Tiempo de lectura: 5 minutos
- ¡El lobo Abascal! - ¿Declarar los bienes? ¿Para qué? Tengo total impunidad... Desde que los medios me blanquean, ya no necesito la piel de cordero. (Viñeta de Pat)

– ¡El lobo Abascal! – ¿Declarar los bienes? ¿Para qué? Tengo total impunidad… Desde que los medios me blanquean, ya no necesito la piel de cordero. (Viñeta de Pat)

 

Viñeta de Pat – @loscalvitos

Artículo Pat Art. – @loscalvitos

 

En estos tiempos, los titulares se los lleva el supuesto “escándalo” de los políticos que han incrementado su patrimonio de manera legal, y no los que se niegan a declarar su (ingente) patrimonio.

Arturo Umberto Illia, presidente de Argentina (1963-1966) que destinó el 23% del PIB a Educación, bajó el paro, disminuyó la deuda externa, creó el Plan Nacional de Alfabetización, y sancionó la Ley del Medicamento y la del Salario Mínimo Vital.

Si eres de izquierdas no puedes ser propietario de ningún bien, todo lo tienes que compartir. No puedes darte ningún gusto, mucho menos en comida. Tienes que vivir debajo de un puente, y tu casa, que es de todos, tiene que albergar a todos aquellos que tú defiendes, como los inmigrantes, por ejemplo.

La izquierda no se defiende, o lo hace muy torpemente, de esta perversión de la realidad. “Wyoming es un hipócrita, porque dice ser de izquierdas y es rico”. Pues mira, si alguien que gana, decentemente, mucho dinero sigue siendo de izquierdas, merece toda mi admiración. Es mucho más fácil, en ese caso, dejarse llevar e inclinarse a la derecha, porque sus intereses se verán beneficiados –en detrimento de los de quienes no han tenido su misma suerte, claro-.

En estos tiempos, los titulares se los lleva el supuesto “escándalo” de los políticos que han incrementado su patrimonio de manera legal, y no los que se niegan a declarar su (ingente) patrimonio, aunque inviten así a todo tipo de muy fundadas sospechas. No es nada nuevo, porque la derecha de este país considera, desde siempre, que alguien de izquierdas no tiene derecho ni siquiera a comer jamón o mariscos. Ellos sí pueden jactarse de sus vidas lujosas, sin importar si han llegado a ella gracias a prebendas como la legalización de, esta vez sí, un casoplón, cuyas licencias brillaban por su ausencia, o gracias a vender lofts construidos en suelo industrial. Tampoco importa si ganaron su dinero firmando como arquitectos cuando no lo eran.

Todo esto, me ha recordado a un presidente argentino que, lamentablemente, estuvo solo 3 años en el cargo. Es lo que tiene enfrentarse a los intereses de los poderosos, que sueles durar poco. Fue entre 1963 y 1966, y su nombre es Arturo Umberto Illia, un médico de un pueblo llamado Cruz del Eje. Fue derrocado mediante un golpe de Estado… al segundo intento. “Venimos a exigirle que abandone su despacho”, le dijeron los militares que invadieron la Casa Rosada de Buenos Aires. “¿Quién lo ordena?”, respondió Illia, sin levantar la vista de sus papeles. “Las Fuerzas Armadas”, respondieron los golpistas. “El comandante en jefe de las Fuerzas Armadas soy yo”, dijo el presidente, que seguía sin levantar la vista. Los golpistas, en un alarde más de inteligencia militar, abandonaron el despacho en busca de nuevas instrucciones.

Ya después, con la lección aprendida, derrocaron a, quizá, el mejor presidente de la historia de Argentina. Un presidente que destinó el 23% del PIB a Educación (sí, no habéis leído mal, el 23%), que bajó el paro, que disminuyó la deuda externa, que creó el Plan Nacional de Alfabetización, que sancionó la Ley del Medicamento y la del Salario Mínimo Vital. Pero claro, también anuló los contratos petroleros que permitían expoliar el suelo argentino a empresas extranjeras, y… con la Iglesia hemos topado. Esto último le valió el golpe, apoyado por los medios de comunicación del momento, porque los “mercados” siempre ganan.

Conservo entre mis tesoros una revista Humor de 1983, en la que el escritor Santiago Kovadloff, publicaba la necrológica de Arturo Umberto Illia, recién fallecido.

“No fue un Churchill. Ni un De Gaulle. Ni un Adenauer. No fue un Irigoyen ni un Perón. No despertó el fervor de las masas ni en su palabra palpitó la genialidad de un iluminado. Con él no perdimos una personalidad deslumbrante. Ni un orador que nos cautivara. Ni una inteligencia sin par. Perdimos a un hombre bueno. Solo quienes ignoran el sentido medular de esta palabra pueden subestimar lo que ella implica cuando es atributo de un estadista”. Así empezaba el texto.

¿Pero por qué me he acordado de Illia? Por su declaración de bienes cuando dejó (obligado) la presidencia, declarada ante el Notario Mayor de la Casa de Gobierno: su casa y su consultorio, tres trajes grises, un traje negro, dos americanas, tres chaquetas, cuatro jerséis, ocho camisas de vestir, cuatro camisas de manga corta, diez pares de calcetines, tres pares de zapatos negros, un par de zapatillas de casa, un albornoz, ocho juegos de ropa interior, diez corbatas, tres pijamas, un par de gafas de sol y una cartera.

Tuvo que coger un taxi para irse de la casa de Gobierno, después del golpe de Estado, porque no tenía coche. Lo había tenido que vender, estando en ejercicio de la presidencia, para pagar un costoso tratamiento para su mujer, para el que se había negado a utilizar fondos públicos.

Mi padre no era precisamente simpatizante del partido de Illia, pero siempre me lo ponía como ejemplo de persona ética. Sí. Perdimos a un hombre bueno.

 

Revista Humor
El Presidente de todos los días. Por Santiago Kovadoff.

 

Ver más

publico.es Castells es el ministro con la casa más cara y Laya con más dinero en la cuenta 26-03-2021

elplural.com El patrimonio de los ministros: Iglesias y Montero superan el millón y tienen más que Sánchez 26-03-2021

infolibre.es Abascal es el único líder que oculta al Congreso dónde obtuvo sus ingresos antes de ser diputado y si cobró de alguna fundación 04-03-2021

eldiario.es La fortuna personal de Juan Carlos I: un patrimonio opaco y de origen incierto en el centro de la polémica 5-08-2020

Wikipedia Arturo Umberto Illia

Arturo Umberto Illia

Arturo Umberto Illia

Arturo Umberto Illia (Pergamino, Buenos Aires; 4 de agosto de 1900-Córdoba; 18 de enero de 1983) fue un médico y político argentino, presidente de la Nación Argentina entre el 12 de octubre de 1963 y el 28 de junio de 1966, cuando fue derrocado por un golpe de Estado cívico-militar. 

En una encuesta realizada en 2013 para establecer las cien «personas más honestas» del mundo según los argentinos, Illia ocupó el tercer lugar, detrás del papa Francisco y uno de los padres de la patria, Manuel Belgrano, superando a Teresa de Calcuta, Mandela y Gandhi.