Viñeta de Manuel S. de Frutos – @MSdeFrutos

Artículo Manuel S. de Frutos Art. – @MSdeFrutos

 

Lo que ahora nos parece algo terrible y desolador puede convertirse en una oportunidad para cambiar nuestro futuro como humanidad. Comencemos a hablar más de IDH (Índice de Desarrollo Humano) y menos del PIB (Producto Interior Bruto).

Debemos fomentar los mercados de proximidad y la producción propia de todos aquellos productos que se consideran esenciales para la vida, no para la economía.

Los derechos humanos no deberían estar sujetos a las leyes económicas, sino garantizados por los estados.

WWF cifra la huella ecológica de España en 2,8 es decir, que necesitamos casi tres países como España para satisfacer nuestras necesidades consumo.

Vivimos una situación nueva en la historia, que parece sacada de una película de ciencia ficción o de catástrofes, y que nos ha golpeado en la cara recordándonos lo fácil que es morirse. Nos ha cambiado la vida de golpe y no sabemos cuanto durará.

Para aliviar esa angustia diaria del recuento de muertos y contagiados, esa preocupación constante por salud de allegados y de conocidos que ya se han contagiado, eso si no eres de los que ya han perdido algún familiar; pensamos en el futuro, en el cuando todo esto pase…

Y así, pensando en lo que llegará me gustaría asomarme a esos cambios que inevitablemente nos vendrán y los que podemos suscitar. Porque lo que ahora nos parece algo terrible y desolador puede convertirse en una oportunidad para cambiar nuestro futuro como humanidad. ¿Lo conseguiremos?

Es evidente que nos encontramos inmersos en tres crisis simultáneas: la sanitaria, la económica, y la ecológica. En estos momentos todos nuestros esfuerzos se centran en superar la más urgente, la sanitaria, pero somos conscientes de que entramos de cabeza en otra crisis económica tan devastadora que puede cambiarnos la forma de ver el mundo. Al mismo tiempo, la crisis ecológica, protagonizada por el cambio climático, se ha visto aliviada por el parón de la actividad humana confirmando así la causa que la provoca, pero está lejos de haber sido solucionada.

Resolver estas crisis no va a ser tarea fácil, sobre todo si tenemos en cuenta que hasta ahora las recetas para mitigar una recesión pasan por buscar un crecimiento económico, que aumenta las actividades que perjudican el medio ambiente y debilitan nuestros sistemas de salud pública, con privatizaciones y una dependencia excesiva de los mercados. No nos queda más remedio que buscar el equilibrio. Ahí radica la clave y la dificultad.

Hemos empezado por aprender a considerar la vida y nuestra salud por encima de muchas otras cosas que teníamos mitificadas. Nos ha hecho valorar cosas tan simples como el acceso a la comida, y sobretodo a esas profesiones que ahora se consideran esenciales: por supuesto médicos y enfermeros, pero también celadores, limpiadores, farmacéuticos, cuidadores, agricultores, ganaderos, transportistas, basureros… como no lo habíamos hecho nunca.

Para darles la consideración que se merecen estos oficios, se debe traducir en unos sueldos justos, (que no se nos olvide que poco antes de la aparición del coronavirus, en las calles nuestros agricultores protestaban por lo poco que cobraban por sus productos, mientras los intermediarios multiplicaban escandalosamente los precios finales; o las Kellys denunciaban su explotación laboral) y en la protección del estado, que debe atender a esa esencialidad también en tiempos sin crisis. Este amparo debe también cubrir los equipamientos necesarios para realizar sus trabajos con total seguridad. La globalización nos ha inducido a ver las importaciones y exportaciones como logros económicos imprescindibles, pero nos crean una dependencia de los mercados internacionales que puede dejarnos desabastecidos de productos de primera necesidad, como nos ha sucedido con las mascarillas. Debemos fomentar los mercados de proximidad y la producción propia de todos aquellos productos que se consideran esenciales para la vida, no para la economía. Al mismo tiempo estaremos creando puestos de trabajo locales.

