Mantener a Telecinco y sus abochornantes programas es una decisión de los que todos los días enchufan la televisión y pulsan un botón concreto de sus mandos a distancia. Las cadenas viven de los que las consumen, tener criterio para elegir qué tipo de programas nos interesan, depende de nosotros. Fomentar y aplaudir la cultura de la violación en forma de imágenes en nuestras pantallas nos convierte en cómplices del dolor y el sufrimiento de las mujeres que la padecen.

Viñeta

GRAN HUMILLADOR. (Viñeta de Lex)

GRAN HUMILLADOR. (Viñeta de Lex)

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