Viñeta Lumpen – @el_lumpen

Artículo de Beli – @Belentejuelas

 

La gestación subrogada es ni más ni menos que una actividad económica muy lucrativa para aquellos que sirven como mediadores.

Los padres por vientre de alquiler, llevan a su terreno la definición de familia para justificar como derecho lo que es un DESEO.

Los bebés no son objetos. Son seres humanos que tienen sentimientos y derechos desde el minuto que nacen. Reconocen a su madre por el olor y por la voz.

Hay madres embarazadas de India, Vietnam o Ucrania viviendo en “granjas”, gestando bebés para ilusionados papis del primer mundo.

La gestación subrogada permite que los “padres” decidan todo sobre la madre gestante.

La ley de muchos países prohíben la gestación subrogada porque la ley está hecha para defender al más débil y desde luego no son los surropapis.

¿Qué tienen en común Javier Cámara y Carmen Cervera? ¿Kim Kardashian y Miguel Poveda? Jaime Cantizano, Lucy Liu o Nicole Kidman, están también incluidos en el grupo de seres humanos que en principio, no tienen nada que ver. Ni nacionalidades ni profesiones. Ni aspiraciones políticas o inclinaciones sexuales. Pero todos ellos, y muchos más famosos y personas desconocidas para el gran público, comparten algo, que en muchos casos incluso ellos desconocen. Son padres o madres por gestación subrogada.

La gestación subrogada es la forma eufemística de llamar a los vientres de alquiler. Es decir, esa práctica en la que un/una/unos humanos, le dan dinero a una mujer para que lleve nueve meses en su vientre a otro ser humano y que al nacer se lo entregue. Lo que viene siendo una transacción comercial donde se alquila una capacidad humana (gestar y parir) y se compra el resultado (un ser humano). Es tan simple como eso. Argumentar con el altruismo de las mujeres y la necesidad de la paternidad/maternidad, es una falacia donde se sujetan los que se sienten ofendidos cuando les expones en su propia cara, lo que en su fuero interno saben que están haciendo.

Los surropapis usan como excusa su derecho a tener una familia. Pero hay una distancia infinita entre formar una familia y comprarse una familia. La Declaración Universal de los Derechos Humanos, dice esto en su artículo 16:

“Artículo 16. Los hombres y las mujeres, a partir de la edad núbil, tienen derecho, sin restricción alguna por motivos de raza, nacionalidad o religión, a casarse y fundar una familia, ….”

Fundar una familia. Quizá esa sea la clave a la que se agarran como un clavo ardiendo para demostrar que es un derecho tener hijos con carga genética. Pero eso no es cierto. La familia es un grupo de personas que se unen (con o sin genética de por medio) para vivir juntos en armonía y donde prima el amor, el cariño, la entrega, la complicidad y el deseo de estar juntos. Personas que tienen un proyecto de vida común. He rebuscado en las profundidades de internet y no he encontrado ninguna definición de familia donde se especifique que los miembros tienen que compartir el color de los ojos, los rasgos de la cara, o la tendencia a sufrir determinadas enfermedades. La carga genética no es en ningún caso, algo necesario para formar una familia.

Por lo tanto, lo que queda claro es que los padres por vientre de alquiler, llevan a su terreno la definición de familia para justificar como derecho lo que es un DESEO. Simple y llanamente. Sienten como suyo, solo al hijo con el que comparten genética despreciando el hecho de que un hijo, es ese ser al que crías con el amor incondicional que debe sentir un padre o una madre. Qué harías por él o ella lo que hiciera falta, aunque sus ojos y los tuyos sean diferentes, su piel sea de otro color, o su nacimiento se haya producido en otro país.

El altruismo y el amor no se compran, no se alquilan y no se comercia con ellos. Son sentimientos profundos que viven en el corazón de una persona y que se ofrecen voluntariamente.

Cuando se exige que se valore el altruismo de una mujer que cede su capacidad de gestar para que ellos puedan tener un hijo, se olvidan que hay una importante (dependiendo de los países) cantidad de dinero por medio. Si las cuentas no me fallan, el dinero destruye el altruismo y lo convierte en necesidad. Ninguna mujer (o poquísimas) pasan por un embarazo y un parto por el placer de convertir a un extraño en padre. Eso no se lo cree nadie. Lo que realmente mueve a una mujer a aceptarlo es la necesidad económica.