Tenemos que ser conscientes de que para conseguir esto necesitaremos utilizar los impuestos como herramienta disuasoria. Recordemos que los impuestos se pueden subir solo a los sectores que se quieren penalizar porque están asociados a algún perjuicio social, pero también bajar a aquellas actividades económicas que se quieren fomentar por considerarse beneficiosas para la comunidad. De esta manera se puede proteger todo aquello relacionado con las personas, y es que, los derechos humanos no deberían estar sujetos a las leyes económicas, sino garantizados por los estados.

Otro efecto de esta cuarentena es que nos hemos visto obligados a vivir con menos, y de pronto observamos la cantidad de cosas innecesarias que compramos solo por seguir el ritmo social de consumo y las modas.

WWF cifra la huella ecológica [1] de España en 2,8 es decir, que necesitamos casi tres países como España para satisfacer nuestras necesidades consumo. Este déficit ecológico hace que consumamos los recursos del planeta más rápido de lo que la naturaleza puede reponerlos. La solución es adaptar   nuestro consumo a lo que nos corresponde según nuestro entorno, esto implica un cambio de mentalidad: sustituir la obsesión de querer ser rico por la idea de ser feliz con menos cosas materiales. A esto se le llama decrecimiento.

Muchos grandes millonarios y sus economistas no quieren ni oír hablar de esto porque es evidente que el impacto en la huella ecológica es proporcional al nivel de ingresos. Recurren siempre a los mismos argumentos que suelen ser solo parcialmente ciertos:

  • Cuando dicen que son libres para gastar su dinero en lo que quieran y en las cantidades que quieran que para eso lo tienen, se olvidan que tanto la acumulación de capital como de bienes tiene un gasto de recursos naturales, personales, económicos y sociales que, si sobrepasan el límite de nuestra huella ecológica, estarán provocando una escasez de esos recursos que sufrirán otras personas. La miseria que sufren los habitantes en los países empobrecidos del sur no les permite desarrollar sus derecho y libertades básicas. Por ejemplo, 820 millones de personas sufren desnutrición crónica mientras se desperdicia 1.000 millones de toneladas de alimentos cada año en el mundo, según la ONU [2]. Cuando la libertad de uno dificulta o impide la libertad de otros no se denomina libertad, se llama libertinaje.
  • También se oyen advertencias que más bien parecen amenazas. Como cuando asocian la disminución del consumo con la perdida de puestos de trabajo. Para empezar, el sector industrial, (el que se vería más afectado por una disminución del consumo) con una estimación de casi 760 millones de empleos en el mundo es el menor, superado por el primario con casi 885 millones y el sector servicios que con 1.650 millones lo duplica con creces según los datos de 2019 de la OIT [3]. Es decir, la disminución de puestos de trabajo industriales no sería un porcentaje tan alto dentro del cómputo total y podría compensarse con una reconversión en los otros sectores. Pero es que además, la verdadera amenaza para el empleo industrial es la creciente mecanización y la incorporación de robots, no la reducción del consumo.
  • Y sobre todo nos plantearán que disminuir el consumo provocará la ralentización de la economía como un problema para todos, cuando en realidad lo que supone es que disminuyen las posibilidades de unos pocos de enriquecerse rápidamente. El problema de la pobreza es otro, la mala distribución de la riqueza generada. Nos cuentan en los medios de comunicación las subidas del PIB como logros económicos colectivos, cuando en realidad aumenta el paro y la desigualdad. Este indicador no es válido para medir el desarrollo de una sociedad. Existen otros indicadores como el IDH (Indice de Desarrollo Humano, HDI en inglés) una medida comparativa de la esperanza de vida, la alfabetización, la educación y nivel de vida de los países de todo el mundo y el IDH-D ( IDH ajustado por la desigualdad), que son mucho más fiables. Estudiándolos nos damos cuenta que en los primeros tramos del aumento del PIB (cuando por ejemplo, un país empobrecido comienza a tener un repunte económico) si repercute en una mejora del desarrollo humano, sin embargo, a partir de una cantidad, con la subida del PIB no se producen mejoras importantes en el IDH, y sí de la huella ecológica [4].

