Viñeta Eneko – @EnekoHumor

Artículo de Caracola – @carolacaracola5

 

Hace algún tiempo tuve la oportunidad de visitar, con mucha emoción, un habitáculo secreto bajo la sala de una casa situada en un pueblo portugués fronterizo con Galicia. Para acceder al habitáculo secreto, se abría una trampilla de madera que con perfecto disimulo formaba parte de las maderas del suelo de la sala. Luego, una alfombra y una mesa, hacían desaparecer cualquier sospecha de la existencia de aquella entrada.

Mi emoción y mi curiosidad por conocer este habitáculo surgieron durante una cena en la que los actuales dueños de la casa me contaron que aquel espacio secreto había servido para esconder a republicanos gallegos que, durante nuestra Guerra Civil, cruzaban la frontera escapando de la represión franquista.

No era un caso extraño, durante la Guerra Civil y los años posteriores muchas gallegas y gallegos buscaron y encontraron refugio en el cercano Portugal. Siempre fue un recurso. Incluso, más recientemente, en la noche del 23 de febrero de 1981, líderes de partidos políticos de izquierdas y sindicales cruzaron la frontera por lo que pudiese pasar.

Si hacia el sur estaba el recurso portugués, hacia el oeste el océano ofrecía, ya en la posguerra y siempre que hubiese barco en el que huir, la salida hacia países como México, Venezuela, EEUU o Argentina; barcos en los que se mezclaban emigrantes en busca de una vida mejor y exiliados que procuraban poner su vida a salvo.

Si abrimos el foco, en buena parte del resto de la Península, durante los años de la contienda y posteriores se buscó ponerse a salvo cruzando la frontera con Francia. Pero, en términos generales, fue como escapar de un infierno para meterse en otro.

En principio, las grandes oleadas de españoles que buscaban refugio en Francia fueron encerrados en grandes campos de internamiento para refugiados y prácticamente abandonados a su suerte. El gobierno francés ni les proporcionó alimentación, ni abrigo, ni servicios básicos y los campos de refugiados carecían de las mínimas condiciones de salubridad. Esta situación llevó a un alto grado de mortalidad por enfermedades y desnutrición.

Pero lo peor estaba por llegar: el estallido de la Segunda Guerra Mundial (1939 – 1945) y la ocupación nazi de buena parte de Francia. Ante este nuevo escenario, el gobierno francés les ofreció a los refugiados españoles, la posibilidad de unirse a la resistencia francesa contra el nazismo o ser deportados a España. Lógicamente, muchos de los ya experimentados milicianos entraron a formar parte de la resistencia francesa y de ahí surge, por ejemplo “La Nueve” o “División Leclerc” formada por españoles y que se hizo célebre por su papel protagonista en la liberación de París al ser el primer convoy que penetró hasta el centro de la ciudad.

Pero otra gran parte de los españoles refugiados en Francia cayeron en manos del ejército de ocupación nazi y pasaron a ser sus prisioneros. Hitler ofreció a los países “amigos” la posibilidad de repatriar a sus nacionales, por lo que se le preguntó al gobierno de Franco que qué querían que se hiciese con los miles de españoles que estaban bajo el poder nazi. La respuesta o la falta de respuesta del régimen se le atribuye a Serrano Suñer, cuñado de Franco, reconocido germanófilo, impulsor de la División Azul y ministro del gobierno franquista que, supuestamente, respondió que hicieran lo que quisieran y que los prisioneros no eran considerados españoles. De esta manera, quienes pudieron ser repatriados a España ─lo que tampoco hubiese garantizado su vida─, fueron destinados a los campos de exterminio nazi.

También como consecuencia de esa supuesta respuesta de Serrano Suñer ─o de la falta de respuesta del gobierno de Franco, según las fuentes─, los republicanos españoles que llegaron a los campos de exterminio nazi fueron clasificados como “apátridas”, lo que les hacía portar en su “pijama de rayas”, junto al número que los identificaba, un triángulo invertido de color azul que, contradictoriamente, contenía una S de Spanien.

La mayoría de los más de 9.000 españoles que acabaron en los campos de concentración o exterminio nazis tuvieron Mauthausen como destino y el campo próximo de Gusen, en Austria. De ellos murieron en estos campos, más de 5.000.

Las mujeres deportadas españolas fueron en su mayoría destinadas al campo de Ravensbrück en Alemania. Allí llegaron cerca de 200 mujeres españolas.

Alrededor de 1945, llegó el final de los campos de concentración nazis. Ese final llegó o por el avance de las tropas aliadas que procedían a la liberación ─ ese año, por ejemplo, los soviéticos liberaron Auschwitz, y los americanos, Mauthausen─ o porque los propios nazis, al ver el avance del enemigo decidían desalojar los campos del horror y tratar de eliminar las pruebas de su macabra existencia.

Como es lógico, la mayoría de los supervivientes regresaron a sus países, a sus casas con sus familias. Y a este punto quería llegar. Todo lo anterior que he contado hasta ahora ha sido una introducción para llegar a este punto: la llegada a España y la vida de estos los españoles y españolas supervivientes de los campos de concentración nazis.

Creo que una de las mayores vergüenzas que soportará la historia este país ─que aun, más de 80 años después de terminada la Guerra Civil, no ha sido capaz de abrir fosas y cerrar heridas─, es la falta de reconocimiento y justicia con las españolas y los españoles que el franquismo abandonó a su suerte, pero la democracia durante 40 años tampoco les ha dado ni voz, ni reconocimiento, ni les ha hecho justicia… La democracia volvió a abandonarlos en el silencio y la indiferencia. Una fría injusticia que pesará sobre la historia de este país.

Han estado ahí, entre nosotros, en sus pueblos y ciudades y se han ido muriendo mientras veían como Francia, por ejemplo, reconocía a sus víctimas y homenajeaba a los españoles que lucharon en la resistencia. Francia ha premiado con altos galardones a españoles y españolas, ha levantado monumentos y hasta ha puesto calles a los miembros españoles de la resistencia francesa… ¿Y en su país?… Silencio e indiferencia. Se han ido muriendo.

Ahora, este año, el Gobierno español ha instituido el 5 de mayo como Día de los Españoles Muertos en Mauthausen y en otros campos de exterminio nazis. Bienvenido sea este día de reconocimiento y memoria pero, es tarde, muy tarde.

Supongo que ahora se entiende mejor la emoción, las emociones que sentí ante aquella trampilla que abría un habitáculo secreto en el que una familia portuguesa protegía a republicanos gallegos que escapaban del horror franquista. Yo les agradezco esa protección. Se la agradezco hoy y se la agradeceré siempre.

 

Ver más

Público.es: Los españoles que huyeron de la guerra y acabaron en otra pesadilla  12-09-2015

Wikipedia: Campos de internamiento en Francia

ElDiario.es: “Si los españoles terminaron en Mauthausen fue gracias al cuñadísimo Serrano Súñer” 20-12-2016

ElDiario.es: Los deportados españoles en Mauthausen y los datos que deberían estar en los libros de historia 26/01/2015

 

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