La gestación subrogada es ni más ni menos que una actividad económica muy lucrativa para aquellos que sirven como mediadores. Y esa es la única y última razón de su existencia. El dinero. Paulatinamente han ido introduciendo su mantra en la sociedad, ese que dice que es una forma como otra cualquiera de tener hijos. Bien porque no puedes al ser hombre (han utilizado a los colectivos gais en su propio beneficio, haciendo ver que sus ansias de paternidad serán satisfechas, por una mujer sana de cualquier país pobre; menos mal que ya hay muchas voces de este colectivo que exponen su firme rechazo a una práctica que humilla profundamente a las mujeres) bien porque siendo mujer tienes alguna incapacidad reproductiva o bien porque no te da la real gana de pasar por un embarazo que deje tu cuerpo en unas condiciones distintas a las originales. Además el dinero tiene otra finalidad importante. Acorta los plazos de la adopción tradicional, evita los trámites de idonéidad y permite a los padres compradores no tener que quedarse con los “niños sobrantes”, si habéis leído bien. Algunos han llegado a decir que los padres que no tienen hijos biológicos solo les queda adoptar a los niños que no quiere nadie y que ellos no están dispuestos. Prefiero no utilizar las palabras que me vinieron a la mente cuando leí tamaño despropósito.

Para los vendemotos de la GS, todos ganan, pero no es cierto. No todos salen beneficiados de la práctica. porque no todos parten desde mismo punto. La mujer, considerada con bellas y suavizantes palabras como el ser maravilloso que te da el fruto de su vientre, es una persona con necesidades económicas muy especiales. De ahí que la gran mayoría de niños nacidos por esta práctica vengan de países donde la situación económica es “diferente” de donde salen los padres compradores.

Los padres subrogados no tienen que pasar por el embarazo y la clínica tampoco. Los padres no tienen que sufrir el desarraigo emocional de separarse del bebé y el centro médico tampoco. Los padres no corren riesgos físicos reales y los médicos tampoco. Los padres no son susceptibles de tener un aborto, de perder la capacidad de gestar porque las complicaciones ocasionen una intervención con extirpación del útero, y los intermediarios tampoco. Los padres y los médicos no vivirán la sensación que el ser que ha crecido en tu interior, alimentándose de tu sangre, acompasando el ritmo cardiaco al tuyo, oyendo tu voz y sintiendo tu calor, sea arrancado de tu seno como si de un objeto se tratase. Los bebés no son objetos. Son seres humanos que tienen sentimientos y derechos desde el minuto que nacen. Reconocen a su madre por el olor y por la voz. Pero cuando le compras, cuando pagas por él, eres tú el que le haces daño, no la persona que le llevó en su interior. A la que por cierto no conocerá nunca.

Pongamos un ejemplo. Todos sabemos que la anatomía humana no es perfecta y no todos tenemos la capacidad biológica de hacer todo. ¿Qué pensaríamos de una persona que no pudiendo realizar la función renal correctamente, se comprase un riñón? O la persona que pierde las piernas y le compre a alguien su capacidad para andar. No nos cabría en la cabeza. Consideraríamos al primero un traficante de órganos y al segundo un loco. Sin embargo, alquilar un útero femenino; como si solo fuese una incubadora; para que te de un hijo, nos parece algo normal. ¿Por qué? ¿Qué diferencia hay entre pagar por un riñón o un hígado a un pobre de cualquier país, que pagar a una mujer pobre para que tenga a tu hijo?

El dinero te hacer olvidar que tanto mujeres como niños son seres humanos y que tus aspiraciones los humilla hasta convertirles en bienes intercambiables. Pierden para el que compra, el valor natural que tenemos todos, porque puede pagar por ellos. Es tan despreciable la forma en la que se comportan, que personalmente no puedo digerir que su argumento sea, dar amor. No hay amor con dinero de por medio. No hay familia, ni sentimientos, ni nada.