Decrecer por sí solo es importante pero no será suficiente para solucionar el problema ecológico, pues el problema de la contaminación y los residuos no es solo del consumo, también es de la producción. El capitalismo ha conseguido extender un sistema de producción lineal, donde se extraen materias primas para transformarlas, elaborar un producto, consumirlo y cuando pierde su vida útil se tira y se reemplaza por otro nuevo. Además, para que este sistema nunca se detenga y acelerar el  proceso se implantó la obsolescencia programada. Pero este método tiene un gasto de recursos y energía muy elevado, y una producción de residuos si fin, acumulándose de manera insostenible. Es necesario cambiarlo por una economía circular donde los residuos se puedan reutilizar o reciclar. Para ello es necesario ponerse de acuerdo entre varios sectores y planificar todo el sistema de producción de principio a fin. Así, desde el comienzo se elaboran las piezas de cualquier artículo con material reciclado y estandarizadas para poder ser reutilizadas cuando el producto pierda su vida útil. De esta forma no solo se reducen los residuos, también los costes de producción y el precio final. Los clientes, también tendrían que cambiar su manera de consumir, ya que las industrias para asegurarse la vuelta de sus piezas tendrían que alquilar en lugar de vender, o añadir un costo que se reembolsaría en el momento de la devolución de las piezas. Algo parecido a lo que hace años realizábamos con las botellas retornables, que nos cobraban la bebida y el recipiente, una vez consumida la llevábamos al vendedor y este nos devolvía el dinero del envase.

La unión de decrecimiento y economía circular sería la forma de aplicar las 3 erres de la ecología: reducir, reutilizar y reciclar sin dañar en exceso las finanzas globales y de esta forma conseguir el deseado equilibrio entre ecología y economía.

Por último, en estos días de encierro también hemos podido observar como con los ciudadanos, al margen de las decisiones políticas, han tomado la iniciativa. Impresoras 3D fabricando viseras protectoras, empresas reconvertidas para elaborar mascarillas, vecinos ofreciéndose a cuidar niños cuando los padres no podían, voluntarios montando hospitales y un largo etc. Esta cooperación es esencial en la organización democrática, sin ella perdemos un motor imprescindible, es la participación ciudadana. Reclamada también en la vida política desde hace muchos años y por cada vez más asociaciones, ONG y ciudadanos en general, reconocida como derecho en la Constitución, pero sin posibilidad de ejercerse por falta de herramientas legales y constitucionales (no olvidemos que la constitución fue realizada con los militares golpistas aún en el gobierno, y contiene muchas contradicciones para contentarlos que todavía no se han resuelto) y de voluntad política. Necesitamos librarnos de la extrema dependencia de las decisiones partidistas, que se basan más en el enfrentamiento constante que en las necesidades reales, precisamente porque carecemos de esa participación ciudadana que actuaría como agente corrector.

Necesitamos tomar las decisiones importantes como pueblo, somos todos y entre todos los que debemos resolver cómo construir nuestra sociedad del futuro. Como se oye últimamente: juntos lo conseguiremos.

Viñeta

- Con estas medidas de decrecimiento buscamos aplanar la curva de concentración de la riqueza antes de llegar al punto de colapso del planeta. (Viñeta de Manuel S. de Frutos)

– Con estas medidas de decrecimiento buscamos aplanar la curva de concentración de la riqueza antes de llegar al punto de colapso del planeta. (Viñeta de Manuel S. de Frutos)

Ver más

[1]  La huella ecológica es un indicador de nuestro impacto ambiental que mide la desproporción entre los recursos naturales consumidos y los recursos disponible en nuestro entorno.

Wikipedia Índice de Desarrollo Humano

[2] Noticias ONU – ¿Podemos alimentar al mundo entero y garantizar que nadie pase hambre? 16-10-2019

[3] OIT- Perspectivas sociales y del empleo en el mundo. Datos  Tendencias 2020

[4] Área de cooperación internacional al desarrollo de la Universidad de Valladolid Mito 10: “A más crecimiento económico, mayor desarrollo humano”  

Área de cooperación internacional al desarrollo de la Universidad de Valladolid – 11 mitos sobre la crisis

WWF – Informe planeta vivo 2018 

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