Los centros médicos lo toman como una práctica de reproducción asistida. Mentira. Es una lucrosísima forma de hacer billetes. Exponer a mujeres en catálogo, tasar las mil y una posibilidades existentes, ponerle precio a los problemas que puedan surgir (abortos, malformaciones, diabetes gestacional, extirpación del útero, etc) para cubrir todos los frentes posibles. ¿Cuánto vale tu útero si lo pierdes? ¿Con cuánto compenso un legrado? ¿Cuántas alternativas tenemos con la cuota? ¿Y si el bebé no me gusta y cambio de idea? O ¿qué hacemos si tiene un problema congénito no detectado y no estoy dispuesto a cargar con él? ¿Que se lo quede la madre subrogada que es culpa suya por haberlo gestado mal?

Hemos visto fotografías de madres embarazadas de India, Vietnam o Ucrania viviendo en “granjas”, gestando bebés para ilusionados papis del primer mundo. Si tan maravilloso es todo ¿por qué las mujeres económicamente desahogadas no son vientres de alquiler? ¿Por qué no es una práctica permitida en muchos países? Hace poco leí a un surropapi defender que no tener un hijo biológico podía producir trastornos psicológicos. No soy psicóloga ni psiquiatra pero estoy segura casi al 100% que eso es completamente falso. Millones de seres humanos de todo el planeta viven una vida sana, feliz y sin problemas por no tener hijos con sus genes. Pueden preguntarles que seguro que conocen a muchos. Sus excusas para justificar (y tratar de esconder) que se han comprado un hijo son cada vez más estrambóticas.

La gestación subrogada permite que los “padres” decidan todo sobre la madre gestante. Hasta si se tiñe el pelo como hizo la Kardashian. Es decir, durante nueve meses son dueños de su existencia para luego ser dueños de producto final. Eligen qué come, cuándo come, cuántas horas duerme, cuánto ejercicio hace, quién es su médico, qué medicamentos puede y no puede tomar, dónde vive y con quién, si puede o no tener relaciones sexuales, si puede convivir con niños, etc. Literalmente pasan a dominar la vida de esas mujeres por el bien del bebé que ellos consideran suyo, porque pagan un pastón por él.

Las legislaciones de muchos países (entre ellos el nuestro) prohíben la práctica y ponen muchas trabas a la hora de inscribir a los niños como hijos de los padres pagadores. Por ello, medios neoliberales, políticos y asociaciones, gritan desde las fronteras y desde las embajadas para que se modifiquen las leyes que les permitan poner en el libro de familia al bebé comprado. Se muestran al mundo como ciudadanos lastimados por una ley injusta y que exigen cambiar solo por su propio beneficio. La ley está hecha para proteger al más débil y en este caso, no son ellos.

Hace poco hemos votado para tener un nuevo gobierno y el partido que más defiende esta práctica horrible y explotadora ha quedado en tercera posición. A día de hoy, el partido que gobernará no tiene en mente aprobar ninguna ley que modifique la ya existente. Los vientres de alquiler atentan contra las bases más sólidas de una sociedad justa: vulneran los DDHH de la madre gestante y del bebé que nace de ella. Porque no pueden olvidar que nace de ella. Un óvulo y un espermatozoide no gestan. No realizan las funciones para el desarrollo fetal. No alimentan, no dan sangre, no hacen crecer a un ser humano dentro de otro. La que lo hace es la mujer y su capacidad de gestar y eso no hay dinero que lo compre. Lo que se hace es explotar a seres humanos y ninguna sociedad en su sano juicio puede permitir que se explote a ningún miembro para satisfacer un deseo de aquel que puede pagarlo.

Los deseos son apetencias por poseer alguna cosa concreta. Tener un hijo es demasiado serio como para poner un montón de billetes sobre una mesa y pedir a otro que lo tenga por ti.

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Libros de Belén Moreno

"El espejo" de Belén Moreno

El Espejo

En 1935 Leonor llega a un pequeño pueblo de Segovia para ser maestra. Lleva consigo sus libros, su ilusión y su ideología. Los acontecimientos se desbordarán irremediablemente para ella y para los demás vecinos del pueblo. Conocerá a las personas que sin quererlo ella serán decisivas para el resto de su vida. El amor, la política, el rencor, la envidia y el horror de una guerra, tomarán las riendas de la vida de todos los habitantes de Hornillos de la Sierra. Incluidas las de las generaciones futuras.

Las maestras republicanas intentaron llevar la luz de la cultura y la educación a todos los rincones más escondidos de nuestro país. Esta novela está escrita por su memoria, que no podemos olvidar; por su esfuerzo, que jamás será recompensado y por su ilusión, que es el motor de la docencia.

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